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Hallar la felicidad

La felicidad no es permanente. La neurología tiene una explicación para esto: somos capaces de valorar un estímulo por contraste con una situación inmediatamente anterior o inmediatamente posterior, distinta en intensidad o en calidad. Si pudiéramos tener una sensación de felicidad constante, seríamos incapaces de continuar sintiendo placer por agotamiento neuronal. Lo mismo ocurre cuando entramos a un sitio con un olor insoportable: al cabo de un tiempo nos acostumbramos y dejamos de sentirlo.
Como la felicidad es pasajera, no nos aburrimos ni nos acostumbramos. En la vida real, la sensación de felicidad es siempre algo pasajero. Desde el punto de vista neurológico, esto tiene la ventaja de impedir que dejemos de apreciarla por aborrecimiento, al tiempo que permite recordar un período de bienestar pasado y esperar otros en el futuro.
IMPULSOS Y NECESIDADES:
Las preocupaciones y preferencias humanas se han modificado en muy poco tiempo evolutivo. Estamos adaptándonos a una nueva situación y, como cualquier período de cambio, eso comporta inseguridad, miedo y ansiedad que se traducen en respuestas somáticas variadas. Actualmente existen “nuevos miedos”. Vivimos una época en la que conviven las nuevas necesidades y los nuevos miedos (por ejemplo, a perder el trabajo, o a la inseguridad) con las necesidades y los miedos más ancestrales, como la delimitación del territorio o la propiedad. Con todo, el ser humano experimenta una suma de impulsos, frente a la amenaza de ver impedida una de sus necesidades:
• Los impulsos primarios, también llamados instintos, están dirigidos a asegurar que el organismo tenga oxígeno, agua y alimentos. También existe un impulso sexual, destinado a asegurar la reproducción de la especie.
Tenemos, del mismo modo, la necesidad de dormir y la necesidad de calor.
Algunas de estas necesidades son automáticas, mientras que otras requieren de cierta preocupación. De todas maneras, al vivir en una sociedad ordenada son pocas las preocupaciones que tenemos en este sentido.
Los impulsos aprendidos. Tienen un interés indudable, porque son el motor directo de muchas conductas. Los seres humanos aprendemos a ser poderosos, creativos, sociables, competitivos, a buscar la aprobación o a querer superarnos a nosotros mismos y a los demás.