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Yoga y accion

Pero junto con la “visión pura” también apareció algo más en escena. Esto es la libertad de acción. Esto no pertenece a la naturaleza, y no es, ni podría ser, un producto de su movimiento temporal. Esto es así porque lo que la naturaleza produce es siempre común a todos los perceptores. Esta es la señal distintiva más decisiva de la objetividad. Por tanto, apareció en el hombre algo nuevo y distinto de la objetividad. Esta cosa nueva y distinta es la “libertad”. Esta es la que distingue al hombre del resto de la creación. Pero aunque la libertad esté presente en todo hombre, los individuos tienden a ejercitarla bajo la influencia del pasado o de la temporalidad. El hombre tiende a identificarse (el “que ve” que existe en él) con el movimiento ideacional subjetivo de su mente, o sea, con los vrittis. Y cuando se enreda de esta manera en vrltti-sarupya, permanece inconsciente de la “visión pura” totalmente Ubre, que de hecho constituye su identidad existencial. El empeño total del Yoga es sacar la virilidad del hombre de este enredo y establecerle en su identidad existencial (savrupa).

Iyengar yoga

Debe notarse aquí que estas tres energías de la naturaleza son integrales. No pueden ser separadas una de la otra. Pero pueden distinguirse cada una de las otras dos. Cuando domina el aspecto de la inercia (sthiti) y los otros dos aspectos están relativamente dormidos, a tal objeto lo llamamos cuerpo físico (bhu-ta). Cuando domina el aspecto de la acción espontánea (kriya), o sea, la acción innata autogeneradora, y los otros dos están dormidos, a ese objeto lo llamamos ser animado, organismo vivo dotado de sensibilidad (indriyatmaka). Y cuando dominan los aspectos de la autoiluminación (prakasa) y los otros dos están dormidos, a esa entidad la llamamos ser consciente de sí. El hombre es tal vez el ser más pronunciadamente consciente de sí en el mundo animado. Así, la unión de las tres energías (gunas) de la naturaleza persisten en todos los objetos como un innato equilibrio ecológico de sus interacciones mutuas. Este equilibrio varía en favor de una u otra de las tres energías. Pero siempre permanece integral. Todo el mundo objetivo, junto con su pasmosa variedad de cuerpos animados e inanimados, se mantiene junto, pues, en un equilibrio ecológico, por la fuerza del equilibrio innato y siempre cambiante de las tres energías de la naturaleza.

Hacer yoga

El tercer impedimento es sansaya —una duda, una incapacidad temporaria para distinguir entre la inercia nueva y la vieja. Mientras nos hallamos en este estado de duda, o sea, dubitativos, tendemos a sentirnos confundidos, o sea, confundidos acerca de la rectitud del camino del Yoga por el que optamos. Este confundirse (pramada) es el cuarto impedimento. Pero esto no puede durar mucho porque en el momento en que se toma consciencia de la rectitud absoluta de la no-elección, la propensión a confundirse desaparece de la vista. Así, estamos de nuevo en el sendero del Yoga. Pero esta vuelta al sendero del Yoga genera otro impedimento.  Es la sensación de seguridad de que de aquí en adelante no cometeremos más errores. Este sentimiento de seguridad es un vritti que hace que nos desviemos del sendero induciéndonos a que nos volvamos perezosos (alasya). Este es un género de pesadez de la mente y del cuerpo. Esto conduce a otro impedimento, a saber, avirati o codicia por los objetos de los sentidos. Pero viendo el horror de esta codicia, como un retroceso hacia el pasado, se sale de ella sólo para caer en otra trampa. Ahora no son objetos de los sentidos físicos, sino objetos de la percepción extrasensoria. Alasya (pereza) se parece a un sueño psíquico en el que se tiende a soñar. Así se ven visiones de dioses o gurús, o de algo tan extraño que se tiende a atribuir el fenómeno a una “visitación divina”. Por lo general, se da gran importancia a tales visiones extrañas, como si indicasen algún nivel superior del ser o de la experimentación. En realidad, estas visiones (bhran-ti-darsana) pertenecen a la sustancia de la que están hechos los sueños corrientes. Los sueños son de dos géneros: los que son inducidos fisiológicamente y los que son inducidos psicológicamente. En uno u otro caso son una variedad de vritti denominados anteriormente viparyaya (1-6). Por tanto, el Yoga rechaza estas denominadas “visitaciones divinas” como totalmente ilusorias.

Kundalini

Dios, la Gran Incógnita, deberá permanecer eternamente indefinible, porque lo que es intemporal no puede ser definido. Todas las definiciones son construcciones temporales y mentales, que deberán cesar para que exista lo intemporal. Lo que se expresa en el Sutra 24 no es, por tanto, una definición de Dios. Sólo llama la atención del hombre sobre la necesidad de negar los cuatro factores que, juntos, constituyen su consciencia condicionada. No podemos permanecer atrapados en tensiones, actividades nacidas de la tensión, frutos nacidos de la actividad y acumulaciones nacidas del fruto que juntos dominan nuestra psiquis, y todavía esperar establecer alguna relación significativa con Dios. Sólo la negación de estos cuatro factores básicos permitirá al hombre estar consciente de su identidad existencial. Es este género especialísimo de consciencia de sí el que pondrá al hombre frente a frente con lo que se denomina Dios. Entonces, esto se parecería a un hombre que mira en un espejo misterioso que no refleja su rostro sino el de ese “algo misterioso” que él llama con el nombre de “Dios”.