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El taijiquan

Sifu Jorge Gabriel Buzzi es campeón de kung fu, tres veces campeón sudamericano, campeón sudamericano de tai chi, ocho veces campeón nacional. Galardonado con el premio “Loto de Oro 1992″. Preside la Lohan-Tao-Chi-International Association Shaolin Temple of Kung Fu Master’s y la Asociación Argentina de Rakshana Yoga y Tai chi. Secretario de la Panamerican Association of Yoga. Director del Instituto Superior de Kung Fu “El Dios Borracho”. Discípulo del Prof. F. Estévez Griego. Recientemente se consagró campeón mundial de kung fu por segunda vez, en Córdoba, Argentina, y el 28 de noviembre de 1993, campeón internacional. La Federación Mundial de Artes Marciales, que preside el Prof. Dr. Hernán Gutiérrez, lo distinguió con el Premio Internacional Honor al Mérito Marcial ’93.

Entrevista a maestros de kung fu

¿Cómo fue que aprendió con el maestro Imamura, estando él en el Brasil?
Más vale un día con un maestro que cien con uno que dice que realmente sabe lo que enseña. Si yo quería aprender ving tsun, no había ni hay nadie más. Acordamos un seminario anual en el cual el maestro Imamura podía venir a Buenos Aires, y yo comencé a viajar una o dos veces por año por períodos de 15 a 20 días; así, ya realizamos 5 visitas del Sifu Imamura y 4 viajes míos. Actualmente, soy nivel avanzado (Biu Jee) y el mes que viene viajaré para acceder a un nivel superior.
¿Qué le hizo reanudar su aprendizaje, replantear su kung fu a los 30 años?
La realidad de que no hay otra. Si a usted le gusta el kung fu, debe ir por él. La varita mágica no va a hacer que usted se convierta en un experto por osmosis o aprendiendo por videos como hace la mayoría. Mi diferencia y la de mi hermano con los demás profesores del medio, es que nosotros somos y fuimos alumnos, cosa que es imperiosa para llegar a ser maestros. En este detalle somos totalmente diferentes del resto. El maestro Yip Man dijo una vez: “No basta que usted desee aprender kung fu. Debe ir tras él… Y estas palabras deben ser tenidas en cuenta, considerando que Yip Man —mi Si Tai Kung— fue el maestro de Bruce Lee”, con quien el gran maestro Moy Yat compartióentrenamientos enHong Kong. Quiero aclarar que no debería ser extraño que alguien decida aprender si desea enseñar. Sé que es poco frecuente, pero de otro modo, no se llega a nada.
Tuvo una distinción de parte del maestro Moy Yat…
Así es. Confieso que sin mérito propio sino debido a la generosidad de mi sifu Leo Imamura. En agosto de 1992, tuve el honor de ser aceptado como To Suen (discípulo de segunda generación -Grand special student) de Sikung Moy Yat, mediante una ceremonia denominada “bai si”, la cual fue la primera de este tipo llevada a cabo en Sudamérica. Esta distinción me proporciona la autorización para entrenar directamente con el maestro Moy Yat, líder del estilo en América.
Sikung Moy Yat me dio un sello personalmente tallado en piedra por él, el cual tiene mi nombre en la familia Moy, el cual es Moy Go Jo, lo cual acredita el vínculo con carácter vitalicio y el compromiso mutuo de por vida.
¿Qué implica ese compromiso?
Simplemente, hacer vida de kung fu. Sikung siempre dice: “No enseñamos técnicas de kung fu; enseñamos kung fu”. Puedo acreditar que esta es la diferencia trascendental entre el wu shu y el arte marcial chino tradicional. En este último, la relación Si To es una realidad que hace posible el aprendizaje. Para nosotros, tanto en Chin Wan como en Moy Yat Ving Tsun, esto es una realidad palpable.
¿Tuvo otras actividades dentro de las artes marciales?
Así es. Desde 1976, competí en varios torneos, tanto en formas como en comba-te. En 1979, gané el primer torneo abierto de formas realizado en la Argentina, saliendo primero en formas chinas, formas con armas y grand championship, venciendo a nombres como Eduardo Espinoza, Edmundo Escobar, Francisco Belloso, Raúl Marti, y otros importantes profesores. De ahí en más, gané muchos torneos en formas y armas, destacándose los campeonatos de la República, organizados por Jndo-Karate y los torneos Oy kam. Fui colaborador, por varios años, de la revista Judo-Karate, y luego de Mundo Marcial, donde aún escribo. Actualmente, represento a la revista Kiai del Brasil. Creo que nadie en kung fu escribió tanto como yo. En materia política, fui cof undador y vicepresidente segundo de la primera Federación Argentina de Wu Shu, junto con Tung Kuo Tsao y mi hermano Horacio. He dado clases y seminarios en todo el país y en el Paraguay y el Brasil. Nuestra asociación Chin Wan tiene núcleos en Córdoba, Mar del Plata, Mendoza, San Rafael, Camboriú, Posadas, Jujuy, Pálpala, Zarate, Campana, Lima, Chivilcoy, Chacabuco, Junín, Santa Fe, Paraná, Lujan, La Falda, Carlos Paz y Tandil. Actualmente, represento oficialmente al estilo ving tsun y a la Asociación Chin Wan.
¿Qué le diría a alguien que practica artes marciales?
Que no practique con “entrenadores ni improvisados”. Que chequee los antecedentes de sus profesores. Toda escuela de kung fu debe ser dirigida por un Sifu, que a su vez tenga su propio Si “en su propio estilo”. No practiquen cosas mezcladas. El kung fu no es un guiso de lentejas. Un elemento que es bueno en un estilo puede ser desastroso en otro. Los videos y los libros no puede remplazar a un maestro, y quienes no tienen maestro, deben buscarlo.
Agradezco infinitamente la gentileza de Yoga Integral y de Sifu Pablo Barboza, quienes accedieron a hacerme esta nota.

El kung fu y sus maestros

 

El 21 de febrero, bajo autorización estricta de mi Sifu, fundamos con Horacio la Asociación Chin Wuan Kung Fu Argentina, la cual, luego de la visita del Sifu Jerry Lee a Buenos Aires en 1985, se torna Sudamericana. ¿Cómo fue su camino posterior de aprendizaje?
En el año 1981, tengo la suerte de convertirme en el primer discípulo formal del maestro Wuang Tsing, con quien aprendo el tai chi chuan estilo Yang, de la rama de Cheng Man Ching. Por muchos años, mantuve una relación muy cari ñosa con este gran maestro. Creo haber sido el único a quien le enseñó las aplicaciones y análisis de lucha del tai chi. Uno de mis compañeros de práctica en ese momento fue el luego famoso maestro Tung Kuo Tsao, cuyo primer alumno, aquí, fue mi hermano Horacio en Hsing Yi, único estilo que Tung decía conocer por ese entonces, ya que aprendía el tai chi con Wang. Con Wang estuve 7 años practicando, durante los cuales también practiqué el shao nien shi pa chiao con el maestro Wu Chi San, en Montevideo, Uruguay, y el yung tsun con el maestro Wu Kuo Lian. Tuve contacto con otros instructores, como Yuet Kan Chow, con quien aprendí palo de grulla Shaolín y pa chi chuen, e instructores de chang chuen, pero fueron esporádicos. En 1985, el Sifu Jerry Lee me inicia en el ving tsun y armas como el kwan do, el chien y formas de mantis wah lum. Con Horacio, compartimos casi todo lo aprendido. El había transitado por el hsing yi con Yu Chi Chan y Tung Kuo Tsao, el kung fu vietnamita con Kao Van Tha, el pai ho con Wang Min Ying.
Ahora se dedica al ving tsun…¿cómo es eso?
Tuve muchísima suerte, cosa que fue una constante en mi persistente búsqueda de maestros. En 1989, llega a mis manos un artículo de la revista InsideKungfu, en la cual el maestro Moy Yat comenta sobre los métodos de enseñanza de su sifu Yip Man. Yo era un enemigo total del ving tsun (se ríe), pero las palabras de Moy Yat, por primera vez, me llaman la atención sobre un tipo de kung fu diferente. Un alumno mío de Shaolín llamado Leandro Crivellari, me presentó esa revista y al comentarle sobre mi buena impresión acerca de esa nota, me manifestó que no le había gustado. Ahora, acaba de volver de entrenar de Nueva York, de entrenar con Moy Yat.
Dos meses después de leer la nota, aparece, en el gimnasio donde yo daba clases, el maestro Leo Imamura de visita, circunstancialmente. Me informa que es discípulo directo del maestro Moy Yat. ¡No lo podía creer! Al día siguiente, le ofrecimos con mis alumnos, una pequeña exhibición. Sifu Imamura quedó sorprendido por el nivel de la escuela. Me invitó a participar de una práctica informal con él, la cual fue al otro día en el Torre Hotel. Quedé tan pasmado al intercambiar manos con el maestro, que le rogué que me aceptase como discípulo, a lo cual accedió, afirmando que se sentía honrado de que una persona tan conocida en el medio marcial sudamericano, se hiciera su alumno. Todo lo que sé actualmente se lo debo a estos maestros. Sifu Imamura me brindó una ayuda inestimable y tengo el honor y la suerte de poder aprender con él.

Kung fu wu shu

Sifu Claudio Di Renzo.
por Sifu Pablo Gabriel Barboza.
El arte marcial chino en la Argentina, cuenta con muchos adeptos. Hoy, los gustos del público se han orientado hacia dos tendencias mayoritarias: el arte marcial chino tradicional, corrientemente denominado kung fu, y la rama deportiva, llamada mundialmente wu shu.
Dentro de wu shu, encontramos muchas escuelas que actualmente se están formando. En kung fu tradicional, la escuela del Sifu Claudio Di Renzo, se encuentra entre las pioneras. En este reportaje, Di Renzo nos cuenta un poco sobre este tema.
Yoga Integral: ¿Qué diferencia hay entre el kung fu tradicional y el wu shu?
Claudio Di Renzo: Fundamentalmente, en que el kung fu es un arte marcial y, por lo tanto, su práctica contempla los aspectos fundamentales de la defensa personal, a la vez que constituye una disciplina formativa. El wushu, está dentro de los deportes y se limita a los beneficios que dan estos.
En cuanto a su enseñanza, ¿encuentra alguna diferencia importante para remarcar?
Sí. La diferencia fundamental está en la transmisión. Por ejemplo, al ser el wu shu un deporte, usted lo aprende con un entrenador, que a su vez se capacita en cursos que se dan en las diferentes federaciones. En el kung fu tradicional, el que enseña debe, inexorablemente, pertenecer a una escuela o estilo tradicional. Debe haber aprendido con un maestro, con quien mantiene su vínculo hasta el presente, y no se considera válido aprender por medio de cursos cortos o videos y libros. En el kung fu tradicional, lo principal, es la fuente del conocimiento proveniente de la relación maestro-discípulo, llamada Si-To.
¿Cómo fue su aprendizaje en kung fu?
Difícil, como para todo argentino con deseos de aprender este arte, ya que comencé en 1974, y en esa época, no había profesores realmente capacitados. Había unas personas que, provenientes de otras artes (de donde no sobresalieron), aprovecharon la “onda kung fu” para enseñar en nombre de este.
Mi primer profesor fue Aquilino Martínez, director déla Escuela de Artes marciales chinas. Pese a que sus conocimientos del arte eran muy rudimentarios, la base adquirida en 7 años bajo su tutela, fue un pilar fundamental para mi conocimiento del kung fu. Con él, aprendí las bases del Shaolín norteño. Paralelamente, en el año 1976, comencé a entrenar el tai chi chuan con Fernando Chedel, alumno del fallecido maestro Tsun Kuen Ma.
Estuve en esa escuela durante dos años. En el mismo año, aprendí algunas cosas de Pai Ho Chuen, con Wang Ming Ying y alumnos de este. En 1980 viajo a Miami, donde tengo la suerte de ser aceptado como discípulo personal por el gran maestro Jerry Lee (Lee Kuo Peng). Puedo decir que ese fue mi “Hoi Kueng” (iniciación) en el verdadero camino del kung fu. En el mismo año, mi hermano Horacio, viaja a Nueva York y se hace discípulo del legendario Frankl De María, quien le enseña tan tui, lim po, gung lek kune y otras formas, con lo cual Horacio introduce el estilo Shaolín original en la Argentina, hasta ese momento inexistente o esporádicamente enseñado. Yo traje el sistema hung gar, y también algunas cosas de bak siu lam y armas chinas. Por primera vez, la Argentina contaba con kung fu tradicional, enseñado por exponentes dependientes de maestros reconocidos. Esto es historia y es así como lo cuento.