
Imagenes positivas para mejorar la vida.
Cómo sentirnos más fuertes y poderosos.
La configuración de imágenes en la propia mente tiene mucho que ver con la forma en que vemos el mundo real. Pensar en positivo es el primer paso hacia una vida más plena y saludable. Las visiones intervienen orientando las fuerzas internas hacia nuevos fines y experiencias. Aprender a ver y comprender esas imágenes conduce a nuevas formas, a experiencias simbólicas que trascienden lo personal.
Cuando nuestra vida se edifica sobre estas imágenes internas, no podemos enfermar ni sufrir por las del mundo exterior, ni tampoco dejarnos atrapar por ellas, que son las que pueden hacernos felices o desdichados, enfermarnos o curarnos.
En medio de la era de la imagen y las comunicaciones, nuestro yo personal todavía sigue viviendo a través de su facultad interna de imaginación. Percibir de un modo más consciente y más claro nuestras imágenes internas lleva a un cambio radical de la vida. Es cuando nos sentimos más fuertes y poderosos. El mundo que pensamos
La fábrica interna de imágenes es indispensable para vivir. Ellas son el alimento natural y una imagen de nosotros mismos. Sin embargo, nuestro trato con las imágenes es a menudo tan natural y despreocupado que apenas lo notamos. El trato del hombre con ellas tiene ciertas características definitivas:
1. Las imágenes con carga negativa de antiguas experiencias y de lesiones hacen que evitemos los problemas o no les prestemos atención. 2. Las imágenes valoradas positivamente de cosas que buscamos y deseamos nos guían y activan.
3. Las imágenes positivas y negativas suelen bloquearse mutuamente. Uno quiere y piensa, uno no puede, o cree que todo va bien y quiere, pero…
4. Las imágenes extraordinarias de visiones y experiencias trascendentes abandonan este nivel y configuran de nuevo nuestra realidad.
Detrás de todo lo que hacemos se encuentra una representación imaginaria. Todo cuanto percibimos sucede como una reticulación imaginaria y nuestros objetivos y proyectos son asimismo proyecciones de la mente. De esta forma, pasado, presente y futuro se conectan imaginariamente.
De la mente al cuerpo
Recientes investigaciones demostraron que existe una relación directa entre la experiencia de la percepción y las sensaciones. Existen sustancias mensajeras propias del cuerpo que traducen los estímulos extemos que experimentamos como imágenes, en sentimientos de felicidad o de miedo que. asimismo, notamos físicamente.
Reaccionamos a las impresiones positivas o negativas, transformándolas químicamente y percibiéndolas como sentimientos elevados o como depresión.
Las percepciones mentales conducen a resultados físicos mensurables. Lo que vemos, pensamos, creemos, nos afecta físicamente. Pero eso no es todo: la acumulación de sustancias mensajeras activa o debilita nuestro sistema inmu-nológico.
Imágenes son todo aquello que se reconoce y conduce a su interpretación. Con su ayuda sabemos dónde vivimos, trabajamos, dónde están nuestros lugares preferidos y cuáles son nuestras aptitudes. Apenas prestamos atención a esta conciencia de imágenes. ¡Sólo cuando algo sale mal nos fijamos en ellas!. Entonces experimentamos sentimientos de decepción por este mundo que nos parece tan malo.
El papel de nuestras imágenes es la transmisión de contenidos. Normalmente las impresiones son transitorias: se percibe un sonido, un olor, un sabor, y todo vuelve a desaparecer. Pero en nosotros se almacena una imagen del recuerdo, v esta imagen se mantiene.
Así. de las imágenes nace también el deseo de influir, se quiere conseguir los deseos de una manera mágica. Todo esto incrementa la energía de las imágenes. Se convierten en histonas mágicas de éxito y de fracaso que se pueden reconocer, narrar e influir. Con ello se originan sentimientos de esperanza, ira. ganancia v pérdida.
Curar con imagenes.
Dado que la fortaleza del yo se basa en una imagen del yo positivo, y que esta autoima-gen representa una especie de imaginación, en la fortaleza del yo se puede hablar también de erecto placebo, o sea, de una especie de auto-isis positiva. Por el contrario, una imaginación puede también resultar contagiosa en
Qtido negativo. Esto ocurre con la autosugestión que puede provocar enfermedades. Pero también con aspectos más sutiles: las personas con mayor afán de poder se toman más en serio los exámenes que otras personas, de modo :jue segregan mayor cantidad de hormonas y tienen un sistema inmunológico debilitado. Este estrés de poder lleva a una activación crónica del sistema nervioso y aumenta las po-idades de infecciones. El propio sistema inmunológico actúa así como un detector de mentiras: personas con un marcado impulso de poder sufren a causa de las vallas autoimpuestas por su propio cuerpo.
Quien, por otro lado, se siente desvalido, puede sufrir úlceras de estómago, alergias y asma.
Cuando uno se hace víctima de una imagen, ella lo domina y termina por enfemiarlo. Si se considera que se trata solamente de un proceso vital imaginario, entonces es uno mismo quien determina las repercusiones de la percepción de la imagen, no importa cuál sea. Nuestras imágenes son portadoras de significado: gracias a ellas comprendemos las estructuras externas y reaccionamos a ellas. Los humanos estamos dominados en un 98% por otros humanos, costumbres e instituciones sociales, pertenencia a grupos, etcétera. Estas pertenencias se interiorizan naturalmente y así llevan en sí un mundo de barrera o de protección. En lugar de dejamos arrullar por imágenes colectivas de toda índole o dejamos enfermar, deberíamos nosotros mismos desarrollar la propia competencia para nuestro interés. Las personas visionarias pueden vivir como quieran, porque el miedo o el deseo de encapsularse no han entrado en sus ámbitos vitales.
Sufrir las percepciones
El problema es que en algunos hombres la magia de las imágenes ya no funciona correctamente. Creen que constantemente cometen errores, ya no tienen magia ni confianza en sí mismos. Las imágenes activan nuestra energía vital. De la misma manera que la materia puede convertirse en luz, eso que uno desea se transforma en energía. Sin embargo, en una sola vida no se pueden vivir todas las imágenes que existen en nuestra mente. Aun así, ciertas imágenes pueden ayudar a alcanzar un óptimo estado de salud. A pesar de que la ciencia avanza día a día en la búsqueda de las causas y soluciones externas de las enfermedades, poca importancia se le ha dado a las causas internas, personales.
Es que las personas sufren físicamente ante las percepciones. El cuerpo reacciona positivamente a imágenes y percepciones agradables: así, al reírse estimula la mitad izquierda del cerebro mediante sustancias mensajeras, se frenan las hormonas del estrés, cortisol y adrenalina, se acumula morfina (efecto de felicidad), y se produce la hormona del crecimiento. La reacción a un elemento de la percepción, como un chiste o una situación jocosa, opera un pequeño derrumbe en la química corporal. Además, lo divertido refuerza la autodefensa del cuerpo y esto es mensurable en la saliva por el número de inmunoglobulinas. Esto no es todo: también se acumulan endorfinas calmantes, es decir, la risa vence al dolor.