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El Yoga

Quien efectuó hasta aquí el viaje, en el sentido en el que los Sutras esperan que lo haga, llega a un punto en el que la naturaleza existencial del mundo objetivo se le revela ante los ojos. Es un mundo gobernado por el tiempo y la causalidad, cuyas operaciones sutiles no tienen ahora misterio para el ojo yóguico. Tan pronto como ocurre esto, las energías cósmicas que mantienen al mundo no empiezan a ofrecer nada nuevo o significativo cuando su razón de ser concluyó en lo que al Yogi concierne. Por tanto, empiezan a correr contra su temporalidad unidimensional y a través del Yogi se vuelven creativas. Esto se llama pratiprasava en el Sutra 34. Aquel cuya presencia misma convierte las energías cósmicas temporales en una creatividad siempre fresca en libertad total se dice que se establece en su identidad existencia]. Esta identidad se conoce también como citi-sakti o la Energía Que Ve.
Mientras lo “visto” domina la visión del hombre, la Energía Que Ve permanece dormida e inactiva. Pero en el momento en que el hombre comprende que él es “quien ve” y mira lo “visto”, esto último se convierte en un instrumento de su creatividad siempre renovada.
Es aquí donde termina el Yoga, en la creación de una mente nueva, un hombre nuevo y un mundo nuevo. De esta manera, el Yoga abre infinitas posibilidades de felicidad y beatitud para la humanidad a través del despertar de la Energía Que Ve, que es eternamente libre e infinitivamente creativa de lo que está preñado de Verdad, Bondad y Belleza.

El yoga

El Sutra 26 expresa que con la eliminación total del egocentrismo y la complacencia en sí mismo, la mente adquiere una cualidad totalmente nueva. De hecho, recupera su pureza existencial que se corrompiera a través de las actividades de la egocentricidad. Así, la mente se libera de todas las perversidades ideacionales egocéntricas, se vuelve pura y clara como cristal. Debido a esto, se carga con la inteligencia discernitiva y se vuelve totalmente orientada hacia la libertad. Estar orientado hacia la libertad es abstenerse de enredarse en el enloquecedor torbellino de la temporalidad. Este es el requisito básico para una visión creadora siempre fresca y siempre renovadora.

El hombre y el yoga

El Sutra 17 dice que el mundo objetivo o vastu se vuelve conocido o permanece desconocido, dependiendo de la pasión de la mente por él. Si no hubiera una pasión que impulsara al hombre hacia el mundo objetivo, en ningún tiempo habría conocimiento de nada. El verdadero conocimiento no es ideación sino un sentimiento apasionado por el significado de la vida que vibra dentro de uno para satisfacer el hambre, la sed o el sexo, que un objeto apropiado de vastu ofrece al hombre. Hay una emoción existencial de júbilo de la vida en esta satisfacción. El significado existencial de conjuntividad, de unicidad y de alteridad es iluminado por esta pasión y su natural satisfacción. En ausencia de esto, la vida permanecería estéril y cabalmente carente de significado.
Pero, lamentablemente, el hombre ignora esta pasión existencial y su satisfacción. No se detiene a reflexionar sobre el significado existencial de semejantes acontecimientos simples, inocentes y naturales. Su mente egocéntrica trata sin miramiento tales acontecimientos y desea más, más y más todavía. Se vuelve codiciosa, agresiva, voluptuosa y vulgar. Ignora el hecho de que la sobrevivencia que necesita experiencia y goce del mundo objetivo significa e implica sobrevivencia de todos los seres y no “mi sobrevivencia” a costa de todo lo demás. Y cuando “mi sobrevivencia”, “tu sobrevivencia” y la “sobrevivencia de todos los seres y toda la vida en su totalidad” empiezan a chocar una contra otra, el hombre no enfrenta sino dolor, aflicción y una amenaza siempre creciente para la sobrevivencia de la vida en esta tierra. Por tanto, cuando el límite existencial y bien definido del individuo necesita cruzarse, este cruce convierte la necesidad en codicia, y el hombre es un monstruo.

El yoga

Un no-Yogi (un hombre corriente) cuyas acciones asumen tres formas —brillante, oscura y una mezcla de ambas— y que descubre que todas sus acciones son motivadas egocéntricamente, llega a comprender tarde o temprano lo que se describió en los Sutras 7 a 13, y se consideró en el capítulo anterior. Quien se halla de repente en esta comprensión, toma consciencia del hecho de que el principio subyacente en la objetividad de un objeto, o el mundo objetivo (vastu), radica estrictamente en una sola cosa. Es el cambio perpetuo (parinama). Vastu seguiría siendo siempre incomprensible y desconocido si su existencia no tomara una forma claramente perceptible por el ojo o la mente. Es decir, vastu ha de aparecer en forma perceptible a fin de declarar su existencia a un observador. Esto sólo puede ocurrir si vastu experimenta un cambio de un momento al otro y se solidifica bastante para que se lo vea. Esta es la manifestación de vastu. Vastu es manifiesto o inmanifiesto. Todo lo que vemos y de lo que tomamos consciencia se ve que experimenta un cambio perpetuo. Una flor fresca, vista tras un lapso, parece haber perdido su frescura. Sufrió un cambio por el puro paso del tiempo. Una pieza brillante de tela conservada en una caja y sacada luego de un año más o menos, se ve que perdió su brillo por el puro paso del tiempo. El tiempo es lo que prosigue un momento tras otro, produciendo efectos o cambios. Y el efecto acumulado de muchos momentos se convierte en un objeto perceptible para el ojo o la mente. Esta es la manifestación de lo que llamamos con el nombre de “objeto”. Asimismo, todo lo que así se manifiesta experimenta un cambio un momento tras otro, hasta que finalmente lo que se manifestó se vuelve nuevamente inmanifiesto.

El yoga y su identidad

El Sutra 13 dice que las características de un objeto, o el mundo objetivo, son manifiestas (vyakta) o inmanifiestas, o sea, sutiles e invisibles (suksma). Lo que está en su propia identidad (svarupatah asti, Sutra 12) es manifiesto y visible, o sutil e invisible. Esto es así porque está compuesto por ganas o por el complejo de las tres energías mencionadas en II-18. Es un complejo de estas tres energías (gimas) que interactúan entre sí el que hace a los objetos manifiestos o claros para el ojo o la mente. Cuando no hay tal manifestación, la sustancia material (las energías triples) de la que están hechos los objetos permanece inmanifiesta o invisible. La sustancia material, aunque inmanifiesta o invisible, continúa existiendo todavía. Nunca cesa de existir.
Esto nos pone frente a frente con “lo que es”, o la sustancia de la que está hecho el universo. Los siguientes Sutras, considerados en el próximo capítulo, arrojan luz sobre esta “sustancia”, que se titula vastu o realidad. Para encontrar informacion sobre Reiki has click en el link.

El yoga y su energia

Este proceso de negar los cuatro factores que subyacen en las acciones de los no-Yogis conduce a un descubrimiento importante. Es el descubrimiento que revela el misterio que subyace en el tiempo como en el pasado y el futuro. El pasado (atita) continúa existiendo en el presente a través de la memoria de las impresiones de las experiencias y acciones pasadas, lo cual forma la sustancia inconsciente de la mente. Y el futuro, que aún ha de arribar (anagata), está ya en esta sustancia inconsciente de la mente, como el fruto está en la semilla. Una semilla del mango deberá producir necesariamente un fruto de mango, y ningún otro. Y aunque la semilla es el producto del pasado, lleva consigo su sustancia cuyo fruto arribará en el futuro. Este futuro, siendo determinado por el pasado, existe en el presente en la sustancia material de la semilla. El modo del pasado y el modo del futuro difieren solamente en sus direcciones (adhva-bheda). Pero el material sobre cuya base el pasado y el futuro funcionan en sus respectivos modos retiene su identidad (svarupa) en todo tiempo. El movimiento, que es el rasgo distintivo del tiempo o la temporalidad, implica necesariamente el movimiento de un objeto o una sustancia. Si no hubiera objeto, no podría haber movimiento y, por tanto, no podría haber tiempo como pasado o futuro.
En consecuencia, la energía (de la que los objetos son formas), tomando consciencia de sí en el hombre, ve a través de los diferentes movimientos del pasado o del futuro, y así se libera de la identificación con ellos. Tal consciencia liberada es intemporal.

El hombre y la naturaleza en el yoga

3. El Sutra 3 dice que ninguna causa de factura humana ni otra (nimitta) puede originar o mantener la “corriente de la naturaleza”. Todo lo que el hombre puede hacer es utilizar la “corriente de la naturaleza” para su beneficio, como el granjero utiliza la corriente del río, de factura natural, para irrigar sus campos cavando un canal. Esto es todo lo que al hombre le es dado. Pero sus posibilidades son tremendas si el hombre se encarga de respetar y entender la situación existencial. El hombre difiere de todo lo que es de factura natural en un aspecto: su aptitud para elegir (varana-bheda). Por tanto, la situación existencial exige que el hombre deba explorar las posibiüdades inmensas de esta aptitud única.  No deberá malgastar en minúsculas trivialidades la tremenda energía potencial que esta aptitud para elegir esconde en su núcleo. Esta posibilidad es coigual y coexistensiva con las tres energías cósmicas que originan y mantienen la corriente de la naturaleza y el orden ecológico del universo.

El yoga

El Sutra 18 dice que cuando el Yogi percibe directamente (saksatkaranat) la compleja masa de impregnaciones pasadas (samskaras) en su sustancia mental, ve claramente las secuencias (krama) que las hacen nacer. Y siguiendo estas secuencias hasta sus orígenes, llega a las encarnaciones anteriores a través de las que su sustancia mental debió haber pasado para llevar el recuerdo de las experiencias. Los recuerdos de estas encarnaciones pasadas son ahora meras impregnaciones estáticas. La mirada penetrante e inquisitiva del Yogi, cargada con la energía de la “visión pura”, por decirlo así, activa estas impregnaciones (samskaras) para que empiecen a desarrollar las secuencias que las hicieron nacer en la forma de una constancia grabada de experiencias pasadas.

El yoga

La naturaleza de la mente se expone más tarde en la Parte IV. Allí se nos dice que la mente (citta) como una entidad existencial (dharml) es común a todos los seres o especies. En el caso de la especie humana, el emerger de asmita (“el yo soy”) aporta diferencias a cada ser humano individual debido a los diferentes modos en que la propensión electiva que nace de asmita funciona en los individuos. El Sutra 23 de la Parte IV dice que cuando la mente (citta) es atraída apasionadamente hacia “quien ve” y “lo visto”, a un mismo tiempo, se vuelve capaz de reflejar el mundo objetivo entero.

El yoga

El Yoga descarta todos esos enfoques fragmentarios de la situación existencial. Todos pertenecen al dominio de la visión del mundo nacida de avidya-khyati. Por tanto, el Yoga, primordialmente, ataca a avidya-khyati y lo niega mediante viveka-khyati. Este enfoque básico e integral es el que conduce al emerger del óctuple camino yóguico de vivir. Es con los ojos de este enfoque integral que miramos nuestro cuerpo y descubrimos que, cuando el cuerpo está en la postura correcta, esto ocasiona una relación existencial con el mundo en el que hallamos nuestro ser. Es ahora, con la clara comprensión de yama y niyama que miramos nuestro cuerpo y sus movimientos, burdos y sutiles. Esta mirada misma nos permite descubrir, después de alguna prueba y error, una postura que tiene significado inmenso. Vemos la necesidad de relajación total de todo esfuerzo (Sutra 47), y de dejar que el cuerpo halle su ángulo natural de reposo.  Vemos que todo esfuerzo es egocéntrico y, por tanto, capaz de daño infinito. Cuando descartamos el esfuerzo y nos relajamos, descubrimos una postura en la que podemos estar con firme comodidad sin que nos moleste el tiempo ni la impaciencia.  En esta postura yóguica (asana) nos hallamos en un estado de la mente en armonía con el estado de reposo que es interminable (Sutra 47). Es como si fuera un “ángulo de reposo” cósmico en el que la inercia (sthiti) y el componente integral de las tres energías de la naturaleza, se tornaran conscientes de sí. La inercia, por decirlo así, es iluminada por la “visión pura”. La inercia cósmica y nuestra inercia corporal coexisten en el mismo largo de onda. El cuerpo está en armonía con el mundo que le rodea en el nivel de la inercia, una armonía que está cargada con la energía de la “visión pura”.