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El Sutra 34 proporciona un notabilísimo ejemplo del género de investigación que el Yoga tiene en vista. Este Sutra llama la atención sobre el fenómeno natural o existencial de respirar. Respirar y vivir están tan entrelazados que, hablando en sentido lato, son correlativos, se implican y se necesitan mutuamente. Si uno está apasionadamente interesado en vivir, puede llegar una época en la que respirar, un correlativo de vivir, excite igualmente nuestro apasionado interés en ello. Esto no podría ser tan sólo un ocioso o impertinente vritti de curiosidad. Exigiría total atención y abarcaría a la totalidad de nuestra mente, tanto como el interés apasionado por vivir abarca la totalidad de nuestro ser. En el momento en que ocurre esto, empezamos a observar con atención total y alerta nuestra respiración constante. Esto es lo que se quiere decir con la palabra dhyana o meditación. No es pensar, especular o imaginar. Es “visión pura”, observación objetiva en la que no tiene cabida nada subjetivo. Lo primero que descubrimos en un estado de semejante meditación es que expresiones como “yo respiro” o “mi respiración” son cabalmente carentes de fundamento. La respiración sigue, ya sea que formulemos o no declaración alguna acerca de ella. Nada tiene que ver con la irreprimible tendencia del hombre a parlotear acerca de las cosas. Nos hallamos, pues, en un estado en el que reina supremo un silencio cabal. Hay ver, observar, percibir. Ver, percibir, equivale a un hecho dado como respirar. Ver, percibir, nos hace conscientes del hecho existencial de respirar. Eso es todo lo que hay al respecto. No se trata de mi consciencia o de la consciencia de otro. Hay “ver” por un lado, y “respirar” por el otro. Los dos no son uno solo. Son dos cosas distintas, natural y existencial. Y lo que las vincula mutuamente es el surgimiento de un interés apasionado por respirar como integrado con el vivir. Este interés apasionado pertenece a la mente (citta) en su totalidad. La mente está ahora tan plenamente envuelta en este interés apasionado que en ella no hay cabida para ningún vritti fragmentario. La totalidad de la mente, en un estado de firme quietud, es la que hace nacer la disciplina del Yoga. Y este estado firme de quietud es el que refleja a “quien ve” (o la “visión pura”) por un lado, y lo “visto” (en este caso el “respirar” como un fenómeno natural), por el otro. Las dos realidades existenciales son puestas juntas en una relación inmensamente significativa. La percepción y la objetividad se relacionan mutuamente en una pureza y una belleza prístinas.

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EL CAMINO HACIA VRITTI-NIRODHA Sutras 12 a 16
12.   Abhyásavairágyábhyám tannirodhah
El retardarse y la eventual detención de los vrittis es posible a través de abhyasa y vairagya.
13.   Tatra sthitau yatno-bhyásah
Al enérgico interés por intentar permanecer en el estado de detención (nirodha) se llama abhyasa.
14.   Sa tu dírghakála-nairantarya-satkárásevito dridhabhúmih La persistencia en este abhyasa, sin atender al paso del tiempo, sin interrupción, y con actitud de reverencia, da por resultado un firme fundamento para el Yoga.
15.   Drishtánushravishaya-vitrishnasya    vasíkára    sañjñávairá-gyam
La pérdida de deseo de todo lo que se experimentó en el pasado y de todo lo que se oyó en el pasado da por resultado vairagya que también se denomina vasikara.

16.  Tatparam purushakhyáterguna-vaitrishnyam
A la pérdida del deseo de los gunas [las tres energías del mundo fenoménico] que dan por resultado que el hombre se vea como es [distinto de la operación de los gunas] se la llama para-vairagya [el desenredo último o supremo de todas las esclavitudes].

La simetría y el equilibrio

Si se practica correctamente, el yoga es un factor de equilibrio y alineación corporal. El esqueleto está sostenido por el sistema muscular, y un desarrollo desigual de los músculos puede, lo mismo que las tensiones acumuladas, alterar la alineación del cuerpo. En nuestras actividades diarias, entre ellas el movernos, el sentarnos y el acostarnos, hemos llegado a establecer pautas y hábitos. Nos inclinamos, nos sentamos, nos ponemos en pie y dormimos de ciertas maneras, y eso crea desequilibrios en nuestra estructura corporal. Con los años, esto puede ser causa de posturas deficientes, rigidez, dolor, tensión y un desgaste desigual en las articulaciones y los discos intervertebrales. Durante la práctica de las posturas yóguicas se ponen de manifiesto las articulaciones y los grupos musculares que están tensos y rígidos. Las posturas y las contraposturas que las complementan son simétricas y realinean el cuerpo. La nueva alineación resultante de la práctica del yoga terminará por hacerse natural, de manera que el practicante tendrá mejor porte y se moverá mejor en la vida cotidiana. Cuando practique el yoga en pareja, procure superar cualquier desequilibrio o asimetría que descubra en su cuerpo, y acentúe más el trabajo en las zonas débiles o rígidas. Aunque nos han condicionado para pensar que tenemos un predominio del lado derecho o izquierdo del cuerpo, ambos lados se pueden desarrollar de forma similar. No sea unilateral; y éste es un buen consejo tanto para el yoga como para la vida. Cultive la simetría y el equilibrio, la gracia y la belleza.