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La enfermedad psicosomática

TODO ESTÁ EN LA MENTE:
Siempre que existen síntomas de somatización hay un trastorno psíquico. El problema es que pocas veces el paciente se da cuenta de esa relación. De hecho, en ocasiones ni siquiera hay una verdadera noción del problema psíquico, de manera que resulta muy difícil prevenir la aparición de los trastornos físicos. Esto suele ocurrir, por ejemplo, con las personas que se embarcan en una vida agitada por los negocios y que sólo cuando sufren un infarto descubren que vivían en el caos.
El origen psicológico de una enfermedad no resta importancia al problema. De hecho, una enfermedad psicosomática puede ser tan perjudicial para la salud como los trastornos por microorganismos, nutrición o desequilibrios metabólicos.
La medicina occidental tiende a resolver los síntomas sin atender a la causa. Por esa razón, en la mayoría de los casos, las enfermedades psicosomáticas se repiten a lo largo del tiempo: si no se resuelve la causa, la respuesta física reaparece. Los estados emocionales negativos pueden contribuir de dos maneras a la enfermedad física: produciendo síntomas directos, como dolores de cabeza y problemas digestivos, o debilitando las defensas de modo que el organismo se vuelva más propenso a ser atacado por agentes infecciosos. En este segundo caso, es probable que sea más costoso superar la enfermedad que en circunstancias normales. Del mismo modo, es usual que la misma enfermedad reaparezca varias veces.
CÓMO RECONOCERLAS:
Una persona angustiada puede sentir un ahogo repentino y pasajero. Pero cuando esa angustia se vuelve cotidiana y da lugar a la depresión, el ahogo será constante y ocasionará problemas respiratorios. El asma, por ejemplo, puede ser un síntoma típico de la depresión y, sin dudas, es una enfermedad psicosomática.

• Una característica que define a este tipo de patologías es que se da con síntomas físicos crónicos o que aparecen y desaparecen de manera periódica sin que ningún tratamiento médico logre mejorarlos.
• También puede suceder que esos síntomas se eliminen utilizando la medicina pero que, al cabo de pocos tiempos, surjan otros. Estas circunstancias indican que existe algún conflicto no resuelto de origen emocional.

EL TRATAMIENTO ADECUADO:
Es claro que una enfermedad psicosomática no puede tratarse sólo desde un punto de vista farmacológico. Los medicamentos podrán eliminar los síntomas pero de ninguna manera las causas. De manera que el tratamiento adecuado en estos casos es abordar la enfermedad desde una perspectiva médico-psíquica que permita atacar la disfuncíón teniendo en cuenta el origen orgánico y psicológico del cuadro.
MEDICINA + PSICOTERAPIA.

Mientras se resuelven los síntomas por medio de medicamentos u otros tratamientos indicados en cada caso, es necesario realizar una psicoterapia que, paulatinamente, vaya creando las condiciones mentales necesarias para eliminar el origen de la patología y evitar una reaparición de los síntomas. El tratamiento psicológico a menudo es individual pero en ocasiones puede ser familiar.

Enfermedad psicologica

Esconder las emociones ouede ser el germen n cial de una enfermedad psicosomática. Por el contrario, reconocerlas y comprender por qué las tenemos es un paso para que el cuerpo no se vea afectado por la tristeza, el estrés o la ansiedad. A veces una simple visita al psicólogo nos puede ayudar bastante.
EL CUERPO ENFERMO:
Son muchas las enfermedades que se pueden desencadenar a partir de una somatización de emociones no resueltas por las vías normales. En muchos casos, se trata de problemas que pueden repetirse o adquirir una forma crónica. En otros casos, pueden ser problemas pasajeros. Las psicosomáticas son dolencias que afectan todos los sistemas del organismo:
• Sistema digestivo. Úlcera péptica, colitis ulcerosa, gastritis, constipación, hemorroides y alteraciones a nivel de la vesícula.
• Sistema respiratorio. Asma bronquial, bronquitis, rinitis alérgica y sinusitis.
• Sistema cardiovascular. Hipertensión arterial, infarto de miocardio y hemorragias cerebrales. Estas personas son muy trabajadoras, compulsivas y siempre les falta el tiempo.
• Sistema genitourinario. Vaginismo, trastornos menstruales, enuresis, disfunciones sexuales, etc.
• Sistema endocrino. Bocio, diabetes, hipertiroidismo y obesidad.
• Sistema locomotor. Dolores lumbares, defectos en la postura, artritis reumatoidea.
• Piel. Eccema, alopecia, picazón, urticaria, psoriasis, etc.