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La relajación cognitiva

He planteado que la relajación profundiza y se generaliza debido tanto a la mejora de la maestría en la habilidad como a la reestructuración de los ciclos cognitivos. Sin embargo, desde la perspectiva de la persona que se relaja, la característica más prominente de este proceso global es la paradoja de la pasividad. En numerosas actividades de la vida cotidiana, el éxito proviene de una esfuerzo analítico y dirigido hacia un objetivo; sin embargo, en la relajación, el crecimiento y el movimiento ocurre en ausencia de tal actividad.
Existen dos aspectos de esta paradoja que merece la pena destacar. Primero, cuanto menos intente uno controlar o dirigir un ejercicio, mejor funciona. En la relajación progresiva uno debe soltar a fin de experimentar cualquier efecto de la relajación: agarrotarse hará en el ejercicio sea inútil. El estiramiento y los ejercicios de respiración de yoga simplemente no pueden realizarse con presión y esfuerzo. Voluntad pasiva, esto es, intentar sin intentar es central para un entrenamiento autogénico y de imaginería. Y luchar por el éxito en la meditación, crea, simplemente, una distracción innecesaria. En toda relajación, el movimiento ocurre paradógicamente cuando uno cesa la actividad dirigida a un objetivo.
Más aún, tal movimiento puede tener una dirección propia, una o construida a través de los esfuerzos analíticos de la persona que se relaja. En concreto, hemos visto que cada acto de enfoque, pasividad y receptividad pude contribuir automáticamente a la prof undización de la relajación a través de la operación del ciclo de maestría en la habilidad. La persona que se relaja puede no darse cuenta de las implicaciones de sus acciones, esto es, la cadena de cambios potenciales que es capaz de poner en movimiento. De forma similar cada estructura de apoyo puede implicar estructuras adiciones fuera del campo de la conciencia de la persona que se relaja. Una persona comprometida a soltar la tensión en la sesión de relajación pronto puede descubrir que este compromiso implica soltar pensamientos irracionales y angustiosos también. A su vez, este compromiso puede implicar otros compromisos, como por ejemplo, soltar el deseo de controlar todas las cosas en el trabajo, rendirse ante los vínculos queridos, aceptar las alegrías y las penas de la vida y demás. En suma, el universo de las experiencias de la relajación no es aleatorio, sino que está estructurado por un entramado subyacente de implicaciones. La relajación tiene el potencial para el movimiento y la dirección que es independiente de los esfuerzos deliberados de la persona que se relaja.
Una metáfora trascendente es una estructura especial que permite a la persona que se relaja comprender el curso de la relajación en términos de esta paradoja. Tal metáfora define la dirección que puede tomar la relajación y proporciona criterios para la profundidad. Considere por ejemplo la metáfora del camino.
Existe un camino que es independiente de la lucha deliberada analítica y dirigida a un objetivo del viajero. Este proporciona una dirección, las señales e indicaciones de la distancia, aunque el final puede no verse o desconocerse. El viajero no es totalmente pasivo, sino que debe desplazar ciertas habilidades a fin de progresas. Finalmente, el viajero, a fin de moverse, debe tener ciertas creencias, valores y compromisos en lo que respecta al camino, por ejemplo, que merece la pena recorrerlo, que en realidad sí tiene una dirección. La idea de camino y el viajero puede servir como una metáfora neutra (una que no hace asunciones metafísicas) para la naturaleza global de la relajación y su curso.
Las tradiciones de la relajación nos proporcionan gran cantidad de metáforas trascendentes alternativas, a menudo mucho menos neutrales. Hemos visto que Tart y Maslow han escogido las de Gurdjief y el Taoismo. Existen otras metáforas, como las que se presentan a continuación, y puede ser útil dejar nuestras propias preferencias y sesgos a un lado, y tenerlas en cuenta con la mente abierta:
La relajación puede ser un camino para alimentar procesos curativos internos; la profundidad es la experiencia de la salud y el bienestar.
La relajación puede ser despejar las ventanas de la percepción; la profundidad es la claridad de visión.
La relajación puede ser el camino hacia la iluminación intelectual o espiritual, una forma de disolver las ataduras del ego, los vínculos y la ilusión; la profundidad es la libertad y la espontaneidad.
La relajación puede ser el camino para acceder a los recursos creativos internos; la profundidad es insight.
La relajación puede ser el camino directo al inconsciente, la profundidad es le alivio del impulso reprimido.
Y la relajación puede ser una oración, una forma de estar en armonía con el deseo de Dios, la profundidad es la experiencia de la gracia.
En términos del entrenamiento cognitivo-conductual, tales metáforas proporcionan un contexto para comprender diversas experiencias de relajación. Cada una de ellas está en consonancia con la paradoja de la pasividad, y reconoce que el movimiento puede ocurrir y tener una dirección, incluso aunque la actividad analítica y dirigida a un objetivo se haya dejado a un lado. Desde la perspectiva de la rersona que se relaja, tales metáforas señalan el proceso percibido para operar más allá o trascender a los propios esfuerzos para el entendimiento.
Cuando un cliente articula una metáfora trascendente útil y con íicado, ella él pone su propia expresión en el proceso de relajación y define un camino que puede ser subjetivamente real, importante y que
merece la pena recorrer. Más aún, tales metáforas pueden facilitar el despliegue de las habilidades de relajación. Los estímulos diana adquieren mayor prominencia, contribuyendo a que la motivación mantenga el foco atencional (Me tomo en serio la tarea de atender a mi estímulo de meditación porque creo que los procesos meditativos pueden ayudarme a ver el mundo más claramente). La creencia de que los procesos de relajación pueden operar fuera de la actividad analítica deliberada y dirigida a un objetivo, permite intensificar la pasividad (Yo creo que mi inconsciente puede y me ofrecerá insights creativos si dejo de lado los esfuerzos para resolver mis problemas por mi mismo). Finalmente, una metáfora trascendente ofrece una justificación para la esperanza de que la relajación vaya a proporcionar recompensas invisibles, una razón para mantener una postura receptiva (Dios posee un plan oculto para mi vida, en el silencio de mi contemplación puede confiar en que Dios está haciendo su trabajo).
Las metáforas trascendentes proporcionan a la persona que se relaja un nuevo vocabulario para describir el enfoque, la pasividad y la receptividad. Por ejemplo la persona que se relaja, que sinceramente cree que el curso de la relajación está guiado por procesos de curación internos, el inconsciente creativo Dios o una fuente que no tiene nombre más allá de la detección o control inmediato y deliberado, puede describir actos de enfoque, pasividad o receptividad como absorción, separación, rendición, humildad, dejar ser o reverencia.
Del mismo modo, una metáfora trascendente puede proporcionar un nuevo vocabulario para describir la actividad convergente y divergente. Por ejemplo, un cliente puede haber decidido que la esencia de la relajación es “despejar las ventanas de la percepción a fin de ver las cosas objetivamente”. Esta metáfora nos permite ver una sesión de práctica de la relajación difícil, en la que predomina la actividad divergente, como si estuviera “nublado con ilusión y distracción”. En cambio, una sesión convergente puede experimentarse como “clara y vivida”. Para tomar otro ejemplo, puede haber un cliente que experimente la relajación como una oración. La actividad convergente y divergente puede verse como fases que
representan “la comunión” o “la distancia percibida hasta Dios”.
Debiera quedar claro que las metáforas trascendentes pueden tener numerosas funciones. Más aún, organizan un amplio rango de procesos de relajación, facilitan el recuerdo y la aplicación de distintas creencias, valores y compromisos subordinados y como resultado, economizan la tarea de llegar a ser un experto en la relajación. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que tales metáforas difieren en el grado de generalidad. Aquellas de dominio limitado se aplican fundamentalmente a las sesiones de relajación (la relajación como camino para nutrir procesos de curación interna, para acceder al inconsciente, etc), mientras que las de dominio abiertopuede aplicarse también a la vida en general (la relajación como manera de despejar las ventanas de la percepción, un camino a la iluminación intelectual o espiritual, una forma de oración, etc.)
En conclusión, la evaluación estructura de la profundidad de la relajación debe primero determinar si un cliente ha articulado una metáfora diferenciada, trascendente. Si se encuentra presente, tal metáfora puede proporcionar su propia definición de lo que ocurre en la relajación y sus propios criterios para la profundidad. Sin embargo, existen serios riesgos en la evaluación de la profundidad de la relajación en términos de las metáforas trascendentes proporcionadas por los clientes. Tales evaluaciones completan pero no reemplazan la valoración de la reducción de la activación y la maestría de la habilidad. Lo que es más, el terapeuta debe evitar cuidadosamente imponer al cliente cualquier metáfora que él prefiere personalmente. Resulta demasiado fácil ser un mago o un cura, y promover una visión de los potenciales curativos internos, un camino a la iluminación intelectual o espiritual, el inconsciente, Dios y demás. Un papel más útil es el de un guía neutro, respetando el camino real para el cliente y estando alerta a aquellos caminos que puedan ser contraproducentes.

Meditacion para la salud

Una solución asombrosa para frenar el proceso del envejecimiento
teoría que venimos desarrollando no sólo un argumento filosófico, veamos algunos novedosos experimentos que demuestran una solución asombrosamente simple para el proceso de envejecimiento:

Por cada año de meditación trascendental se le quita un año a la edad biológica:
En 1978, un equipo de investigadores descubrió que la meditación trascendental retarda y hasta revierte el proceso de envejecimiento. El estudio fue dirigido por el doctor R. Keith Wallace. fisiólogo y presidente del Departamento de Graduados de la Universidad Internacional Maha-rishi. Wallace estudió a ochenta y cuatro meditadores cuya edad media era de cincuenta y tres años. Dividió a sus sujetos en dos grupos, según el tiempo que llevaban practicando regularmente la meditación trascendental. La edad cronológica es sólo una medida del proceso de envejecimiento, bastante inexacta, porque entre un cuerpo y otro existen variaciones en los cambios que presentan a través del tiempo. Por eso los fisiólogos se basan en una segunda medida, llamada edad biológica, que mide la real tasa de envejecimiento de una persona. La edad cronológica se ajusta a la biológica sólo cuando se es joven. Dos saludables personas de veinte años suelen parecer casi idénticas si comparamos sus corazones, hígados, piel, vista, etc. Pero después de la madurez no hay dos personas que envejezcan del mismo modo. Dos ancianos de sesenta años presentan perfiles distintos: uno tiene artritis y otro sufre del corazón, uno es miope y otro es sordo. Esto significa que el envejecimiento biológico es difícil de determinar, a menos que analicemos todos los órganos del cuerpo. Wallace utilizó tres medidas: la visión a corta distancia, la agudeza del oído y la presión de los vasos sanguíneos cuando el corazón bombea. Estos tres aspectos se deterioran de modo parejo con el correr del tiempo, y proporcionan una aproximación confiable a la edad biológica de todo el cuerpo en una edad cronológica determinada. Wallace descubrió que la meditación lia-cía a los sujetos biológicamente más jóvenes. Los controles revelaron también que los que no comían carnes rojas presentaban una edad biológica menor, lo cual coincide con la longevidad de los vegetarianos. Los descubrimientos de Wallace demostraron que por cada año de meditación trascendental se quita un año a la edad biológica.

La risa como terapia

Según investigadores de la Universidad de California, el sentido del humor se localiza en una zona de dos centímetros cuadrados en la circunvolución izquierda frontal superior del cerebro. Otros expertos descubrieron que la hilaridad libera sustancias orgánicas como la adrenalina, que potencia la creatividad y la imaginación, aumentando el estado
de alerta; las endorfinas, que mitigan el dolor y aumentan la vitalidad; la dopamina, que mejora el estado de ánimo y favorece la agilidad mental, y la serotonina, de efecto calmante y analgésico. La risa también reduce la concentración del cortisol, una de las hormonas que provoca el estrés.

Relajación mental

Alcanzar la relajación.
Muchos males de la vida moderna son consecuencias del estrés. La relajación es una de las bases para combatirlo. Pero muchas veces, alcanzar este estado es un escollo difícil de superar.
La relajación tiene relación directa con la distensión muscular y mental. Con la ayuda de la voluntad, trata de reducir la actividad del sistema simpático. De esa forma, permite alejar las tensiones. El estado de ansiedad genera contracturas musculares en las personas e influye en la postura basada esencialmente en el tono muscular. La tensión general hace que la postura tenga un grado de contracción bastante superior al necesario, resultado de un tono muscular demasiado elevado. La forma en que nos movemos, nos paramos o sentamos es la forma como nos sentimos, reflejando inconscientemente en la actitud exterior nuestra personalidad.
Con la voluntad no sólo es posible controlar el tono muscular, sino también influir en las funciones orgánicas, como el ritmo respiratorio y circulatorio, sin que se registren variaciones notables de la tensión arterial, regulada por el tono neurove-getativo.
Lo ideal es alcanzar un hábito de tipo de movimiento más natural, que esté exento de cualquier rigidez, precisión excesiva y perfeccionismo. El problema es que, con mucha frecuencia, los movimientos que elegimos son rígidos, basados en formas más o menos graves de contractura, de acuerdo a manifestaciones derivadas de la ansiedad que no permiten disminuir la tensión y dan lugar a un consumo energético superior al necesario.
Para encaminarse hacia una forma natural de movimiento, es necesario percatarse de la necesidad de aprender a servirse de la relajación muscular y de la respiración consciente. Esto se logra a través del conocimiento físico del propio cuerpo, la percepción del propio estado de contracción y relajación, el aprendizaje de la relajación segmentada y global, y el hábito de utilizar la relajación en la vida cotidiana.