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Yoga kalvalya

Esta extraordinariamente “pura visión” se denomina “quien ve” —el núcleo central de la virilidad del hombre en el sentido existencial (ii-20). Esta es unicidad con libertad total en el sentido de total desenredarse de confundirse ideacionalmente con la corriente de la naturaleza (prakr-tyapura) y con el mundo objetivo entero, que constituye lo “visto” para “quien ve”. Esta es unicidad libre del “yo soy” egocéntrico, junto con sus actividades engendradoras de tensiones. Ahora es unicidad cargada con la “energía de la visión pura”, y es, pues, capaz de libre investigación de la naturaleza y la estructura de la situación existencial. Ahora es unicidad como aspecto integral de (y coextensivo con) la existencia en conjunto. El misterio que subyace en la afinidad o conjuntividad universal empieza ahora a desarrollarse ante nuestros ojos —ojos que ahora están cargados con la energía inherentemente libre de la visión pura. Esto es kalvalya o la libertad de “quien ve” (11-25).

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El Sutra 11 describe la segunda transformación. El Yogi vive ahora con la quieta corriente mental nacida de la primera transformación (nirodha-parinama). Cuando vive así y mira al mundo, advierte que tiene lugar otra transformación. La primera transformación había negado la tendencia de la mente a ansiar siempre éste o aquel objeto, debido a vritti-sarupya. Durante el funcionamiento de esta tendencia, el mundo objetivo se había dividido en fragmentos, cada uno distinto del otro. Con la finalización de esta tendencia, el mundo objetivo entero, inclusive de todos los objetos (sarvartha), converge en un solo punto que funciona como un foco a través del cual el mundo, con todos sus objetos diferentes, se ve en conjunto, una totalidad, de un vistazo. Fue éste el foco que nació como resultado de la primera transformación (Sutras 9-10). Y cuando el Yogi mira ahora al mundo, descubre que la mente oscila ahora entre un género de polarización: el polo de los objetos diferentes, por un lado, y el polo de la unidireccionalidad (ekagrata) inclusivo de la totalidad del mundo objetivo, por el otro. Y cuando ve esta oscilación, descubre que la totalidad del mundo objetivo (sarvarthata) finaliza y desaparece de su vista, y la unidireccionalidad omni inclusiva (ekagrata) llena todo su campo de visión. Se inclina hacia esta unidireccionalidad. Esto constituye la segunda transformación llamada Samadhi-parinama.

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El Sutra 34 proporciona un notabilísimo ejemplo del género de investigación que el Yoga tiene en vista. Este Sutra llama la atención sobre el fenómeno natural o existencial de respirar. Respirar y vivir están tan entrelazados que, hablando en sentido lato, son correlativos, se implican y se necesitan mutuamente. Si uno está apasionadamente interesado en vivir, puede llegar una época en la que respirar, un correlativo de vivir, excite igualmente nuestro apasionado interés en ello. Esto no podría ser tan sólo un ocioso o impertinente vritti de curiosidad. Exigiría total atención y abarcaría a la totalidad de nuestra mente, tanto como el interés apasionado por vivir abarca la totalidad de nuestro ser. En el momento en que ocurre esto, empezamos a observar con atención total y alerta nuestra respiración constante. Esto es lo que se quiere decir con la palabra dhyana o meditación. No es pensar, especular o imaginar. Es “visión pura”, observación objetiva en la que no tiene cabida nada subjetivo. Lo primero que descubrimos en un estado de semejante meditación es que expresiones como “yo respiro” o “mi respiración” son cabalmente carentes de fundamento. La respiración sigue, ya sea que formulemos o no declaración alguna acerca de ella. Nada tiene que ver con la irreprimible tendencia del hombre a parlotear acerca de las cosas. Nos hallamos, pues, en un estado en el que reina supremo un silencio cabal. Hay ver, observar, percibir. Ver, percibir, equivale a un hecho dado como respirar. Ver, percibir, nos hace conscientes del hecho existencial de respirar. Eso es todo lo que hay al respecto. No se trata de mi consciencia o de la consciencia de otro. Hay “ver” por un lado, y “respirar” por el otro. Los dos no son uno solo. Son dos cosas distintas, natural y existencial. Y lo que las vincula mutuamente es el surgimiento de un interés apasionado por respirar como integrado con el vivir. Este interés apasionado pertenece a la mente (citta) en su totalidad. La mente está ahora tan plenamente envuelta en este interés apasionado que en ella no hay cabida para ningún vritti fragmentario. La totalidad de la mente, en un estado de firme quietud, es la que hace nacer la disciplina del Yoga. Y este estado firme de quietud es el que refleja a “quien ve” (o la “visión pura”) por un lado, y lo “visto” (en este caso el “respirar” como un fenómeno natural), por el otro. Las dos realidades existenciales son puestas juntas en una relación inmensamente significativa. La percepción y la objetividad se relacionan mutuamente en una pureza y una belleza prístinas.