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Preguntas e historias de Indra Devi

Usted muchas veces habla de las mayorías y las minorías.

-Siempre se dice que la mayoría tiene razón. Pero no, la minoría la tiene. La mayoría es como ganado, no piensa. Puedo dar ejemplos: Poncio Pilatos lavó sus manos y dijo que la gente decida qué hacer con Cristo. ¿Y qué hizo la mayoría? Lo crucificó. Lo mismo sucedió con Galileo Galilei; y 400 años después, el Papa admitió que cometieron un error al matarlo. Y esto no sólo sucede en la parte religiosa. El pintor Modigliani era tan pobre que no tenía para comer… ¡Ahora trate de comprar una obra suya! Otro caso: un grupo de hombres se junta siempre en un bar a charlar y beber. Un día, uno de ellos le anuncia al resto que dejó de tomar. Los amigos, en vez de felicitarlo, le dicen: “No seas tonto, toma una copita”. Conclusión: la mayoría nunca tiene razón.

¿Cree que tos seres humanos usamos la mente?

-La mayoría de la gente no la usa. Cuando doy una charla pública, siempre pregunto: “¿Les gustaría que alguien se les acerque en la calle y les regale flores?”. Todos contestan que sí. ¿Y por qué no lo
hacen ellos con los demás? No pensamos. Hay que pensar más allá del propio placer. Una vez, estando en la India por tomar un avión, me caí y me disloqué el brazo derecho. Después de ver las radiografías, el doctor me dijo que si no me operaba, nunca más iba a poder usarlo bien. Lo miré fijamente a los ojos y le dije que no lo iba a hacer. Cuando en México me sacaron el yeso, estaba bien. De regreso a la India, fui a ese hospital, hablé con el mismo médico y me dijo: “Usted tiene una mente y la usa. La mayoría de la gente no la usa, y por eso nos necesita a nosotros”. Con la práctica del Yoga, poco a poco, uno aprende a usar y desarrollar las capacidades de su mente.

¿Cómo se puede ayudar?

-El mensaje de Cristo, de Buda, de todos los Grandes, se puede sintetizar en dos palabras: Luz y Amor para todos, incluso para los que nos odian. A través de un hecho, con un pensamiento o una palabra… Hay que hacerlo no sólo con los que nos quieren, los familiares, sino también con aquellos que nos hacen daño. ¿Sabe lo que me pasó ayer? Estaba repartiendo flores en la calle y un viejito me dijo que desde que murió su esposa, no compraba más. Le aclaré que se las regalaba, y le dije que las ponga en agua frente a una foto de su mujer. “¡Gracias!”, me dijo aliviado. Hay que hacer aquellas cosas que nos gustaría que hagan con nosotros.

¿Qué valor tiene la amistad?
-Cuando me iba a mudar de la India a la Argentina, mis amigos me decían: “¿Qué hay allí?”. En ese momento no lo sabía, pero nunca voy en contra de mi voz interior. Sentía algo muy fuerte, y me vine para acá el 15 de febrero de 1985 (esta entrevista fue realizada en Buenos Aires). Ahora, frente a la misma pregunta, tengo la respuesta: “Tengo amigos”. Tengo mucha afinidad y miles de historias con taxistas. Una vez, durante un viaje, uno hizo un movimiento con su cabeza y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que sufría de dolor de cuello. En el semáforo, le di un masaje. Y se paró otro taxi al lado y me gritó: “A mí también”. ¡Qué lindo! Otro caso: le pregunté al chofer cuántas horas trabajaba, quién preparaba la comida en la casa, etcétera, hasta que llegamos al tema del Yoga. Le dije que ni en la escuela, ni en la iglesia, ni en la universidad, nos enseñan a respirar. La mayoría de la gente usa sólo la parte de arriba de los pulmones durante toda su vida. ¿Para qué tiene la parte baja, es una decoración? Le expliqué que en Yoga se enseña un ejercicio para lograr la respiración profunda (se llena primero la parte baja, luego la media y finalmente la alta). Cuando llegué a destino, lo hice descender, tomé sus manos y las puse en mis costillas para mostrarle cuál es la parte baja. El lo entendió muy bien, lo practicó y nos abrazamos. Cuando comenté esta experiencia, me preguntaron sorprendidos si estaba dando una clase de Yoga, en una esquina, a un taxista. ¿Por qué no? Esta persona tenía “una cortina”, como el mundo entero. Y es tan lindo vivir sin ella…

La biografía de Indra Devi

Indra Devi nació en Rusia el 12 de mayo de 1899. Atraída desde ¡oven por la cultura y espiritualidad de la India, se radicó allí en 1927. Estudió Yoga y conoció a relevantes personalidades como Javaharal Nehru, Mahatma Gandhi y el poeta Rabindranath Tagore, entre otros. Viajó a China y abrió en Shangai la primera escuela de Yoga.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Indra Devi volvió a la India, dio conferencias sobre el tema del Yoga y se convirtió en la primera mujer occidental que enseñó esta disciplina en ese país. Enseñó tanto en Hollywood como en el Kremlin, donde logró abolir la prohibición impuesta sobre esta disciplina. Viajó a Argentina por primera vez en 1982, y en su quinta visita decidió instalarse en Buenos Aires para dedicarse a la enseñanza del Yoga. En el año 2001 “desencarnó” y pasó a otra vida.