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EL ÁRBOL I

Pónganse en pie a unos sesenta centímetros de distancia, con los pies paralelos. Levanten el brazo que queda en el interior y sujeten la mano del compañero mientras levantan el pie de la parte exterior hasta apoyarlo lo más alto posible en la cara interna del muslo. Traben (extendiéndola por completo) la rodilla del interior y manténganse erguidos, mientras ambas manos libres se tocan ligeramente. No se apoyen el uno en el otro. Permanezcan erguidos, con el pecho elevado, el cóccix hacia dentro y abajo, las caderas niveladas. Tan inmóviles como les sea posible, con la mirada fija en un punto, respiren de forma regular. Mantengan la postura acentuando el estiramiento, y luego repítanla cambiando de lado.
BENEFICIOS: Aunque es una postura fácil, el Árbol I requiere un firme equilibrio para no hacer caer al compañero. Fortalece tobillos y piernas, y cultiva la atención y la calma.

La armonización

La práctica del yoga en pareja exige armonización entre ambos compañeros. Cuando uno de ellos empuja demasiado, o no sostiene lo suficiente, los dos perderán el equilibrio. Como en cualquier relación íntima, cada uno de los participantes del yoga en pareja reflejará los errores y los desequilibrios del otro. Ambos deben cultivar su capacidad de comunicación verbal y no verbal, su sensibilidad, su paciencia y su confianza, y cada uno debe darse cuenta de los efectos recíprocos de sus movimientos. Primero hay dos personas y dos posturas que se entremezclan. Después, a medida que se logra la armonización, la doble postura se transforma en una postura única, en una interacción dinámica de energía.