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El Sutra 34 proporciona un notabilísimo ejemplo del género de investigación que el Yoga tiene en vista. Este Sutra llama la atención sobre el fenómeno natural o existencial de respirar. Respirar y vivir están tan entrelazados que, hablando en sentido lato, son correlativos, se implican y se necesitan mutuamente. Si uno está apasionadamente interesado en vivir, puede llegar una época en la que respirar, un correlativo de vivir, excite igualmente nuestro apasionado interés en ello. Esto no podría ser tan sólo un ocioso o impertinente vritti de curiosidad. Exigiría total atención y abarcaría a la totalidad de nuestra mente, tanto como el interés apasionado por vivir abarca la totalidad de nuestro ser. En el momento en que ocurre esto, empezamos a observar con atención total y alerta nuestra respiración constante. Esto es lo que se quiere decir con la palabra dhyana o meditación. No es pensar, especular o imaginar. Es “visión pura”, observación objetiva en la que no tiene cabida nada subjetivo. Lo primero que descubrimos en un estado de semejante meditación es que expresiones como “yo respiro” o “mi respiración” son cabalmente carentes de fundamento. La respiración sigue, ya sea que formulemos o no declaración alguna acerca de ella. Nada tiene que ver con la irreprimible tendencia del hombre a parlotear acerca de las cosas. Nos hallamos, pues, en un estado en el que reina supremo un silencio cabal. Hay ver, observar, percibir. Ver, percibir, equivale a un hecho dado como respirar. Ver, percibir, nos hace conscientes del hecho existencial de respirar. Eso es todo lo que hay al respecto. No se trata de mi consciencia o de la consciencia de otro. Hay “ver” por un lado, y “respirar” por el otro. Los dos no son uno solo. Son dos cosas distintas, natural y existencial. Y lo que las vincula mutuamente es el surgimiento de un interés apasionado por respirar como integrado con el vivir. Este interés apasionado pertenece a la mente (citta) en su totalidad. La mente está ahora tan plenamente envuelta en este interés apasionado que en ella no hay cabida para ningún vritti fragmentario. La totalidad de la mente, en un estado de firme quietud, es la que hace nacer la disciplina del Yoga. Y este estado firme de quietud es el que refleja a “quien ve” (o la “visión pura”) por un lado, y lo “visto” (en este caso el “respirar” como un fenómeno natural), por el otro. Las dos realidades existenciales son puestas juntas en una relación inmensamente significativa. La percepción y la objetividad se relacionan mutuamente en una pureza y una belleza prístinas.

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Es pertinente advertir aquí que cada uno de estos cinco vrittis es distinto de los otros cuatro. Pramána no es viparyaya y el resto. Y viparyaya no es pramána y el resto.  Pero smriti (la memoria) es omniinclusivo. Incluye recuerdos anteriores de todos estos cinco vrittis. Uno puede olvidar una cosa y recordarla nuevamente. Por tanto, la memoria se convierte en la matriz de la temporalidad. Es en esta matriz que el hombre (la percepción encarnada) se enreda y pierde respecto de su identidad existencial. Y así perdido, responde a las exigencias de las circunstancias y situaciones siempre nuevas desde la matriz de impregnaciones de memoria (samskar) en las que se lo tiene prisionero. El desenredarse de esta matriz de la temporalidad, dominada por el pasado y por el futuro impulsado por el pasado, es la libertad (apavarga o kaivalya). Y la libertad es la esencia y el punto final del Yoga. El modo en que este desenredarse puede producirse se denomina citta-vritti-nirodha. Este vritti-nirodha es la condición básica para la libertad y la percepción de las cosas como son —o sea, la percepción de la verdad o la realidad. Los siguientes Sutras nos dan una exposición precisa de vritti-nirodha.

Yoga sutras

La naturaleza del pasado que se vuelve sin sentido en este estado es descripto por el Sutra 4. Vrttisarupya (la identificación con el movimiento ideacional electivo de la mente) representa la totalidad del pasado. Si uno retiene todavía alguna sobra del pasado que proyecta esperanza en el futuro, nunca podrá establecer un contacto significativo con el Yoga.
En el Sutra 2, al Yoga se lo iguala con tres palabras: citta, vrtti y nlrodha. Ninguna de estas palabras es definida o explicada en los Sutras. En tal caso, han de averiguarse los significados correctos de estas palabras que son coherentes con el tema central del Yoga.
La palabra citta deriva de la raíz cit que significa “ver, observar, percibir”. Citta es el participio pasado pasivo del verbo cit. En consecuencia, significa “lo visto, lo observado, lo percibido”, o sea, lo que se experimentó en el pasado.
La palabra vrtti deriva de la raíz vrt que significa “elegir, gustar”. Vrtti significa, pues, la forma que asume la elección de uno.
La palabra nirodha está compuesta de rodha con el prefijo ni. La palabra rodha deriva de la raíz rudh que significa “obstruir, detener, parar”. Y el prefijo ni significa “detener”. En consecuencia, Nirodha significa la detención del movimiento electivo de la mente (cittavrtti) y su eventual detención por sí.

Empezar por donde uno está

El único lugar desde el que se puede empezar es exactamente allí donde uno está. El yoga considera que la competición y la comparación son una pérdida inútil de energía. Cree que el júbilo de la excelencia en la acción es una fuente de energía más poderosa que la competición. Es cierto que para aprender usted debe compararse con una persona más adelantada, pero compararse con alguien para llegar a la conclusión de que uno es inferior o superior resulta contraproducente. Lo mejor es que no haga caso del imperativo occidental de competir y clasificarse. No se deje influir por la idea de que con sus limitaciones físicas es imposible empezar. Es probable que descubra que sus imágenes mentales de lo que es capaz y de lo que no es capaz de hacer le limitan más que su cuerpo. En yoga, de lo que se trata es de aprender en cada momento. Lo que no pudo usted hacer ayer quizá le sea posible hoy, y tal vez hoy no pueda hacer algo que ayer sí podía. Por eso tiene que prestar tanta atención al momento. Piense en el dicho “Empieza por donde estás y mantente allí”. Y no se trata de estancamiento, porque el cambio y el crecimiento son constantes. La frase alude a tener la sabiduría de sacar el mejor partido posible del presente.