Meditacion
Después de esta percepción extraordinaria, advertimos que las pausas al final de la inhalación y la exhalación empiezan a alargarse y a impartir al estado firme una profundidad extraordinaria, que parece abrazar todo el misterio de la relación entre la vida y el mundo objetivo. El “apasionado interés” original adquiere ahora la iluminación de la inteligencia. Es así que descubrimos, de repente, el significado de una expresión que aparece después en la Parte II, a los efectos de que la meditación sobre la respiración elimine las coberturas de la iluminación interior (11-52). ¡Un descubrimiento asombroso! No es más un hecho aislado de respirar por parte de un individuo inconsecuente. Es como si el aire, que constituye parte integral del mundo objetivo, tuviera que dar un mensaje. La entidad que respira —que tontamente denominamos “yo” o “mí”— es un significativo punto focal en el que todo el mundo objetivo converge y ofrece una experiencia que se funde en la “visión” y, por así decirlo, se renueva, dándole nueva riqueza y significado siempre nuevo. Es como si existiera un dar y un recibir que prosiguen un momento tras otro, en los que ni el tiempo, ni el espacio ni la circunstancia parecen relevantes para experimentar y ver. Es un equilibrio ecológico vital, dinámico y significativo entre “quien ve” y lo “visto”. La realidad de la percepción pura lleva consigo, pues, un significado ecológico. Al desequilibrio ecológico que ahora plantea una amenaza para la sobrevivencia de la vida en la tierra, en forma de contaminación mundial, se lo ve, pues, en realidad, como un producto de la percepción que se equivocó y de la mente que enloqueció.


