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Psicología somática

Psicología somática. La psicología social es un vector resultante de la conjugación dinámica de los individuos de las diferentes sociedades. Estos individuos, como componentes de las sociedades, son cambiantes, mutantes e influenciables desde lo psíquico y, por supuesto, desde lo físico, pero el único vehículo de conexión y relación entre ellos es >u soma (cuerpo). La mente y su vehículo i nmediato de transmisión social —la palabra oral o escrita— pueden mentirle a cualquier analista receptor, pero el cuerpo rara vez p uede mentir u ocultar sus sentimientos o sensaciones inmed iatas a un recep-toratento.Elsomatoa-nálisis es, en ocasiones, más eficaz para diagnosticar ciertas situaciones inmediatas que el análisis psíquico. Esta afirmación no debe entenderse como que ambos deben excluirse sino, por el contrario, que deben complementarse necesariamente.
La psicología somática plantea una diferencia sustancial con la psicología individual tal como la entendía Adler. Para Adler, la actitud y la forma eran un mismo y único concepto; para la psicología somática no. La actitud (Einstellung) corporal de cada individuo refleja su psique, y es, a la vez, esta actitud su mensajero inconsciente que es captado por otro individuo mediante el lenguaje inconsciente corporal. La psicología de lo somático es: la psicología individual de las relaciones con nuestros semejantes.
La diferencia, en psicología somática, entre la actitud y la forma, estriba en que la actitud es guiada por las necesidades, deseos o instintos fundamentales: 1) nutricional, 2) sexual y 3) de poder. La actitud tiene siempre un objetivo, mientras que la forma es el resultado de la somatización de la búsqueda para lograr ese objetivo.
El individuo utiliza objetos para lograr su objetivo, somatizando sus tendencias inconscientes o conscientes. Incluso llega a teatralizar su somatización cuando quiere imponer su consciente sobre su inconsciente. Esta teatralización es la forma que encubre una actitud. Precisamente, estos gestos son el lenguaje corporal individual que es desarrollado desde la niñez. Esta forma de somatización, que un individuo ejerce con más o menos frecuencia para lograr sus objetivos mediante gestos que utiliza con algún arte, es el lenguaje corporal, que debe ser analizado mediante un somatoanálisis primario, que debe conectarse con un psicoanálisis secundario, dando lugar al psicosomatoanálisis integral. Esta visión totalizante de la personalidad que, como sostiene Filloux, es, por sí misma, indivisible e individual en cuanto a particular y privativa de cada ser humano…
Cuando estos gestos y somatizaciones son un bloqueo energético surgido de conflictos internos, los denominamos corazas. Las corazas son, en ocasiones, las representaciones físicas de escudos psíquicos. Existe una diferencia entre escudo y coraza: el primero obedece a la esfera de la voluntad de poderío, y la segunda al instinto sexual. La coraza, como emergente del escudo, es la represión de lo sexual por parte del poder (búsqueda de poderío), una lucha entre la libido y la voluntad que representan el hambre de uno y otro instinto. Estos instintos representados psicofísicamente (Fechner) por el cerebro y los genitales, generan una bipolaridad energética real en el cuerpo humano por su situación geográfica enfrentada, en los extremos de la columna vertebral, que excitan la corriente bioenergética, de trasmisión nerviosa, a través de la médula. Los intereses de estos deseos y necesidades son, en ocasiones, opuestos o bien complementarios, lo que depende del sentido de armonía de cada individuo. Biológicamente, representan la tendencia de reproducción v dominio de una especie sobre las otras.