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Asana

Asana, o la postura, es el tercer pétalo, o aspecto, de astanga-yoga. Quien está establecido en yama y niyama, por decirlo así, mira su cuerpo con una nueva sensación de asombro, como si fuera un misterio. Una infinita cantidad de actividades sutiles y burdas continúan siempre en nuestro cuerpo. Cómo y por qué continúan sigue siendo un misterio eterno. Las explicaciones de biólogos, fisiólogos, psicólogos y científicos que se ocupan de los componentes físico-químicos de los organismos animales y humanos, pueden arrojar alguna luz sobre algunas de sus actividades y pretender ofrecer soluciones a algunos problemas generados por la tonta explotación de su prodigioso organismo por parte del hombre. Pero todas esas explicaciones y denominadas soluciones deben ser necesariamente los productos de enfoques fragmentarios de la situación existencial. Como tales hacen más daño que bien. Además de esto generan falsas esperanzas para el futuro.

Astanga yoga

Estos Sutras revelan la razón de ser que subyace en Jas tensiones (klesa) dentro y fuera. Todo lo que el hombre ve como existente es de hecho un producto del contacto prístino (sanyoga) entre dos energías: “quien ve” y lo “visto” (Sutra 17). Pero el hombre permanece inconsciente de este hecho básico que subyace en toda existencia. Esta inconsciencia de “lo que es”, el sanyoga o contacto entre dos energías prístinas distintas, es avidya (Sutra 24). Y es la continuidad de avidya que opera en el organismo humano, la que induce al hombre a suponer que él, junto con su cuerpo, es “quien ve” y que todo el resto es lo “visto”. Ignora el hecho de que su cuerpo es también un objeto que él puede ver, como cualquier otro objeto y así es también parte de lo “visto”. Además, ignora el hecho de que “ver” implica y necesita dos cosas: a “quien ve” y lo que puede ser “visto”. Y puesto que su cuerpo cae evidentemente en la categoría de lo “visto”, nunca podrá ser “quien ve”. ¿Qué es entonces “quien ve” totalmente aparte del cuerpo y de todo lo que permanece observable, lo “visto”? El hombre nunca se preocupa de hacer un alto por un rato para proseguir su investigación hasta el final mismo. Esta falta de cuidado, de consciencia, de atención, le deja en una tensión llamada asmita (Sutra 6). Y es a través de los ojos de asmita que el hombre mira al mundo y a su vida. Sólo cuando esta “visión” confusa termina repetidamente en dolor (dukka) es que el hombre es sacudido hasta sus mismos cimientos. Sin embargo, pocos se preocupan de enfrentar este trastorno. La mayoría tiende a buscar fáciles escapes ideacionales y a seguir el viejo camino determinado por avidya y asmita, a pesar de las repetidas experiencias de dolor y desesperación. Pero los pocos que se detienen y osan enfrentar al dolor como la condición misma de su existencia, se lanzan a un nuevo viaje: una búsqueda de la identidad (swarupa).

Prana yoga

Kriya significa acción. Y Yoga significa citta-vritti-nlrodha. De allí que la acción que nace de citta-vritti-nirodha sea Kriya Yoga. Quien entiende esto, tiende naturalmente a vivir una vida que está cargada con la consciencia del Yoga. Pero tan pronto lo hace, se halla enfrentado con dificultades. Estas dificultades son los productos de los vrittis empujados por el pasado, que generan inevitablemente tensiones entre lo ideacional y lo existencial. A pesar del hecho de que entendemos lo que implica el Yoga y la acción que es coherente con él, nuestro organismo psicosomático, que es un producto del pasado, continúa funcionando bajo el peso compulsivo de las impregnaciones pasadas (samskara). Todas las dificultades nacen de una tensión básica, por un lado, entre la comprensión del Yoga, que está en el presente activo, y por el otro, la continuidad de los vrittis empujados por el pasado. En esta Parte II del Yoga Darsanam se propone el Kriya Yoga para afrontar este aprieto.

Yoga asana

La percepción misma de esta contradicción detiene lo doloroso de estos vrittis. Porque esta percepción pone al hombre frente a frente con la realidad y le familiariza con la necesidad y la urgencia de optar por citta-vritti-nirodha. Cuando esto ocurre, naturalmente se retarda el impulso de estos vrittis, empujado por el pasado. Como consecuencia, se revelan a “quien ve” la naturaleza y la estructura de estos vrittis, junto con sus motivaciones ocultas. Esta revelación ayuda al hombre a salir del laberinto complejo y confuso de las identificaciones. Cuando el hombre sale, pues, del pasado, se libera para usar estos vrittis como instrumentos para nuevos descubrimientos. Es decir, los vrittis siguen siendo dolorosos sólo mientras sus actividades permanecen prisioneras dentro de las cerradas fronteras de vrittisarupya. Por otro lado, estos vrittis se vuelven indoloros, y hasta pueden ser instrumentos efectivos de nuevos descubrimientos, cuando se vuelven orientados hacia la visión (khyati-visaya) u orientados hacia la percepción, en oposición a orientados hacia la ideación. Toda ideación es básicamente egocéntrica (asmita-matra) y, como tal, crea una circunferencia de vrittisarupya (identificación) en todo su alrededor, en la que al hombre se lo tiene prisionero. Esto es lo que indica la expresión del Sutra 5: “los vrittis son dolorosos o indoloros“.

Yoga yoga

La sólida contribución al conocimiento válido efectuada por el pramána vritti, aunque importante en muchos sentidos, permanece limitada a la comprensión de la naturaleza física del mundo. Se limita a los objetos, lo observado (drsya) y excluye al observador (drastá) de su visión. No logra ver el hecho de que ninguna visión del mundo podría ser válida a menos que se descubra la naturaleza de la relación correcta entre el observador y lo observado. Asimismo, su enfoque del mundo objetivo se reduce al descubrimiento de la naturaleza de la relación entre objeto y objeto de modo fragmentario, descuidando el requisito del equilibrio ecológico del cosmos. Esto ya dio por resultado consecuencias desastrosas. Empero, otra cuestión importante a tener en cuenta es que hasta en el campo limitado en el que funciona este pramána vritti, los descubrimiento más importantes no son los productos de este vritti, que se reducen a las normas preestablecidas de pensamiento válido, sino de ese algo intrigante llamado intuición, inspiración, discernimiento o destello repentino de la percepción. Consiguientemente, la credibilidad del conocimiento obtenido a través de este vritti permanece siempre no sólo limitado sino también sospechoso hasta en su campo limitado.

Yoga sutras

La naturaleza del pasado que se vuelve sin sentido en este estado es descripto por el Sutra 4. Vrttisarupya (la identificación con el movimiento ideacional electivo de la mente) representa la totalidad del pasado. Si uno retiene todavía alguna sobra del pasado que proyecta esperanza en el futuro, nunca podrá establecer un contacto significativo con el Yoga.
En el Sutra 2, al Yoga se lo iguala con tres palabras: citta, vrtti y nlrodha. Ninguna de estas palabras es definida o explicada en los Sutras. En tal caso, han de averiguarse los significados correctos de estas palabras que son coherentes con el tema central del Yoga.
La palabra citta deriva de la raíz cit que significa “ver, observar, percibir”. Citta es el participio pasado pasivo del verbo cit. En consecuencia, significa “lo visto, lo observado, lo percibido”, o sea, lo que se experimentó en el pasado.
La palabra vrtti deriva de la raíz vrt que significa “elegir, gustar”. Vrtti significa, pues, la forma que asume la elección de uno.
La palabra nirodha está compuesta de rodha con el prefijo ni. La palabra rodha deriva de la raíz rudh que significa “obstruir, detener, parar”. Y el prefijo ni significa “detener”. En consecuencia, Nirodha significa la detención del movimiento electivo de la mente (cittavrtti) y su eventual detención por sí.

Amar y abandonar el cuerpo

Nuestros cuerpos son el requisito más básico para actuar en este mundo. El yoga insiste en la necesidad de cuidar y mantener el cuerpo. ¿Qué haría usted si alguien le regalase un coche y le dijera que es el único que tendrá en toda su vida? ¿Cómo lo mantendría? ¿Le pondría acaso combustible y aceite de mala calidad, o lo trataría con un cuidado enorme, sabiendo que debe durarle toda la vida? No tenemos más que un cuerpo para toda la vida, y si abusamos de él y lo destruimos se nos convertirá en una carga. Claro que, finalmente, el cuerpo se desgastará por más que lo cuidemos, y por eso el hatha yoga nos enseña que el apego al cuerpo y la vanidad ocasionan dolor y sufrimiento. El yoga nos enfrenta a esta paradoja: ame a su cuerpo y cuídelo, pero no se apegue a él tanto como para olvidar que es efímero.

El umbral

Manténgase siempre en el umbral de su capacidad. Cada cuerpo posee su propio umbral, que cambia de un día para otro. Incluso un estudiante adelantado acumula tensiones y desequilibrios, porque la vida moderna está regida por el estrés psicológico y la inactividad física; todos permanecemos sentados, en pie o conduciendo durante largos períodos. Cada día deberíamos descubrir nuestros propios umbrales, que se definen por los límites de la flexibilidad y de la fuerza, y cuya señalización la marca el dolor o la inmovilidad. Cuando se aproxime usted a su límite, el cuerpo comenzará a advertírselo con un ligero dolor. No insista, manténgase en el umbral del dolor, o bien adéntrese suavemente en él con la respiración. El yoga es una ciencia viviente, un aprendizaje continuo. Tenemos una marcada tendencia a buscar la comodidad de llegar a un lugar donde podamos abandonar una vez más la vigilia. Con el yoga se aprende a permanecer en el umbral y a penetrar lo desconocido.