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Yoga relajacion

La relajación
Cuando estamos relajados, el sistema nervioso compensa los efectos de la tensión mediante un mecanismo que vuelve la respiración y el ritmo cardiaco más lentos. Por su parte, las ondas cerebrales pasan del estado normal de vigilia (ondas beta), a un nivel más profundo conocido como estado alfa. El yoga es una de las vías para alcanzar ese estado de relajación que permite recuperar la vitalidad física y mental. Para ello, la clásica postura de relajación es Savasana. En esta posición supina, la respiración se hace más profunda y el ritmo cardiaco más lento, de manera que aumenta la circulación del oxígeno por todo el cuerpo y se liberan las tensiones acumuladas de los músculos y de las articulaciones.

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QUE ES LA RELAJACIÓN
Todos sabemos, en mayor o menor medida, qué significa relajarse física y mentalmente. Pero la ciencia del yoga incluye también la relajación espiritual, un concepto más desconocido por la mayoría de la gente. Veamos de qué se trata:
• Bloqueos. Al identificarnos sólo con nuestro cuerpo y mente, no podemos confiar en nadie salvo en nosotros mismos. Por ese motivo, siempre existe preocupación por el futuro y tensión.
• Una relajación más profunda. Sólo tiene lugar cuando interiormente aprendemos a conectarnos con una fuente superior. Al hacerlo nos damos cuenta de que toda felicidad procede de nuestro interior.
Aportes  del yoga.
Brinda técnicas para efectuar esta cone-xión interior, permitiéndonos además romper las barreras que nos separan de los demás.
• Meditación. A través de ella se experimenta una sensación de “unidad” que elimina el origen de emociones muy perjudiciales como el odio, el miedo, la rabia y los celos.

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Cuando ocurre esto, vemos que la mente (citta) no es autoluminosa porque ahora se convirtió en lo “visto”, reflejando el mundo objetivo en su pureza (Sutra 19). Vemos también que la mente puede reflejar a “quien ve” o a lo “visto”, pero no puede averiguar o determinar (avadharana) a ambos a un mismo tiempo (Sutra 20). No es la mente que “ve” sino “quien ve” el que ve a la mente, y, a través de ello, el mundo objetivo. Ve lo absurdo de suponer que una mente se convierte en un observador del contenido de otra mente, y esta otra de otra mente todavía, ad infinitum. Por ejemplo, experimentamos dolor o aflicción. ¿Quién ve este dolor o aflicción? ¿La mente? Si es así, ¿quién quiere librarse de este dolor? ¿Otra mente? Si es así, ¿quién procura hallar una salida? ¿Otra mente, pues? Y sin embargo, ¿otra, y otra más, y así sucesivamente? Ver lo absurdo de esto es ver la naturaleza existencial de la mente como un vínculo neutral entre “quien ve” y lo “visto”. La mente cesa de ser el género correcto de vínculo cuando el hombre, permaneciendo inconsciente de su virilidad existencial, se identifica con los movimientos ideacionales de su mente que son invariablemente impulsados por las impresiones pasadas. Mientras persista esta situación, el hombre permanece ignorante, como un tronco de madera muerta en un rabioso torrente. Pero cuando esta situación llega a su fin, el hombre ve todos los movimientos de su mente como ve los árboles, o los pájaros, o las nubes. Las experiencias de estos objetos vienen y se van como lo hacen las nubes, dejando al cielo despejado e inafectado. La virilidad del hombre se parece a este cielo, dentro de cuya extensión ilimitada, permanece totalmente inafectado por aquéllas, aunque cada una dé una emoción del júbilo de la vida y luego desaparezca sin dejar señal alguna de gustos o disgustos en la sustancia mental. Esto es así porque purusa es existencialmente incambiable (a-parinami, Sutra 18).

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De aquí en adelante enfrentamos un mundo diferente, un mundo de realidad de dimensión completamente distinta del mundo en el que los hombres nacen y se educan. Desde su mismo nacimiento, al hombre le cuentan acerca del mundo en el que se halla. En sus oídos y en su mente resuena una descripción verbal del mundo, que deberá aceptar su pena de que le acosen para que sea un dócil conformista social. Quien resiste esta presión y rehusa conformarse es considerado como un anormal, un fenómeno, o una persona mentalmente enajenada, un caso de psicosis —un no-hombre, o un no-miembro de la sociedad humana.

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Pratiprasava nos aporta la consciencia de dos hechos centrales de nuestro ser y nuestro vivir: “i) o nos identificamos con los vrittis (vritti-sarupya) y nos enredamos en un mundo de tensiones de las que no hay escape a través de actividad egocéntrica alguna, o ii) vemos este hecho y rehusamos movernos con este movimiento autoprocreativo y perpetuador de la importancia personal, un movimiento de prasava”. Si optamos por el “no movimiento” como resultado de ver que “todo es aflicción”, entonces nace un movimiento completamente nuevo, un movimiento de pratiprasava, o contracreatividad. Y hemos visto cómo este último movimiento de percepción revela la naturaleza y la estructura de nuestra psiquis condicionada, con todas sus ramificaciones formidables.

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En consecuencia, el sentido del “yo soy” es un producto de la inconsciencia de lo que es (avidya). Habita en el ser del hombre en forma de sueño profundo (prasupta), o de inconsciencia que se enmascara como consciencia. Esta es la naturaleza de la cons-ciencia egocéntrica. El centro, el “yo”, se convierte en el factor más importante de la vida del hombre, y pasa por encima de todos los otros aspectos de la vida. Es este centro ideacional el que lleva al hombre, con los ojos vendados, a elegir lo que le gusta, y a descartar lo que le disgusta. Tiende a gustar de lo que el recuerdo de experiencias pasadas le dice que es placentero. Y tiende
a disgustarle lo que el recuerdo de experiencias pasadas le dice que es doloroso. La primera es una tensión llamada raga, y la última es una tensión llamada dvesa.

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LA NATURALEZA DE LAS TENSIONES

Sutras 3 a 9
3. Avidyásmitárágadvesábhinivesah pañca Klesáh
Las tensiones son cinco, a saber, inconsciencia, el sentido del yo soy, el apego al goce, el odio al dolor, y un empecinado aferrarse a la perpetuación de sí.
4. Avidyá kshetramuttareshám prasupta-tanuviccinnodáránám Avidya [la inconsciencia] es el campo en el que las cuatro
tensiones [Klesa] triunfantes echan raíz y aparecen en cuatro formas: a saber, la mente oculta o inconsciente; la mente que se interesa por trivialidades; la mente que se divide en interés fragmentario por varias cosas, y la mente que se esparce por todo el campo de la vida individual a través de ocupaciones fragmentarias.
5. Anityásuchidukhánátmasu nituasuchisukhátmakhyátiravidyá
Avidya es el conocimiento [o la visión centrada en sí] en la que suponemos que lo que de hecho es efímero es permanente; lo que de hecho es impuro es puro; y lo que de hecho es doloroso es placentero.
6. Drikdarsanasaktyorekátmatevásmitá
Suponer que la energía que es “ver” y la energía que es lo “visto” son una misma cosa [aunque de hecho son dos entidades distintas] es una tensión llamada asmita [el sentido del egocentrismo del “yo soy”].
7. Sukhánusayí rágah
El dormitar placentero [bajo la influencia de un recuerdo moroso de pasadas experiencias placenteras] es una tensión llamada raga.
8. Dukkhánusaví dveshah
El dormitar doloroso [bajo la influencia de un recuerdo moroso de pasadas experiencias dolorosas] es una tensión llamada dvesa.
9. Svarasaváhí vidusho-pi tanvanubandhah abhlnivesah
El continuo interés autogenerativo en la perpetuación de sí, que se vincula con el cuerpo y se halla hasta entre los doctos, es una tensión llamada abhinivesa.

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Mientras nos hallamos en este estado efectuamos descubrimientos maravillosos. Advertimos que al final de la inhalación del aliento y al final de su exhalación hay una ligera pausa, un alto que rompe el concepto de continuidad —que era el producto de vritti-sarupya en el que estábamos enredados antes de este estado nuevo y único de meditación. Ahora vemos que en este universo nada es continuo. En el fondo de la continuidad aparente hay un movimiento de discontinuidad que es la cualidad misma de la vida en conjunto.

El yoga

Este sentimiento (bhavana) de amistosidad (maitri) es el que imparte semejante sensibilidad delicada a la mente que se funde en un sentimiento de compasión (karuna), dondequiera que mira aflicción o dolor en cualquier ser. A la humanidad en conjunto, en su lenguaje de silencio sagrado, le declara que el único modo de proscribir la aflicción de la vida es ser amistoso y compasivo con todos los seres. Y la percepción misma de esta verdad le da a la mente un sentimiento de júbilo tal (mudita) que ni siquiera soñará jamás en hacer nada que no guarde coherencia con la disciplina del Yoga.

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El segundo impedimento con que nos encontramos es una sensación de inercia (styana). Esta es asimismo una inercia en un nivel enteramente diferente. Nos encontramos con ella como resultado de vencer el primer impedimento, seguido por una sensación de algún agotamiento luego de combatirlo. Es inercia en el orden inverso. La inercia natural o condicionada está siempre a merced de las fuerzas externas a ella. Esta nueva sensación de inercia (styana) es el resultado de un agotamiento temporario, consecuencia de la marcha hacia arriba de una energía interior totalmente confiada en sí misma.