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Yoga sutras

Este estado extraordinariamente reflexivo y altamente sensible de la mente se denomina Samapatti en el Sutra 41. Samapatti significa “encontrarse, salir al encuentro”. La entidad llamada “Hombre” y la entidad llamada el “mundo”, inclusivo del hombre, se encuentran y salen al encuentro uno del otro en el suelo llamado citta o la mente. No hay hombre sin mente; y no hay mente electiva sin hombre. El hombre y el mundo se encuentran mutuamente a través de los sentidos en el suelo de la mente. Aquí reaccionan o se responden entre sí. La tendencia electiva ínsita del hombre perturba, deforma y convierte en un revoltijo el orden natural de las cosas. Esto genera tensiones interiores que buscan expresión externa. En la Parte II veremos lo que los Yoga Sutras tienen que decir sobre este asunto. Por ahora, nos interesan los perfiles amplios del Yoga y del Samadhí.

Sutra Yoga

El Sutra 33 viene después que se evitaron todos los impedimentos mediante el refuerzo de abhyasa, como se sugiere en el Sutra anterior. Las aguas de la mente están ahora claras y calmas después que desaparecieron las olas de muchas tormentas. Ahora no hay nada que perturbe a las aguas calmas de la mente. Y tal como las aguas quietas de un lago reflejan con claridad a los cielos que están en lo alto, así también las quietas aguas de la mente reflejan ahora con claridad la realidad que es la vida. Esta realidad genera cuatro sentimientos que cumplen el papel de mantener claras y puras, durante todo el tiempo, a las aguas de la mente. La temporalidad no puede tocar la quietud de estas aguas porque estos sentimientos son las creaciones de la quietud misma. De aquí en adelante, las perturbaciones provendrán de dos dicotomías, diferentes entre sí. Una es la dicotomía entre goce y dolor, o felicidad e infelicidad. La otra es la dicotomía entre virtud y no-virtud. Goce y dolor son las dos formas básicas que asumen las experiencias humanas. Nada tienen que ver con correcto y equivocado, verdadero y falso, bueno y malo. Son cualidades inherentes (dharmas) de las experiencias. Y es sólo después que las repetidas secuencias de estas experiencias orientadas hacia goce-dolor se impregnan en las células cerebrales o en la sustancia mental, y como resultado de esto el hombre se enfrenta con la aflicción que entrañan, que ese hombre inventa algunas normas éticas para evitar la aflicción. Ahora entran en el escenario de la vida humana la virtud y la no-virtud. Pero el evitar la no-virtud o el pecado, y el adherir a la virtud o al no-pecado, son incapaces de resolver la aflicción que la dicotomía entre dolor y goce genera. No se puede poner fin a una dicotomía con otra dicotomía. Deberá cesar la dicotomía misma para que la vida se mueva en libertad y creatividad.