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La espiritualidad del cuerpo

Los cuerpos que poseemos, a parte del físico son:
■ El cuerpo emocional: segundo de los cuerpos, es llamado a veces astral o de los deseos, por que en él residen nuestros sueños e impulsos. Generalmente, las contradicciones humanas se inician aquí, por la dinámica de estos dos elementos: si deseamos una cosa y su opuesto al mismo tiempo, quedamos atascados en este nivel. Entonces, debe estar alineado con los cuerpos superiores, ya que disociado constituye un nivel muy bajo de funcionamiento. Es un cuerpo energético, y no puede describirse físicamente en los tratado convencionales.

■ El cuerpo mental inferior: tercero de los cuerpos, es lo que conocemos como intelecto, y es mucho más sutil que el emocional: nos permite pensar, reflexionar, organizamos, valorar.
Está separado del cuerpo siguiente por medio de una barrera que se corresponde con la “represión primaria” de la psicología tradicional, que no deja pasar ciertas verdades sobre nosotros mismos.

■ El cuerpo mental superior: cuarto de los cuerpos, es la intuición, la revelación, el conocimiento directo y certero que permite la comprensión total. El amor incondicional, la sabiduría y los valores residen aquí. Está más allá de la noción de tiempo y espacio.

El cuerpo espiritual, el cuerpo monádico y el cuerpo divino: quinto, sexto y séptimo de los cuerpos respectivamente, están ligados a la totalidad de todos los otros cuerpos. Mientras que los cuatro primeros constituyen nuestra personalidad, éstos tres conforman un lugar hipotético donde reprimimos sentimientos desde nuestro nacimiento.
Existen distintos valores humanos que rigen cada uno de los cuerpos, y que sólo pueden darse dentro de ellos. La Verdad nace en el cuerpo mental inferior, la Paz en el cuerpo emocional, el Amor Incondicional en la cuerpo mental superior y la No violencia en el cuerpo físico.

Cuerpo espiritual

Los hombres somos mucho más que un cuerpo físico. Cada uno de nosotros posee en realidad siete cuerpos, y el físico es sólo el más visible de ellos. Estamos muy apegados a él, porque creemos que somos él. Pero en realidad es el último que creamos y el primero que abandonamos. Además de estos múltiples cuerpos que todos poseemos, es necesario introducir otra noción más: los hombres somos energía. Esta fuerza móvil, no visible, es el origen de nuestra vida: al hacerse materia, empezamos a existir.