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El yoga Samadhi

Con este aflojamiento de todas las esclavitudes nacidas del pasado, empiezan a ocurrir dos cosas: i) la pureza del ser (satva), y ii) la pureza de la virilidad en el ser del hombre (purusa). El ser del hombre se convierte en base para la recepción libre y plena de todas las cosas y todas las experiencias o todo conocimiento. Esto ocurre porque el hombre se convirtió ahora en satva-purusanyata-khyatimatra —cuestión de conocimiento puro de la distinción entre “quien ve” y lo “visto”, entre la virilidad del hombre, por un lado, y su ser en la forma de su organismo psicoso-mático, por el otro. Puesto que en este universo inmenso todo existe, en lo que al hombre concierne, sólo en y a través de lo que se recibe dentro por medio de los sentidos y la mente, el hombre se convierte en la base para la recepción de todas las cosas y, por tanto, de la omnisciencia (Sutra 49). Pero esta omnisciencia no debe degenerar en forma alguna de egoísmo. Cuando vemos este peligro perdemos interés incluso por esta prodigiosa omnisciencia. Puede estar allí o no. Una vez que vimos la verdad radiante de todas las cosas, nada más importa. Así, varlagya o el desinterés incluso por la omnisciencia, incendia todas las semillas de impureza, en el ser del hombre y en la virilidad dentro de él. La pureza total e igual de ambos es la libertad total (Sutra 55). Esta es la consumación del hombre, como producto de la naturaleza, en un ser humano existencialmente auténtico. Este es el HOMBRE cuyo ser y vivir habita siempre en libertad total. Este es el hombre transformado en Yogi.
Una cosa más. El Sutra 37 establece que los siddhis son dañinos para el Samadhi. Si quien está en el sendero del Yoga, es atrapado en las prodigiosas emociones de los siddhis, pierde contacto con el Samadhi, y es entonces arrojado de vuelta en el corruptor cenagal del modo no-yóguico de vivir. Un Yogi real y auténtico jamás será un exhibicionista, que evidencie sus poderes extraordinarios. Quienes lo hacen y consiguen el aplauso de las multitudes de todo el mundo que se deleita en las sensaciones no son Yogis, sean lo que ellos fueren. De hecho, son los destructores y pervertidores de la disciplina del Yoga. Siglo tras siglo, al Yoga se lo ha llegado a igualar con la adquisición demostrable de siddhis. Esto es una mentira y una blasfemia contra el Yoga.

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Yoga Samadhi

Una comprensión precisa de todos los Sutras, en la Parte III, que habla del emerger de los poderes extraordinarios, o de fenómenos aparentemente sobrenaturales, deberá dejarse librada a la intuición meditacional de los lectores que se preocupen de optar por la disciplina del Yoga. Pero parece necesario llamar la atención sobre algunos puntos básicos relacionados con esto, a fin de facilitar una comprensión correcta.
Primero y principalísimamente, ninguno de estos siddhis o poderes extraordinarios es resultado de esfuerzo egocéntrico o práctica alguna de parte de un Yogi o cualquier otro. La razón de esto es que estos son siddhis nacidos del Samadhi y del Sanyama. Y el Samadhi no es un logro, una realización o una consecución adquirida a través de esfuerzo. Incluso viveka-khyati (11-26, 27) nos ayuda solamente hasta las primeras siete etapas o angas del óctuple camino del Yoga.  El Sutra 45 de la Parte II establece específicamente que el siddhi del Samadhi nace sólo a través de la gracia de Dios. Esta gracia sólo puede llegar si entendemos y nos unificamos con la consciencia de Dios, como se describe en I-23 a 29.

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Samadhi

El Sutra 9 describe la primera transformación. Para entender el significado de esta transformación tenemos que recordar que cuando llegamos a la etapa del Samadhi (Sutra 3), comprendemos que lo que llamamos nuestra identidad (svarupa) es una entidad sin atributo alguno; es como un cero (sunya) sin valor cuantitativo alguno. Habiéndose, pues, eliminado el aspecto cuantitativo de la visión del mundo, lo que ahora queda ante nuestros ojos, nacido de Sanyama, es el juego de las tres energías (gunas), lo cual constituye el mundo objetivo íntegro, incluidos todos los objetos, animados e inanimados, sin excluir al organismo humano. De ahora en adelante, es este juego de las tres energías el que se ve manifestarse en todo lo que llega a caer dentro del alcance de nuestra visión. Vemos que todo objeto en el presente activo es un producto del pasado; y cambia de un momento al otro. Mirar los objetos, o el mundo objetivo, produce gran actividad (vyuthana) en la mente. Vemos que la mente es un producto del pasado y que está compuesta por impresiones de experiencias pasadas. Estas impresiones (samskara) son de dos géneros: la impresión de la actividad (de la que toman forma los vrittis) y las impresiones de la no-actividad o la quietud (nirodha). Y cuando el Yogi mira ahora algo, halla que su mente oscila entre dos polos: el polo de actividad y el polo de no-actividad o quietud. Viendo la oscilación, naturalmente se inclina hacia el polo del no-movimiento o nirodha. Y como lo hace tan repetidamente, la fuerza misma de esta acción repetida hace nacer una quieta corriente mental, que es la negación misma de vyuthana o la actividad agitada (Sutra 10). Esta es la primera transformación, llamada nirodha-parinama.

El yoga samadhi

El Yoga demuele este mundo, que es una mera descripción. Desarraiga al hombre de su herencia animal y social, y le pone frente a frente con la realidad que alienta en él, la realidad que le relaciona vital, existencialmente con el mundo del que se vuelve consciente a través de sus sentidos. El Yoga hace esto sin la mediación de las palabras, y de las experiencias que son dominadas por el conocimiento generado por las palabras y vacías de sustancia o realidad.

SAMADHI

DEL SAMADHI AL SANYAMA
Sutras 4 a 8
4. Trayamekatra Sanyamah
Estos tres [dharana-dhyana-Samadhi] juntos se llaman San-yama.
5. Tajjayat prajñálokah
El dominio sobre Sanyana estalla en una resplandeciente visión del mundo, cargada con sabiduría.
6. Tasya bhúmishu vinlyogah
Se dirige espontáneamente a los varios campos de la vida.
7. Trayamantarangam púrvebhyah
Estos tres [dharana-dhyana-Samadhi] constituyen el núcleo interior de los primeros cinco [yama, niyama, asana, pranayama y pratyahara].

8. Tadapi bahirangam nirbíjaya
Y hasta la combinación de estos tres es el aspecto externo del Samadhi sin semilla [“el Estado sin estado”].

Yoga Samadhi

Este es un estado del ser completamente nuevo y cualitativamente diferente, y más tarde se lo llama nirvitarka, nirvicara, nir-bija Samadhi.  Este extraordinario estado del ser es completo en
sí mismo, abarcando la totalidad de la existencia. No necesita más de apoyo alguno en forma de razonamiento lógico, inteligencia investigativa, bienaventuranza o puro “yo soy”. Es omniinclusivo y, sin embargo, eternamente libre de aferrarse a nada como ancla. Es como la totalidad que es el hombre, en armonía perfecta con el misterio que subyace en la relación hombre-mundo.