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Iyengar yoga

Debe notarse aquí que estas tres energías de la naturaleza son integrales. No pueden ser separadas una de la otra. Pero pueden distinguirse cada una de las otras dos. Cuando domina el aspecto de la inercia (sthiti) y los otros dos aspectos están relativamente dormidos, a tal objeto lo llamamos cuerpo físico (bhu-ta). Cuando domina el aspecto de la acción espontánea (kriya), o sea, la acción innata autogeneradora, y los otros dos están dormidos, a ese objeto lo llamamos ser animado, organismo vivo dotado de sensibilidad (indriyatmaka). Y cuando dominan los aspectos de la autoiluminación (prakasa) y los otros dos están dormidos, a esa entidad la llamamos ser consciente de sí. El hombre es tal vez el ser más pronunciadamente consciente de sí en el mundo animado. Así, la unión de las tres energías (gunas) de la naturaleza persisten en todos los objetos como un innato equilibrio ecológico de sus interacciones mutuas. Este equilibrio varía en favor de una u otra de las tres energías. Pero siempre permanece integral. Todo el mundo objetivo, junto con su pasmosa variedad de cuerpos animados e inanimados, se mantiene junto, pues, en un equilibrio ecológico, por la fuerza del equilibrio innato y siempre cambiante de las tres energías de la naturaleza.

Hacer yoga

El tercer impedimento es sansaya —una duda, una incapacidad temporaria para distinguir entre la inercia nueva y la vieja. Mientras nos hallamos en este estado de duda, o sea, dubitativos, tendemos a sentirnos confundidos, o sea, confundidos acerca de la rectitud del camino del Yoga por el que optamos. Este confundirse (pramada) es el cuarto impedimento. Pero esto no puede durar mucho porque en el momento en que se toma consciencia de la rectitud absoluta de la no-elección, la propensión a confundirse desaparece de la vista. Así, estamos de nuevo en el sendero del Yoga. Pero esta vuelta al sendero del Yoga genera otro impedimento.  Es la sensación de seguridad de que de aquí en adelante no cometeremos más errores. Este sentimiento de seguridad es un vritti que hace que nos desviemos del sendero induciéndonos a que nos volvamos perezosos (alasya). Este es un género de pesadez de la mente y del cuerpo. Esto conduce a otro impedimento, a saber, avirati o codicia por los objetos de los sentidos. Pero viendo el horror de esta codicia, como un retroceso hacia el pasado, se sale de ella sólo para caer en otra trampa. Ahora no son objetos de los sentidos físicos, sino objetos de la percepción extrasensoria. Alasya (pereza) se parece a un sueño psíquico en el que se tiende a soñar. Así se ven visiones de dioses o gurús, o de algo tan extraño que se tiende a atribuir el fenómeno a una “visitación divina”. Por lo general, se da gran importancia a tales visiones extrañas, como si indicasen algún nivel superior del ser o de la experimentación. En realidad, estas visiones (bhran-ti-darsana) pertenecen a la sustancia de la que están hechos los sueños corrientes. Los sueños son de dos géneros: los que son inducidos fisiológicamente y los que son inducidos psicológicamente. En uno u otro caso son una variedad de vritti denominados anteriormente viparyaya (1-6). Por tanto, el Yoga rechaza estas denominadas “visitaciones divinas” como totalmente ilusorias.

Clases Yoga

Puesto que estos Sutras igualan a “Dios” con “Gurú”, y puesto que este “Gurú” no tiene forma material o mental, y asimismo, puesto que el hombre necesita aferrarse a este algo amorfo en su consciencia de poder “ver” a Dios o percibir la realidad, el Sutra 27 expresa que “Pranava” u “OM” es la palabra que significa “Dios” y “Gurú“. La palabra Pranava deriva del vocablo nava con el prefijo pra. Significa “siempre fresco, eternamente nuevo”. (Prakarsena nava-navah, navanavonmesah = Pranavah.) Destellos de iluminación eternamente frescos y eternamente nuevos es Pranava u OM, la palabra inefable, que se iguala a la negación de los cuatro factores mencionados en el Sutra 24. El conocimiento constante de esto es japa real. No es una repetición mecánica de palabra alguna, incluido el OM, OM es sólo un auxilio para despertar a la consciencia que dormita. Ha de ser un sonido de apariencia verbal, puesto que hombre y palabra se correlacionan, se implican y necesitan uno al otro —siendo el hombre un “animal con lenguaje”.

Yoga

La palabra Guruh significa técnicamente “quien cumple las ceremonias purificatorias sobre un niño y le instruye en los Vedas”, o sea, el “conocimiento sagrado”. En términos esotéricos, esta ceremonia purificatoria significa “iniciación” por la que la energía dormida de la “consciencia que ve” despierta en el discípulo. “Iniciación” no significa impartir conocimiento en el sentido corriente. Significa purificación (suddhi) de la mente y liberación de la basura acumulada llamada conocimiento, que crea impedimentos a la percepción de la verdad o la realidad.  La remoción de esta basura es la “purificación” o “suddhi” —una palabra que los Yoga Sutras usan en muchos lugares. La plétora de “gurús” que abundan en todo el mundo actual, y que abundó así más o menos desde tiempo inmemorial es una deformación monstruosa de la palabra “Gurú” como se la usa en estos Sutras.

LA PINZA DE PIE CON SOSTÉN DE LOS BRAZOS

Adopten la postura inicial de la Flexión hacia Atrás con Sostén de los Brazos. Mientras se sujeta de las muñecas de su compañero, flexiónese hacia delante, manteniendo la espalda recta y extendida hasta completar una postura de Pinza de Pie. Cuélguese bien de los brazos de su pareja para obtener el mayor beneficio de esta postura.
beneficios.- Al colgarse de los brazos de su pareja, las pantorrillas logran un gran estiramiento, y la zona lumbar y el cuello se relajan y se extienden, con lo cual se aflojan las tensiones. Esta postura ayuda a aumentar la confianza en el compañero.

Amar y abandonar el cuerpo

Nuestros cuerpos son el requisito más básico para actuar en este mundo. El yoga insiste en la necesidad de cuidar y mantener el cuerpo. ¿Qué haría usted si alguien le regalase un coche y le dijera que es el único que tendrá en toda su vida? ¿Cómo lo mantendría? ¿Le pondría acaso combustible y aceite de mala calidad, o lo trataría con un cuidado enorme, sabiendo que debe durarle toda la vida? No tenemos más que un cuerpo para toda la vida, y si abusamos de él y lo destruimos se nos convertirá en una carga. Claro que, finalmente, el cuerpo se desgastará por más que lo cuidemos, y por eso el hatha yoga nos enseña que el apego al cuerpo y la vanidad ocasionan dolor y sufrimiento. El yoga nos enfrenta a esta paradoja: ame a su cuerpo y cuídelo, pero no se apegue a él tanto como para olvidar que es efímero.

El umbral

Manténgase siempre en el umbral de su capacidad. Cada cuerpo posee su propio umbral, que cambia de un día para otro. Incluso un estudiante adelantado acumula tensiones y desequilibrios, porque la vida moderna está regida por el estrés psicológico y la inactividad física; todos permanecemos sentados, en pie o conduciendo durante largos períodos. Cada día deberíamos descubrir nuestros propios umbrales, que se definen por los límites de la flexibilidad y de la fuerza, y cuya señalización la marca el dolor o la inmovilidad. Cuando se aproxime usted a su límite, el cuerpo comenzará a advertírselo con un ligero dolor. No insista, manténgase en el umbral del dolor, o bien adéntrese suavemente en él con la respiración. El yoga es una ciencia viviente, un aprendizaje continuo. Tenemos una marcada tendencia a buscar la comodidad de llegar a un lugar donde podamos abandonar una vez más la vigilia. Con el yoga se aprende a permanecer en el umbral y a penetrar lo desconocido.

La extensión de la columna

El yoga considera que la columna es una continuación del cerebro. La mayor parte de los nervios del cuerpo pasan a través de la columna, y están protegidos por ella. Los yoguis miden el envejecimiento por el estado de la columna. Conforme uno envejece, la columna se hace progresivamente más rígida, lo cual afecta tanto al cuerpo como a la mente. Una columna flexible resulta esencial para el mantenimiento de la vitalidad, la salud y la juventud. La gravedad atrae constantemente el cuerpo hacia abajo, de modo que los músculos que sostienen las vértebras deben trabajar mucho para mantener la columna erguida. Las posturas yóguicas estiran y extienden la columna vertebral, ensanchando el espacio que hay entre las vértebras. Asegúrese de mantener la espalda extendida cada vez que efectúe una torsión o que se incline hacia adelante o hacia atrás. No permita que la espalda se acorte o se hunda en ninguna postura.