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EL ARCO

Coloqúense en pie con los pies juntos, dándose la espalda y a unos noventa centímetros de distancia. Lleven los brazos por encima de la cabeza hasta asirse de las manos. Después enderécenlos y comiencen a arquearse hacia atrás, entrando bien el cóccix y estirando el cuerpo hacia fuera. Usen los brazos para tirar de uno mismo hacia arriba y mantengan las rodillas rectas. Respiren de forma acompasada, y tras mantener un momento la postura, descansen y repítanla.
BENEFICIOS: Los brazos levantados ayudan a conseguir la extensión de la columna. Esta postura calienta, fortalece, estira y tonifica los músculos de la espalda.

Yoga y deporte

El deporte y el ejercicio físico en general no son incompatibles con el yoga. Por el contrario, ambos se complementan muy bien, y es frecuente que el yoga eleve su nivel de rendimiento. La mayoría de los deportes producen tensión en los músculos y crean desequilibrios debido al uso desigual de los grupos musculares o de un solo lado del cuerpo. Esto aparta al esqueleto de su alineación, y para corregir dichos defectos el yoga resulta inapreciable. Ciertas actividades, como por ejemplo el levantamiento de pesas y la carrera, pueden causar acortamientos musculares graves. Cuando esto sucede, es aconsejable restringir la actividad que los ocasiona hasta que la práctica del yoga les devuelva la flexibilidad y el equilibrio. El estiramiento provocado por las asarías yóguicas alarga los músculos, y un músculo más largo utiliza con mayor eficiencia la energía y es menos propenso a lesionarse. Por todas estas razones, porque mejoran la coordinación, la atención, la eficiencia y, en general, la manera de usar el cuerpo, las posturas de yoga constituyen un excelente entrenamiento.