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Curso yoga

Los Yoga Sutras hablan de dos corrientes de la consciencia. Una, la superficial o periférica, es una corriente de la consciencia (citta-nadi) que es empujada por vrittisarupya (la identificación con el movimiento ideacional electivo). Esta es una corriente condicionada de consciencia (samsara-pragbhara) cargada con las impregnaciones pasadas (samskar), e incapaz de inteligencia discriminativa (a-viveka-visaya-nimna). Esto termina inevitable y repetidamente en pecado y aflicción (papa-vaha). Aquí “pecado” significa solamente un fracaso en cuanto a ver “lo que es” de un momento al otro. Este fracaso deja inevitablemente al hombre en aflicción sin fin o en pecado (véase el comentario de Vyasa).
Sin embargo, el hombre no quiere la aflicción. Frente a ella, busca los mismos fáciles escapes de ella. Pero no hay fácil escape del pecado y de la aflicción. El único camino expedito al hombre es enfrentar esto y ver qué ocurre. Enfrentar esto significa mirar sin eludirlo, sin complacerse en elecciones que conjuren un escape ideacional de lo existencial. Este es un momento crítico que la vida le presenta al hombre en forma de aflicción.  Aflicción o dolor es, naturalmente, una amenaza para la sobrevivencia. Afrontar esta amenaza con una consciencia condicionada es invitar cada vez más a la aflicción, porque fue la consciencia originalmente condicionada la que dejó al hombre en la aflicción de la que ahora busca escapar. Consiguientemente, el modo en que escape o se libere de ella es cuestionar la naturaleza y estructura de la consciencia que repetidamente le hace caer en la aflicción. Cuestionar esta consciencia condicionada y condicionante es cesar de complacerse en una electividad ideacional. Y optar libremente por “no-elegir” es embarcarse en un viaje de vritti-nirodha o Yoga.

Enzeñanza Yoga

Pero no es fácil obtener una atención sostenida. Y sin ella no se puede seguir la enseñanza del Yoga. En consecuencia, se exige algo más. Este “algo” lo sugiere la primera palabra misma: Atha. Atha significa el comienzo. La tradición añade otro significado a este vocablo. Dicen que la palabra atha se emplea al comienzo de todo trabajo para invocar los buenos auspicios. Pero no les estamos hablando a los tradicionalistas. Le hablamos al “hombre” como ser humano, sin considerar sus antecedentes. Esto es exactamente lo que hacen los Yoga Sutras.
Traducido literalmente, atha significa: “y ahora”, o “aquí ahora”. “Ahora” o “y ahora” o “aquí ahora”, presupone algo que fue antes de este momento “ahora”. Lo que fue antes, hasta este momento “ahora”, debe terminar para aprender lo “nuevo” que ahora se enfrenta. Esto “nuevo” es el Yoga. Exige una ruptura total con el pasado, que sería evidente al seguir los Sutras. Es como si ya se hubieran atravesado las diversas disciplinas —sociales, científicas, morales, filosóficas, religiosas— y, al final de todo eso, nos encontramos en un estado de desilusión total. Así, uno llega a estar en un estado de nesciencia. Esto es lo que implica la palabra atha. Sólo cuando nos hallamos en tal estado de nesciencia, en el que el pasado se volvió sin sentido y el futuro plantea un signo de interrogación eterno, posiblemente podamos mantener un estado alerta de atención, necesario para aprender lo nuevo, o sea, el Yoga. Y éste es el segundo requisito de la disciplina del Yoga, indicado por la palabra atha.

Trabajar frente a forzar

Para mantener una musculatura sana y con el tono correcto se necesita una actividad regular. Hasta los huesos se fortalecen con el uso. Si hace usted trabajar a sus músculos más allá del nivel habitual de actividad, eso es para ellos señal de que han de incrementar su fuerza. No confunda el principio yóguico de no forzar con no trabajar. Forzar es imponer una tensión que va más allá de su límite justo. Forzar las posturas puede ser causa de lesiones. Trabajarlas con inteligencia fortalecerá y tonificará su cuerpo.