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Lotus Sutra

Ahora debería ser claro por qué el Yoga llama la atención del hombre sobre la necesidad suprema de una pureza y una claridad de visión (darsana) para entender la naturaleza y el significado de su relación con el mundo objetivo, y, en segundo lugar, por qué el Yoga llama la atención del hombre sobre el otro hecho correlacionado de que tal pureza y tal claridad de visión sólo serían posibles si la mente del hombre se libera de todas las identificaciones ciegas, autoengañosas y autodestructivas con sus vrittis.

Sutras

El Sutra 25 expresa que esta “visión” de Dios lleva consigo la semilla de la omnisciencia. Cuanto el hombre sea capaz de conocer es, en realidad, un mero fragmento, una experiencia parcial del mundo fenoménico. La capacidad misma del hombre para conocer tiene su origen en algo eternamente misterioso e incomprensible. El conocimiento es la creación de la mente del hombre. Pero ese algo misterioso que le permite al hombre conocer, no es y nunca podrá ser creación del hombre. Ni siquiera la mente del hombre es creación del hombre. El movimiento electivo ideacional generado por la mente, produce lo que el hombre llama “conocimiento”. Este conocimiento es siempre del pasado. No es experimentación de aquí y ahora, sino el producto de experiencias acumuladas del pasado y de acontecimientos pasados. Estas acumulaciones (asaya), fundadas en impregnaciones pasadas, impulsan el movimiento del conocimiento fragmentario, que es básicamente ideacional. Lo que el hombre llama “conocimiento” es, por tanto, no sólo fragmentario sino vacío de experimentación directa de lo real o lo existencial. El enredo del hombre en la prisión de tal conocimiento debe terminar para que existan la experimentación y el conocimiento reales. Y eso resulta posible solamente cuando el hombre se vuelve capaz de permanecer intacto e ininfluido por la actividad de los cuatro factores mencionados en el Sutra 24. La negación o la eliminación de estos cuatro factores que dominan la vida psíquica y cultural del hombre pone a éste en contacto directo con el origen de la “omnisciencia”.

Sutra

Este viaje del Yoga es un viaje por las aguas mismas de la vida. Este es el viaje descripto en los Yoga Sutras como una “corriente de consciencia orientada hacia la libertad” (kaivalya pragbhara citta-nadhi). Cuando, como resultado de optar libremente por no-elegir, uno se mueve y vive con lo que es, ve claramente la distinción entre lo que condiciona a la mente y la hace girar una y otra vez en el círculo vicioso del condicionamiento, por un lado, y por otro, lo que libera a la mente del apretón mortal del condicionamiento. Esta percepción es la madre de la inteligencia discriminativa (viveka). Desde ahora en adelante, es un movimiento de la mente en libertad, asociado con esta inteligencia discriminativa (kaivalya pragbhara viveka-visaya-nimna cit-ta-nadi). Y es esta corriente de la consciencia la que conduce al hombre de beatitud en beatitud (kalyana), hacia el bien perdurable del hombre y del mundo en el que vive.

Lotus sutra

El sueño (nidra) es, por tanto, un vritti metido en las células cerebrales o en la sustancia mental circunscripta en la consciencia individual y que forma parte de lo que se llama la capa inconsciente de la mente. La elección es, pues, consciente e inconsciente. El hábito se construye dentro de la psiquis y su funcionamiento parece más bien automático que consciente. Junto con el “código” que el organismo humano transporta de una generación a otra, también se transporta la tendencia a experimentar la ausencia de todas las cosas, que forman parte del código heredado. El sueño es, pues, una consciencia dormitante que experimenta la ausencia (abháya) de todas las cosas experimentadas en el estado de vigilia. No es la ausencia de la consciencia, que forma parte de citta, sino la ausencia de los objetos experimentados en el estado de vigilia. Es debido a este hecho que esta experiencia de abháya es capaz de ser recordada. Si no fuera una experiencia, la mente nunca podría haberla recordado.