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Dependencia en la pareja

Cuando es sólo una la persona dependiente, la relación es igualmente difícil. Si uno de los miembros de la pareja es más independiente deberá cuidar continuamente de no dañar al otro. Con el correr del tiempo, esta situación llevará a la frustración y la rabia. Lo más probable es que la relación sucumba a tanta presión.
EL ERROR DE ABSORBER AL OTRO
Si lo que una persona busca a la hora de formar una pareja es reemplazar a su madre, el sentimiento que prevalece no es el amor, sino la inseguridad. Es el miedo a no poder sobrevivir por su cuenta lo que lleva a un hombre o una mujer a la necesidad constante de reafirmar la unión que existe con su pareja. Existen varios equívocos acerca de lo que debe ser una relación amorosa:
1. La creencia de que la vida en pareja significa hacer todo juntos.
2. La idea de que las amistades, los gustos y los intereses deben ser comunes.
Esto lleva a que cada miembro de la pareja, o uno de ellos, insista en estar presente en cada uno de los momentos del otro. No existe la posibilidad de que cada uno desarrolle una vida por su cuenta: lo que antes era dos personas, pasa a ser un solo ser de dos cabezas.
Una persona dependiente siempre dudará de los sentimientos del otro. De manera que buscará su presencia permanente para estar seguro de que no piensa abandonarlo. Si la otra persona es igualmente dependiente, no existirán mayores problemas. Pero probablemente alguno sea menos dependiente que el otro. Esta pequeña diferencia será suficiente para desencadenar no menos de varios conflictos.
LAS CLAVES PARA NO DEPENDER
Depender del otro nunca lleva a una relación sana. Aunque los dos sean dependientes en un mismo grado, a la larga esta simbiosis exagerada atentará contra el desarrollo personal. Una traición en el futuro puede dejar a uno de los dos en un estado de absoluta soledad, una situación difícil de remontar tras años de mantener una relación simbiótica hasta el hartazgo.

Una pareja sana no debe ser dependiente, sino complementaria. No se trata de imitar, unir y compartir, sino de acompañar. La pareja no debe forjarse sobre la base de los mismos gustos e intereses, sino con espacios personales que aporten elementos propios a la relación. La clave está en dejar de lado la necesidad de estar para no quedar solo y, en cambio, elegir estar con la otra persona mantenienoc el espacio de intimidad e individualidad.
Se trata de aprender a camina-solos por la vida, a pesar del temo-que eso pueda significar. Tiene que ver, también, con tener proyectos propios y reconocerse como una persona separada de otra. Al fin y al cabo, es cuestión de dejar al niño de lado y dtsHrar con la libertad de nuestra vida atíurst Descubrir que podemos vivir sin el otro no quiere decir que lo amemos menos, sino que lo amamos bien.