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Sutras

Los Sutras 23 y 24 nos dicen que cuando la percepción se vuelve pura y totalmente objetiva, la mente queda quieta y sin movimiento alguno. Se vuelve neutra como un cristal puro que refleja los colores de los objetos puestos en su vecindad y no muestra huellas de estos colores cuando se retiran los objetos de su vecindad. De hecho, ésta es la cualidad existencial de la mente: reflejar “lo que es” en su pureza y autenticidad existenciales. Esta cualidad es la que opera cuando la percepción es pura y totalmente objetiva. El Sutra 23 dice que cuando la mente refleja las dos realidades distintas —”quien ve” y lo “visto” como son en su pureza existencial, se vuelve inclusiva de todos los objetos (sarvartham). Esto es posible porque los vrittis no distraen, perturban ni deforman más “lo que es”. “Quien ve” en un extremo, y lo “visto” o el mundo objetivo en el otro, agotan entre ellos el universo. La mente, en un estado de quietud, funciona como un espejo inmaculado en el que “quien ve” y lo “visto” se reflejan en su claridad existencial. Esta claridad radica en una sola cosa. O sea, mientras lo “visto” o el mundo objetivo es temporal y siempre cambiante, “quien ve” es intemporal. El Sutra 24 dice que la mente existe no para sí sino en beneficio de algo distinto de sí, el purusa. Tal como los objetos y el mundo objetivo existen para otro (parartha), como se expresa en 11-18, así también la mente existe para otro. Todo lo que es puesto junto por el tiempo existe para el otro. Lo que no es puesto junto por el tiempo, pero que ve en un instante todo lo que el tiempo puso junto, existe para sí solamente (svartha). Esta última es la naturaleza existencial de “quien ve”, y cltta (la mente), como vimos, está compuesta por impresiones de experiencias pasadas. Por tanto, es un producto del tiempo. Pero citta difiere de todos los otros objetos temporales en un aspecto. Siendo citta, lleva consigo un elemento de clt; y así, cuando clt, la energía de la visión de “quien ve”, se despeja de las sombras del pasado, citta se vuelve vacío puro, capaz de reflejar todo. Y aunque este citta sea matizado por innumerables impresiones, aún retiene su característica existencial de servir a su amo, “quien ve” (Sutra 18). De hecho, la existencial razón de ser de la mente es ser de ayuda para que “quien ve” comprenda su identidad.
Lo que ocurre después que entendimos por completo la razón de ser de la mente y del mundo objetivo se describe en los siguientes Sutras que se consideran en el próximo capítulo.

Lotus sutra

El sueño (nidra) es, por tanto, un vritti metido en las células cerebrales o en la sustancia mental circunscripta en la consciencia individual y que forma parte de lo que se llama la capa inconsciente de la mente. La elección es, pues, consciente e inconsciente. El hábito se construye dentro de la psiquis y su funcionamiento parece más bien automático que consciente. Junto con el “código” que el organismo humano transporta de una generación a otra, también se transporta la tendencia a experimentar la ausencia de todas las cosas, que forman parte del código heredado. El sueño es, pues, una consciencia dormitante que experimenta la ausencia (abháya) de todas las cosas experimentadas en el estado de vigilia. No es la ausencia de la consciencia, que forma parte de citta, sino la ausencia de los objetos experimentados en el estado de vigilia. Es debido a este hecho que esta experiencia de abháya es capaz de ser recordada. Si no fuera una experiencia, la mente nunca podría haberla recordado.