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Yoga anusara

El Sutra 14 habla de la mente como dharmi que se mueve con (y habita) en tres características: santa, udita y avyapadesya. Cuando el Yogi mira a la mente, como dharmi, a través de los ojos de Sanyama, toma consciencia de estas tres características en un instante. Entonces dirige su Sanyama sobre cada una de estas tres características y descubre que la primera, santa, el estado inactivo o inerte de la mente, es producto de impregnaciones pasadas (samskara), que de hecho son vyutthana samskaras (mencionados en el Sutra 9), y su mirada yóguica sobre estos samskaras pasados le revelan el pasado íntegro que se apega a la mente, a través de la actividad de la memoria. El pasado es lo que desapareció, para nunca regresar. Pero dejó detrás impresiones que se graban en la sustancia mental. El misterio que estos samskaras ocultan detrás de sí es revelado ahora al Yogi a través de Sanyama. Habiendo obtenido, pues, el conocimiento del pasado, atita, dirige su Sanyama hacia lo que aún ha de arribar (o el futuro), o sea, anagata. Esta mirada yóguica penetra a través de la mente, la que entonces revela todo lo que puede hacer de aquí en adelante con respecto a su organismo psicosomático. El Sutra 16 habla de este conocimiento acerca del pasado y del futuro (atita-anagata).

Vinyasa yoga

¿Por qué debe ser esto así? Esta pregunta contiene el misterio total de la vida como afinidad. Asmita, enfrentado con este misterio, toma consciencia de avidya —la inconsciencia de “lo que es” en su totalidad. Vemos que interponer al “yo soy” entre “quien ve” y lo “visto” es romper la totalidad de “lo que es”, la totalidad de la afinidad, en fragmentos, llamándose un fragmento el observador o el experimentador, y el segundo denominándose el otro objeto o lo observado, lo experimentado. De esta manera, el experimentador, asmita, nace de avidya, y este último se atrinchera firmemente en abhinivesa. El sentido irreprimible de la importancia personal opera inevitablemente en interés de la perpetuación personal —que es la naturaleza misma de abhinivesa. Vemos ahora por qué avidya hacía que el hombre considere como permanente lo que de hecho es efímero; que considere como puro lo que de hecho es impuro; y que considere como placentero lo que de hecho es doloroso. La tendencia hacia la perpetuación personal da por resultado, naturalmente, suponer como permanente lo que sirve a los fines de la importancia personal. El origen del concepto de la inmortalidad y la eternidad del yo personal (atma) tal vez radique en esta forma de avidya. Asimismo, la tendencia hacia la autojustificación y el fariseismo da por resultado suponer como puro lo que de hecho es impuro, y por último, autoindulgencia en lo que se cree que son resultados agradables al suponer que es placentero lo que de hecho es doloroso. Al terminar avidya en abhinivesa, trastorna, pues, todo el mundo de la realidad. Esto se llama avidya-khyaü en el Sutra 5.

Prana yoga

Avidya se convierte, pues, en el suelo en el que echan raíz todas las tensiones psíquicas y brotan de muchas formas para enredar al hombre en sus tentáculos. La primera tensión que se arraiga de esta manera en la psiquis del hombre es el sentido del “yo soy” (asmita). Este sentido del “yo soy” no nacería en ausencia de avidya. En un estado de consciencia, nos referimos a todo lo que vemos como “eso”, incluido el hombre. Este sentido del “yo soy” connota una unidad indivisible de existencia. Torna al hombre cabalmente inconsciente del hecho de que, como entidad, está compuesto por dos energías distintas, que nunca podrán convertirse en una sola. Estas dos energías deberán permanecer siempre distintas una de la otra, aunque coexistan en el mismo cuerpo, como de hecho lo hacen. El hombre es “quien ve” y lo “visto” en el mismo lugar y en el mismo tiempo. Es no sólo posible sino también imperativo para el hombre ver el hecho de que “quien ve” nunca podrá convertirse en lo “visto”, y viceversa. Intercambiar estas dos energías distintas, mezclándolas ideacionalmente, es caer en la confusión. Estas dos energías inter-actúan entre sí un momento tras otro. Y el hecho mismo de esta interacción implica necesariamente que deben seguir siendo siempre dos fuerzas distintas del ser y del vivir. De hecho, toda experiencia humana, verdadera o falsa, es producto de la interacción existencial de estas dos variedades eternas. Sin ver y aceptar este hecho, no puede haber una experimentación clara de nada, y, por tanto, no puede haber conversación ni descubrimiento de lo que es real y lo que es irreal.

ABERTURA LONGITUDINAL DE PIERNAS, EN PIE Y CON FLEXIÓN HACIA ATRÁS

Antes de intentar esta posición, además de poder hacer fácilmente la Abertura Longitudinal de Piernas, se debe haber efectuado un calentamiento completo. De frente a su pareja, apóyele una pierna en el hombro y haga que le sostenga con ambas manos la región lumbar. Entonces acerqúese hasta apoyar firmemente el muslo contra el de su compañero. Sosteniéndose en los brazos de su pareja, eleve el pecho y flexiónese hacia atrás; suéltese y, lentamente, extienda los brazos hacia fuera sólo cuando se sienta firme y seguro. Repítalo cambiando de lado.
BENEFICIOS: La Abertura Longitudinal de Piernas, en Pie y con Flexión hacia Atrás representa un intenso estiramiento de las piernas que alarga por completo los músculos, en tanto permite que la espalda se estire estando apoyada y protegida. Produce también una enérgica abertura del pecho, brazos y hombros.