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Yoga y accion

Pero junto con la “visión pura” también apareció algo más en escena. Esto es la libertad de acción. Esto no pertenece a la naturaleza, y no es, ni podría ser, un producto de su movimiento temporal. Esto es así porque lo que la naturaleza produce es siempre común a todos los perceptores. Esta es la señal distintiva más decisiva de la objetividad. Por tanto, apareció en el hombre algo nuevo y distinto de la objetividad. Esta cosa nueva y distinta es la “libertad”. Esta es la que distingue al hombre del resto de la creación. Pero aunque la libertad esté presente en todo hombre, los individuos tienden a ejercitarla bajo la influencia del pasado o de la temporalidad. El hombre tiende a identificarse (el “que ve” que existe en él) con el movimiento ideacional subjetivo de su mente, o sea, con los vrittis. Y cuando se enreda de esta manera en vrltti-sarupya, permanece inconsciente de la “visión pura” totalmente Ubre, que de hecho constituye su identidad existencial. El empeño total del Yoga es sacar la virilidad del hombre de este enredo y establecerle en su identidad existencial (savrupa).

Yoga pose

Soucha significa purificación de nuestro organismo psicosomático. El método del Yoga exige purificación del mismo modo que la extracción de oro puro exige purificación de los terrones de suciedad que llevan el oro. El cuerpo y la sustancia mental son los productos del pasado evolutivo, social e histórico. El oro de la percepción pura que se mezcla con ellos a través del contacto nacido de avidya. ha de separarse del acumulado refugio del pasado. El proceso de esta separación se pone en marcha no en el nivel físico sino en el psicológico y perceptivo. Es un proceso de Kriya Yoga, pratiprasava y viveka-khyati, expuesto en la Parte II. En realidad, es un proceso de distinguir entre “quien ve” y lo “visto” a través de la inteligencia discernitiva. Una vez que esta distinción forma parte de nuestro ser y nuestro diario vivir, la disciplina del Yoga adquiere entonces un movimiento autocorrectivo y autopropagador, en armonía con la acción invisible de la existencia en su totalidad.

Kundalini

Dios, la Gran Incógnita, deberá permanecer eternamente indefinible, porque lo que es intemporal no puede ser definido. Todas las definiciones son construcciones temporales y mentales, que deberán cesar para que exista lo intemporal. Lo que se expresa en el Sutra 24 no es, por tanto, una definición de Dios. Sólo llama la atención del hombre sobre la necesidad de negar los cuatro factores que, juntos, constituyen su consciencia condicionada. No podemos permanecer atrapados en tensiones, actividades nacidas de la tensión, frutos nacidos de la actividad y acumulaciones nacidas del fruto que juntos dominan nuestra psiquis, y todavía esperar establecer alguna relación significativa con Dios. Sólo la negación de estos cuatro factores básicos permitirá al hombre estar consciente de su identidad existencial. Es este género especialísimo de consciencia de sí el que pondrá al hombre frente a frente con lo que se denomina Dios. Entonces, esto se parecería a un hombre que mira en un espejo misterioso que no refleja su rostro sino el de ese “algo misterioso” que él llama con el nombre de “Dios”.

Ashtanga yoga

Hay una cantidad de palabras que ejercen tan enorme influencia sobre las mentes de los hombres que apenas se les puede hacer ver el hecho de que el conocimiento generado por la palabra está vacío de toda sustancia o realidad. Como ahora veremos, todos los vrittis generados por la palabra han de echarse a un lado, por completo, si hemos de poder ver la verdad o la realidad de algo.

Enzeñanza Yoga

Pero no es fácil obtener una atención sostenida. Y sin ella no se puede seguir la enseñanza del Yoga. En consecuencia, se exige algo más. Este “algo” lo sugiere la primera palabra misma: Atha. Atha significa el comienzo. La tradición añade otro significado a este vocablo. Dicen que la palabra atha se emplea al comienzo de todo trabajo para invocar los buenos auspicios. Pero no les estamos hablando a los tradicionalistas. Le hablamos al “hombre” como ser humano, sin considerar sus antecedentes. Esto es exactamente lo que hacen los Yoga Sutras.
Traducido literalmente, atha significa: “y ahora”, o “aquí ahora”. “Ahora” o “y ahora” o “aquí ahora”, presupone algo que fue antes de este momento “ahora”. Lo que fue antes, hasta este momento “ahora”, debe terminar para aprender lo “nuevo” que ahora se enfrenta. Esto “nuevo” es el Yoga. Exige una ruptura total con el pasado, que sería evidente al seguir los Sutras. Es como si ya se hubieran atravesado las diversas disciplinas —sociales, científicas, morales, filosóficas, religiosas— y, al final de todo eso, nos encontramos en un estado de desilusión total. Así, uno llega a estar en un estado de nesciencia. Esto es lo que implica la palabra atha. Sólo cuando nos hallamos en tal estado de nesciencia, en el que el pasado se volvió sin sentido y el futuro plantea un signo de interrogación eterno, posiblemente podamos mantener un estado alerta de atención, necesario para aprender lo nuevo, o sea, el Yoga. Y éste es el segundo requisito de la disciplina del Yoga, indicado por la palabra atha.

Amar y abandonar el cuerpo

Nuestros cuerpos son el requisito más básico para actuar en este mundo. El yoga insiste en la necesidad de cuidar y mantener el cuerpo. ¿Qué haría usted si alguien le regalase un coche y le dijera que es el único que tendrá en toda su vida? ¿Cómo lo mantendría? ¿Le pondría acaso combustible y aceite de mala calidad, o lo trataría con un cuidado enorme, sabiendo que debe durarle toda la vida? No tenemos más que un cuerpo para toda la vida, y si abusamos de él y lo destruimos se nos convertirá en una carga. Claro que, finalmente, el cuerpo se desgastará por más que lo cuidemos, y por eso el hatha yoga nos enseña que el apego al cuerpo y la vanidad ocasionan dolor y sufrimiento. El yoga nos enfrenta a esta paradoja: ame a su cuerpo y cuídelo, pero no se apegue a él tanto como para olvidar que es efímero.

El umbral

Manténgase siempre en el umbral de su capacidad. Cada cuerpo posee su propio umbral, que cambia de un día para otro. Incluso un estudiante adelantado acumula tensiones y desequilibrios, porque la vida moderna está regida por el estrés psicológico y la inactividad física; todos permanecemos sentados, en pie o conduciendo durante largos períodos. Cada día deberíamos descubrir nuestros propios umbrales, que se definen por los límites de la flexibilidad y de la fuerza, y cuya señalización la marca el dolor o la inmovilidad. Cuando se aproxime usted a su límite, el cuerpo comenzará a advertírselo con un ligero dolor. No insista, manténgase en el umbral del dolor, o bien adéntrese suavemente en él con la respiración. El yoga es una ciencia viviente, un aprendizaje continuo. Tenemos una marcada tendencia a buscar la comodidad de llegar a un lugar donde podamos abandonar una vez más la vigilia. Con el yoga se aprende a permanecer en el umbral y a penetrar lo desconocido.

Trabajar frente a forzar

Para mantener una musculatura sana y con el tono correcto se necesita una actividad regular. Hasta los huesos se fortalecen con el uso. Si hace usted trabajar a sus músculos más allá del nivel habitual de actividad, eso es para ellos señal de que han de incrementar su fuerza. No confunda el principio yóguico de no forzar con no trabajar. Forzar es imponer una tensión que va más allá de su límite justo. Forzar las posturas puede ser causa de lesiones. Trabajarlas con inteligencia fortalecerá y tonificará su cuerpo.