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Vinyasa yoga

¿Por qué debe ser esto así? Esta pregunta contiene el misterio total de la vida como afinidad. Asmita, enfrentado con este misterio, toma consciencia de avidya —la inconsciencia de “lo que es” en su totalidad. Vemos que interponer al “yo soy” entre “quien ve” y lo “visto” es romper la totalidad de “lo que es”, la totalidad de la afinidad, en fragmentos, llamándose un fragmento el observador o el experimentador, y el segundo denominándose el otro objeto o lo observado, lo experimentado. De esta manera, el experimentador, asmita, nace de avidya, y este último se atrinchera firmemente en abhinivesa. El sentido irreprimible de la importancia personal opera inevitablemente en interés de la perpetuación personal —que es la naturaleza misma de abhinivesa. Vemos ahora por qué avidya hacía que el hombre considere como permanente lo que de hecho es efímero; que considere como puro lo que de hecho es impuro; y que considere como placentero lo que de hecho es doloroso. La tendencia hacia la perpetuación personal da por resultado, naturalmente, suponer como permanente lo que sirve a los fines de la importancia personal. El origen del concepto de la inmortalidad y la eternidad del yo personal (atma) tal vez radique en esta forma de avidya. Asimismo, la tendencia hacia la autojustificación y el fariseismo da por resultado suponer como puro lo que de hecho es impuro, y por último, autoindulgencia en lo que se cree que son resultados agradables al suponer que es placentero lo que de hecho es doloroso. Al terminar avidya en abhinivesa, trastorna, pues, todo el mundo de la realidad. Esto se llama avidya-khyaü en el Sutra 5.

Yoga pose

Ahora hemos de enfrentar al “yo soy” (asmita) desnudo, vacío de raga-dvesa abhinivesa. Este “yo soy” ve; pero también ve la estupidez de decir “yo veo”. Ve que la energía de ver nos hace conscientes del mundo objetivo, de lo visto. Tan sólo ocurre. No podemos hacer que ocurra o no ocurra. Está allí —”quien ve” y lo “visto” interactuando constantemente uno con otro, y creando una relación siempre nueva, siempre misteriosa. Vemos el hecho de que “ser es estar relacionado”. No hay ser sin afinidad, aunque ésta siga siendo un misterio. Nos preguntamos: ¿qué es la afinidad? Y somos incapaces de responder, pues es una relación entre “quien ve” y lo “visto” en la que no tiene lugar el sentido del “yo soy”. Superimponer el “yo soy” entre los dos, es enmascarar un hecho con una ficción, o sea, cubrir “lo que es”, lo existencial, con lo ideacional —la propensión electiva centrada en el “yo soy”. Interponer el “yo soy” (asmita) entre las dos incógnitas —”quien ve” y lo “visto”— es moverse en una dirección que inevitablemente nos hace caer en la prisión de raga-dvesa-abhinivesa. Pero si no nos movemos, ¿qué ocurre? La interacción entre “quien ve” y lo “visto” sigue. Pero sigue siendo siempre “la incógnita grande y misteriosa”. Ahora vemos el hecho de que el sentido del “yo soy” es en realidad el sentido de la nesciencia. Querer conocer es querer asir nuestros objetivos egocéntricos. Así, querer conocer inviste el hecho de la “nesciencia” con una cognición ficticia. Y esta cognición, esta experiencia, de allí en adelante ocupa el lugar de la “visión pura”. De allí en más, ver a través de la experimentación, con el “yo soy” como la experimentadora. Así, la experimentadora usurpa el lugar de “quien ve”.

Yoga asanas

Teniendo en cuenta todos estos sutiles matices de significados, avidya se define como “conocimiento o visión (khyatl) en que uno supone que es permanente lo que, de hecho, es efímero” (Sutra 5). En este Sutra, se dice que avidya es Khyati. Esta palabra deriva de la raíz khya, que significa “decir, declarar, comunicar”. Uno puede “decir, declarar, comunicar” lo que es fáctico o lo que ideacionalmente se supone que es, pero que de hecho no lo es. Esto último es avidya-khyati. Este khyati es un asunto de denominación, verbalización, declaración en palabras, con el fin de comunicar algo. Nada tiene que ver con lo que realmente existe, dentro o fuera. Es un asunto de ideación, imaginación y articulación en palabras. Es una declaración. Todo lo que existe se declara a los demás, por el hecho mismo de su existencia. Un tigre o una víbora declaran, por su existencia misma, que podemos pasar cerca de ellos solamente bajo nuestro riesgo. El hombre, siendo un “animal con lenguaje”, declara lo que él es a través de palabras. Pero las palabras no son cosas. Indican cosas que pueden existir o no. Pero el hombre naturalmente se vuelve cautivo de palabras que él tiende a igualar con el conocimiento o la realidad. Y esto es avidya-khyati, o el conocimiento ilusorio sobre el que, por lo general, se basa toda la visión del mundo. Su conocimiento o su visión, o su visión del mundo queda, pues, trastornado. Supone que es permanente lo que de hecho es efímero, que es puro lo que de hecho es impuro, y que es placentero lo que de hecho es doloroso. ¿Hay goce que no se convierta en dolor, desilusión, frustración? Pero, llevado por las olas de los goces momentáneos, en cabal inconsciencia de los hechos de la situación existencial, el hombre tiende a establecerse en avidya y, en consecuencia, supone que es permanente lo que de hecho es efímero. De este modo, toda la estructura de la vida humana es motivada por nociones falsas de lo que es permanente y lo que es efímero, de lo que es puro y lo que es impuro, y de lo que es goce y lo que es dolor.

Yoga

Sutras 1 a 4
1.   Atha Yogánusásanam
Y ahora, la disciplina del Yoga…
2.   Yogascittavrttínirodha
El Yoga es el estado del ser en el que el movimiento ideacional electivo de la mente se retarda y llega a detenerse.
3.   Tadá drastuh svarúpevasthánam
Entonces, cuando el movimiento de la mente llega a detenerse] quien ve se establece en su identidad existencial.
4.   Vrttisárúpyamitaratra
En todos los otros estados del ser, reina suprema la identificación con el movimiento ideacional electivo.

Estos cuatro Sutras nos dan la quintaesencia misma del Yoga. Nos hablan acerca de los requisitos básicos de la disciplina que es el Yoga —Yogánusásanam.
La palabra anusasanam deriva de la raíz sas con el prefijo anu. Sas significa enseñar, instruir. Y anu significa: seguir. Seguir la enseñanza del Yoga es aprender acerca del Yoga. Al aprender lo acompaña necesariamente cierta disciplina, una atenta austeridad. Y atención implica quietud y estar libre de distracción. A menos que se esté en semejante estado mental, sería imposible aprender. Este es el primer requisito para la disciplina del Yoga.

El movimiento de la energía

El yoga reconoce la existencia de un cuerpo energético que anima y activa el cuerpo físico. El cuerpo energético se carga y se vitaliza mediante la práctica de las posturas yóguicas, y por eso es importante aprender a mantenerlas en forma dinámica. No permita que se oscurezca la conciencia del movimiento y de la postura; mantenga el fluir de la energía para que el cuerpo esté vivo y radiante. Aun cuando el cuerpo físico no pueda alcanzar por completo una postura, usted podrá percibir la posición y la acción correctas si mueve adecuadamente su energía corporal. Por ejemplo, cuando las instrucciones le indiquen que debe extender o hacer torsión de la columna y no pueda llevar el movimiento hasta el final, sienta cómo su cuerpo energético se extiende o realiza la torsión que completa la postura. Al fin, el cuerpo físico lo seguirá.

Trabajar frente a forzar

Para mantener una musculatura sana y con el tono correcto se necesita una actividad regular. Hasta los huesos se fortalecen con el uso. Si hace usted trabajar a sus músculos más allá del nivel habitual de actividad, eso es para ellos señal de que han de incrementar su fuerza. No confunda el principio yóguico de no forzar con no trabajar. Forzar es imponer una tensión que va más allá de su límite justo. Forzar las posturas puede ser causa de lesiones. Trabajarlas con inteligencia fortalecerá y tonificará su cuerpo.