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Somos lo que comemos

 Somos lo que comemos

Todo lo que comemos y bebemos se transforma en las células de nuestro cuerpo. Comprender este proceso es el primer paso para en tender cuáles son los alimentos que no sólo beneficiarán nuestra práctica de Yoga sino también nuestra relación con el medio ambiente y los otros. icen que en 1957, cuando Suami I Vishnudevananda llegó a occidente enviado por su maestro Sivananda se sorprendió mucho al ver que los occidentales cuidaban más sus autos que sus propios cuerpos. Extrañado, desarrolló un ejemplo que hoy es comentado en los centros Sivananda de todo el mundo. “Planteó que para que el motor de un auto funcione bien necesita 5 cosas: lubricación, un sistema de refrigeración, combustible, corriente eléctrica y un conductor al volante. Trasladando el ejemplo a nuestro cuerpo, las asanas, la respiración, la relajación y el alimento son los elementos indispensables para que un auto o un cuerpo funcionen bien. Claro que cuando pensamos en el combustible que vamos a poner en el auto, elegimos una nafta de buena calidad, no podemos echarle agua del río, café o kerosén” explica Swami Premananda, responsable del Centro Sivananda de Buenos Aires. La pregunta que se hizo Vishnudevananda fue, entonces, ¿por qué al cuerpo le damos cualquier clase de combustible y no el mejor alimento?.
Continuando con el ejemplo de Vishnudevananda, nuestro cuerpo fue construido para un tipo determinado de alimentación. En primer lugar, es importante tener en cuenta que no tenemos la anatomía de los animales carnívoros. La carne se descompone rápidamente y genera toxinas, pero como el intestino de los carnívoros es corto y los alimentos son rápidamente desechados, no hay intoxicación ni problemas de salud. Además, los carnívoros tienen poderosos jugos gástricos para descomponer la carne rápidamente. Nuestro intestino se parece al de los animales herbívoros: es largo. Cuando comemos carne quedan depositados en sus pliegues toxinas y residuos. Tampoco tenemos los colmillos de los carnívoros, por el contrario, poseemos molares para moler el grano. “Se ha comprobado que si uno deja a un niño jugando con un conejitoycon una manzana, instintivamente va a llevarse la manzana a la boca y va a jugar con el conejo y nunca hará al revés. Entonces, hay varias razones para ser vegetarianos: la primera es de orden fisiológico. La segunda tiene que ver con la salud. La carne genera ácido úrico, colesterol, además está contaminada con antibióticos, adrenalina por el sufrimiento que se le genera al animal al morir… Ecológicamente y económicamente es un disparate criar vacas. Con el agua, el cereal y el tiempo que hace falta para criar vacas se podría alimentara tanta gente… Criar vacas produce mucho daño al medio ambiente. Pero hay otro principio, y es él Ahinsa, que es el principal soporte espiritual y filosófico de quienes hacemos Yoga que es no dañar a ningún ser vivo. Deberíamos ayudar a crecer y evolucionara los animales en lugar de matarlos”, explica Swami Premananda.
Claro que las carnes son sólo uno de los alimentos que deberíamos alejar de nuestra dieta cotidiana. Los procesados {snaks, enlatados, embutidos, etc.) los refinados o estimulantes pueden ser también perjudiciales para una dieta sana. ¿Cuáles son los alimentos que mejor contribuyen a la práctica del Yoga? Necesitamos un cuerpo flexible y una mente serena, por lo tanto deberíamos pensar en “dejar los desvitallzantes como por ejemplo los azúcares, el exceso de frutas, las harinas blancas y harinas integrales en cantidad o los alimentos quimicaliza-dos en general. También la cafeína y las carnes. Es importante incorporar alimentos que ayuden a generar un buen drenaje como cereales integrales, verduras, legumbres, algunas frutas, semillas, algas marinas. Alimentos con fibra que tienen la capacidad de desintoxicar el organismo, ayudar a que los órganos actúen equilibradamente (hígado, intestino, riñon, corazón…), que la persona pueda tener armónicos sus mecanismos de descarga y que el sistema nervioso se vea aquietado. Los alimentos a evitar, justamente terminan generando ansiedad, confusión y rigidez” dice Liliana Racauchi, autora de Alimentación para el cuerpo y el alma y directora del Spa Las Dallas, en Córdoba.
Claro que nada de esto se consigue de un día para el otro. El proceso es lento e implica muchos cambios, primero internos y luego externos. “Nosotros recomendamos hacer una transición lenta y lo más Importante: no tratar de convencer a nadie. Hay que experimentar en uno mismo los primeros cambios y avanzar lentamente No hay que predicar sino practicar”, dice Swami Premananda. Por su parte, Liliana Racauchi explica que “los cambios tienen que darse por comprensión, no por imposición. Cuando las personas realmente entienden y comprueban qué les hace mal y qué les hace bien, cambian naturalmente. No me parece que haya que convencer a nadie, cada uno tendrá que ir haciendo su propio cambio de hábitos en la medida que entienda la importancia que esto tiene. Creo que tratar de cambiar al entorno es contraproducente porque a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer”.