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El yoga y su energia

Este proceso de negar los cuatro factores que subyacen en las acciones de los no-Yogis conduce a un descubrimiento importante. Es el descubrimiento que revela el misterio que subyace en el tiempo como en el pasado y el futuro. El pasado (atita) continúa existiendo en el presente a través de la memoria de las impresiones de las experiencias y acciones pasadas, lo cual forma la sustancia inconsciente de la mente. Y el futuro, que aún ha de arribar (anagata), está ya en esta sustancia inconsciente de la mente, como el fruto está en la semilla. Una semilla del mango deberá producir necesariamente un fruto de mango, y ningún otro. Y aunque la semilla es el producto del pasado, lleva consigo su sustancia cuyo fruto arribará en el futuro. Este futuro, siendo determinado por el pasado, existe en el presente en la sustancia material de la semilla. El modo del pasado y el modo del futuro difieren solamente en sus direcciones (adhva-bheda). Pero el material sobre cuya base el pasado y el futuro funcionan en sus respectivos modos retiene su identidad (svarupa) en todo tiempo. El movimiento, que es el rasgo distintivo del tiempo o la temporalidad, implica necesariamente el movimiento de un objeto o una sustancia. Si no hubiera objeto, no podría haber movimiento y, por tanto, no podría haber tiempo como pasado o futuro.
En consecuencia, la energía (de la que los objetos son formas), tomando consciencia de sí en el hombre, ve a través de los diferentes movimientos del pasado o del futuro, y así se libera de la identificación con ellos. Tal consciencia liberada es intemporal.

El yoga

El Sutra 18 dice que cuando el Yogi percibe directamente (saksatkaranat) la compleja masa de impregnaciones pasadas (samskaras) en su sustancia mental, ve claramente las secuencias (krama) que las hacen nacer. Y siguiendo estas secuencias hasta sus orígenes, llega a las encarnaciones anteriores a través de las que su sustancia mental debió haber pasado para llevar el recuerdo de las experiencias. Los recuerdos de estas encarnaciones pasadas son ahora meras impregnaciones estáticas. La mirada penetrante e inquisitiva del Yogi, cargada con la energía de la “visión pura”, por decirlo así, activa estas impregnaciones (samskaras) para que empiecen a desarrollar las secuencias que las hicieron nacer en la forma de una constancia grabada de experiencias pasadas.

El yoga

El Yoga descarta todos esos enfoques fragmentarios de la situación existencial. Todos pertenecen al dominio de la visión del mundo nacida de avidya-khyati. Por tanto, el Yoga, primordialmente, ataca a avidya-khyati y lo niega mediante viveka-khyati. Este enfoque básico e integral es el que conduce al emerger del óctuple camino yóguico de vivir. Es con los ojos de este enfoque integral que miramos nuestro cuerpo y descubrimos que, cuando el cuerpo está en la postura correcta, esto ocasiona una relación existencial con el mundo en el que hallamos nuestro ser. Es ahora, con la clara comprensión de yama y niyama que miramos nuestro cuerpo y sus movimientos, burdos y sutiles. Esta mirada misma nos permite descubrir, después de alguna prueba y error, una postura que tiene significado inmenso. Vemos la necesidad de relajación total de todo esfuerzo (Sutra 47), y de dejar que el cuerpo halle su ángulo natural de reposo.  Vemos que todo esfuerzo es egocéntrico y, por tanto, capaz de daño infinito. Cuando descartamos el esfuerzo y nos relajamos, descubrimos una postura en la que podemos estar con firme comodidad sin que nos moleste el tiempo ni la impaciencia.  En esta postura yóguica (asana) nos hallamos en un estado de la mente en armonía con el estado de reposo que es interminable (Sutra 47). Es como si fuera un “ángulo de reposo” cósmico en el que la inercia (sthiti) y el componente integral de las tres energías de la naturaleza, se tornaran conscientes de sí. La inercia, por decirlo así, es iluminada por la “visión pura”. La inercia cósmica y nuestra inercia corporal coexisten en el mismo largo de onda. El cuerpo está en armonía con el mundo que le rodea en el nivel de la inercia, una armonía que está cargada con la energía de la “visión pura”.

El yoga

Por tanto, el Yoga sostiene que, puesto que el apasionado interés dado por la naturaleza en vastu es obligación para la sobrevivencia misma del hombre, es esto lo que deberá formar el tema sustancial básico del interrogante del hombre, con el fin de descubrir la naturaleza y el significado de la relación del hombre con el mundo. Es de este interés apasionado por vastu del que depende el acto del hombre de experimentarlo y conocerlo todo. En ausencia de tal interés apasionado ordenado existencialmente, no habría experimentación ni conocimiento de nada. El mundo como vastu deberá permanecer cognoscible o incognoscible, dependiendo del apasionado interés del hombre, o de su falta de interés, por vastu.