Entradas con la etiqueta ‘yoga online’

Yoga pose

Ahora hemos de enfrentar al “yo soy” (asmita) desnudo, vacío de raga-dvesa abhinivesa. Este “yo soy” ve; pero también ve la estupidez de decir “yo veo”. Ve que la energía de ver nos hace conscientes del mundo objetivo, de lo visto. Tan sólo ocurre. No podemos hacer que ocurra o no ocurra. Está allí —”quien ve” y lo “visto” interactuando constantemente uno con otro, y creando una relación siempre nueva, siempre misteriosa. Vemos el hecho de que “ser es estar relacionado”. No hay ser sin afinidad, aunque ésta siga siendo un misterio. Nos preguntamos: ¿qué es la afinidad? Y somos incapaces de responder, pues es una relación entre “quien ve” y lo “visto” en la que no tiene lugar el sentido del “yo soy”. Superimponer el “yo soy” entre los dos, es enmascarar un hecho con una ficción, o sea, cubrir “lo que es”, lo existencial, con lo ideacional —la propensión electiva centrada en el “yo soy”. Interponer el “yo soy” (asmita) entre las dos incógnitas —”quien ve” y lo “visto”— es moverse en una dirección que inevitablemente nos hace caer en la prisión de raga-dvesa-abhinivesa. Pero si no nos movemos, ¿qué ocurre? La interacción entre “quien ve” y lo “visto” sigue. Pero sigue siendo siempre “la incógnita grande y misteriosa”. Ahora vemos el hecho de que el sentido del “yo soy” es en realidad el sentido de la nesciencia. Querer conocer es querer asir nuestros objetivos egocéntricos. Así, querer conocer inviste el hecho de la “nesciencia” con una cognición ficticia. Y esta cognición, esta experiencia, de allí en adelante ocupa el lugar de la “visión pura”. De allí en más, ver a través de la experimentación, con el “yo soy” como la experimentadora. Así, la experimentadora usurpa el lugar de “quien ve”.

Hacer yoga

El tercer impedimento es sansaya —una duda, una incapacidad temporaria para distinguir entre la inercia nueva y la vieja. Mientras nos hallamos en este estado de duda, o sea, dubitativos, tendemos a sentirnos confundidos, o sea, confundidos acerca de la rectitud del camino del Yoga por el que optamos. Este confundirse (pramada) es el cuarto impedimento. Pero esto no puede durar mucho porque en el momento en que se toma consciencia de la rectitud absoluta de la no-elección, la propensión a confundirse desaparece de la vista. Así, estamos de nuevo en el sendero del Yoga. Pero esta vuelta al sendero del Yoga genera otro impedimento.  Es la sensación de seguridad de que de aquí en adelante no cometeremos más errores. Este sentimiento de seguridad es un vritti que hace que nos desviemos del sendero induciéndonos a que nos volvamos perezosos (alasya). Este es un género de pesadez de la mente y del cuerpo. Esto conduce a otro impedimento, a saber, avirati o codicia por los objetos de los sentidos. Pero viendo el horror de esta codicia, como un retroceso hacia el pasado, se sale de ella sólo para caer en otra trampa. Ahora no son objetos de los sentidos físicos, sino objetos de la percepción extrasensoria. Alasya (pereza) se parece a un sueño psíquico en el que se tiende a soñar. Así se ven visiones de dioses o gurús, o de algo tan extraño que se tiende a atribuir el fenómeno a una “visitación divina”. Por lo general, se da gran importancia a tales visiones extrañas, como si indicasen algún nivel superior del ser o de la experimentación. En realidad, estas visiones (bhran-ti-darsana) pertenecen a la sustancia de la que están hechos los sueños corrientes. Los sueños son de dos géneros: los que son inducidos fisiológicamente y los que son inducidos psicológicamente. En uno u otro caso son una variedad de vritti denominados anteriormente viparyaya (1-6). Por tanto, el Yoga rechaza estas denominadas “visitaciones divinas” como totalmente ilusorias.

Clases Yoga

Puesto que estos Sutras igualan a “Dios” con “Gurú”, y puesto que este “Gurú” no tiene forma material o mental, y asimismo, puesto que el hombre necesita aferrarse a este algo amorfo en su consciencia de poder “ver” a Dios o percibir la realidad, el Sutra 27 expresa que “Pranava” u “OM” es la palabra que significa “Dios” y “Gurú“. La palabra Pranava deriva del vocablo nava con el prefijo pra. Significa “siempre fresco, eternamente nuevo”. (Prakarsena nava-navah, navanavonmesah = Pranavah.) Destellos de iluminación eternamente frescos y eternamente nuevos es Pranava u OM, la palabra inefable, que se iguala a la negación de los cuatro factores mencionados en el Sutra 24. El conocimiento constante de esto es japa real. No es una repetición mecánica de palabra alguna, incluido el OM, OM es sólo un auxilio para despertar a la consciencia que dormita. Ha de ser un sonido de apariencia verbal, puesto que hombre y palabra se correlacionan, se implican y necesitan uno al otro —siendo el hombre un “animal con lenguaje”.

Yoga

La palabra Guruh significa técnicamente “quien cumple las ceremonias purificatorias sobre un niño y le instruye en los Vedas”, o sea, el “conocimiento sagrado”. En términos esotéricos, esta ceremonia purificatoria significa “iniciación” por la que la energía dormida de la “consciencia que ve” despierta en el discípulo. “Iniciación” no significa impartir conocimiento en el sentido corriente. Significa purificación (suddhi) de la mente y liberación de la basura acumulada llamada conocimiento, que crea impedimentos a la percepción de la verdad o la realidad.  La remoción de esta basura es la “purificación” o “suddhi” —una palabra que los Yoga Sutras usan en muchos lugares. La plétora de “gurús” que abundan en todo el mundo actual, y que abundó así más o menos desde tiempo inmemorial es una deformación monstruosa de la palabra “Gurú” como se la usa en estos Sutras.

La relajación

La relajación es un arte que se ha perdido, o poco menos, en nuestra sociedad super acelerada. La tensión física afecta a la mente, de la misma manera que una mente nerviosa, tensa o que charla sincesar afecta al cuerpo. Cada uno de ellos refleja al otro y es el otro. La relajación total no puede lograrse con el simple descanso, ni entregándose a alguna diversión. La verdadera relajación, la que rejuvenece y renueva, es un estado positivo de equilibrio en el cuerpo y en la mente, y se alcanza mediante la acción. El hatha yoga le permite liberar energías bloqueadas y tensiones acumuladas; le devuelve a su integridad y le da la posibilidad de experimentar una relajación y una ecuanimidad auténticas.
Cuando empiece a aprender las posturas, es probable que se canse pronto. Ese cansancio es fácil de vencer con una práctica regular, si aumenta paulatinamente el tiempo que pasa en las posturas conforme aumenta su capacidad. Al comienzo, descanse un poco entre las posturas, pero no tanto como para que el cuerpo se enfríe y pierda energía. A medida que progrese, comprobará que ya no necesita descansar entre una postura y otra.
Termine cada sesión con un período de descanso consciente. Descanse tranquilamente, y ayúdese con la mente para alcanzar un efecto pleno. Mientras está tendido de espaldas, relaje conscientemente todo el cuerpo, y deje que todo su peso descanse por completo en el suelo. Libere todas las rigideces y tensiones, y permita que el cuerpo se afloje. Efectúe unas cuantas respiraciones profundas y después deje que el ritmo se haga más lento y se aquiete. Si durante unos diez a quince minutos relaja todas las tensiones, experimentará un gran bienestar.

Trabajar frente a forzar

Para mantener una musculatura sana y con el tono correcto se necesita una actividad regular. Hasta los huesos se fortalecen con el uso. Si hace usted trabajar a sus músculos más allá del nivel habitual de actividad, eso es para ellos señal de que han de incrementar su fuerza. No confunda el principio yóguico de no forzar con no trabajar. Forzar es imponer una tensión que va más allá de su límite justo. Forzar las posturas puede ser causa de lesiones. Trabajarlas con inteligencia fortalecerá y tonificará su cuerpo.