Archivo de la categoría ‘Autoconocimiento’

Lenguajes del cuerpo y homeopatía

Esta obra es una de las más completas y accesibles que se han presentado al público sobre la más importante de las medicinas no agresivas occidentales, que por su naturaleza totalizadora se niega a fragmentar al hombre y separarlo del universo.

En las manos de Dios


Deja tus problemas en las manos de Dios. Cada vez que te preococas, estás preparando y consumando tu prot o funeral. ¡Pero tú no deseas que tus angustias te entierren vivo! ¿Por qué sufrir y morir cada día a causa de la preocupación? Sea cual sea tu situación -pobreza, pena, mala salud-, recuerda que siempre habrá alguien en el mundo que está sufriendo cien veces más que tú. No te consideres desafortunado porque, de esa forma, causas tu propia derrota e impides que, llegue a ti la omnipotente luz de Dios, que siempre está tratando de ayudarte.

Escalada de paz


El sufrimiento, la infelicidad y la guerra se incrementan cuando nos sobrepasa el odio e intentamos castigar e infligir sufimiento en los demás. Actuamos así porque creemos que el resultado será sufrir menos, pero esto sólo conlleva que la otra parte quiera venganza. Éste es el camino seguro hacia la destrucción. En nuestro interior, sabemos que es una actitud infantil, un comportamiento poco inteligente, pero aún así la mayoría actuamos de esta manera. Cuando sufrimos, culpamos a los demás o a un grupo. Esperamos que si podemos castigarles y hacerles sufrir, nos sentiremos mejor y obtendremos algún alivio. Sabemos cuáles son los efectos desastrosos de este comportamiento, pero continuamos por este camino. El resultado es más infelicidad, más terrorismo, más violencia y más guerra.
Matar a otra persona no es un acto de libertad sino de desespero y gran ignorancia; y no traerá la libertad o la paz.
Thich Nhat Hanh

Aprender a ser optimista

SER OPTIMISTAS:
El ser humano no pasa por el mundo sin llevar adelante algunos procesos: interactúa y responde a los estímulos positivos o negativos del entorno. Esta reacción no es sólo mental, cada vez se dispone de más pruebas científicas a favor de que son respuestas con transmisores involucrados que desencadenan tempestades neuroquímicas cuyas consecuencias se dejan de sentir más allá de las neuronas. Podríamos decir que el temporal neuroquímico tiene consecuencias globales sobre el organismo.
Optimismo es positividad. Una persona optimista es quien, por regla general, espera que los acontecimientos futuros de la vida tengan un desenlace positivo. Suele atribuir a causas externas los acontecimientos malos que, además, considera temporales y no atribuibles a factores generales y estables.
Características de un ser optimista
La filosofía de vida de la persona optimista le hace esperar que las cosas le salgan bien y, por lo tanto, se predispone a ello.
• Confía que conseguirá algo y, por lo tanto, lo intenta.
• No se rinde tan fácilmente ante un fracaso o una dificultad.
Ante los obstáculos, cualquier ser humano puede decidir si sigue adelante y se compromete para tratar de superar la situación o si se rinde. La decisión depende, en gran parte, de si los resultados deseables se consideran alcanzables. Además, naturalmente, de la experiencia anterior o los intentos previos (y sus resultados). Si las personas se sienten indefensas permanentemente en situaciones adversas, la esperanza queda socavada y las perspectivas se enturbian.

El resultado de la encuesta. En los países industrializados, las encuestas indican que las personas de hoy en día ganan mucho más dinero que sus padres o abuelos. Sin embargo, no son más felices que ellos.
Lo que importa a la hora de ser feliz no es la cantidad de ingreso económico, sino la autonomía que logra la persona.

Hallar la felicidad

La felicidad no es permanente. La neurología tiene una explicación para esto: somos capaces de valorar un estímulo por contraste con una situación inmediatamente anterior o inmediatamente posterior, distinta en intensidad o en calidad. Si pudiéramos tener una sensación de felicidad constante, seríamos incapaces de continuar sintiendo placer por agotamiento neuronal. Lo mismo ocurre cuando entramos a un sitio con un olor insoportable: al cabo de un tiempo nos acostumbramos y dejamos de sentirlo.
Como la felicidad es pasajera, no nos aburrimos ni nos acostumbramos. En la vida real, la sensación de felicidad es siempre algo pasajero. Desde el punto de vista neurológico, esto tiene la ventaja de impedir que dejemos de apreciarla por aborrecimiento, al tiempo que permite recordar un período de bienestar pasado y esperar otros en el futuro.
IMPULSOS Y NECESIDADES:
Las preocupaciones y preferencias humanas se han modificado en muy poco tiempo evolutivo. Estamos adaptándonos a una nueva situación y, como cualquier período de cambio, eso comporta inseguridad, miedo y ansiedad que se traducen en respuestas somáticas variadas. Actualmente existen “nuevos miedos”. Vivimos una época en la que conviven las nuevas necesidades y los nuevos miedos (por ejemplo, a perder el trabajo, o a la inseguridad) con las necesidades y los miedos más ancestrales, como la delimitación del territorio o la propiedad. Con todo, el ser humano experimenta una suma de impulsos, frente a la amenaza de ver impedida una de sus necesidades:
• Los impulsos primarios, también llamados instintos, están dirigidos a asegurar que el organismo tenga oxígeno, agua y alimentos. También existe un impulso sexual, destinado a asegurar la reproducción de la especie.
Tenemos, del mismo modo, la necesidad de dormir y la necesidad de calor.
Algunas de estas necesidades son automáticas, mientras que otras requieren de cierta preocupación. De todas maneras, al vivir en una sociedad ordenada son pocas las preocupaciones que tenemos en este sentido.
Los impulsos aprendidos. Tienen un interés indudable, porque son el motor directo de muchas conductas. Los seres humanos aprendemos a ser poderosos, creativos, sociables, competitivos, a buscar la aprobación o a querer superarnos a nosotros mismos y a los demás.

Que es la felicidad

Claves para reconocer la felicidad: El dinero, las necesidades y el optimismo.
Por Albert Figueras.
Cuando ansiamos una felicidad permanente, nos olvidamos de los pequeños momentos. En su libro Optimizarla vida, Albert Figueras se pregunta acerca de la felicidad y de cómo reconocerla. Habla de las necesidades básicas del ser humano y de aquellas que son adquiridas a través del tiempo/También se pregunta acerca del verdadero valor del dinero a la hora de encontrar la plena satisfacción.

Esperamos alcanzar la felicidad. Y estamos tan acostumbrados a que nos la muestren como algo que debe pagarse y a que nos la pinten como algo inusual, que cuando estamos frente a ella, no la identificamos. Es necesario, entonces, pasar por un proceso de des-aprendizaje para volver a ser humanos y reforzar mejor nuestro papel social. Es decir: debemos aprender a ser solidarios y a mejorar nuestra experiencia de vida en comunidad, aprovechando con equidad los recursos disponibles para todos.
El primer paso es entender que “felicidad” es una sensación de bienestar experimentada por el cerebro. Como tal, en el fondo consiste en la secreción de determinados transmisores químicos que estimulan ciertas zonas cerebrales y unas vías neuronales específicas en respuesta a una situación. La felicidad, por lo tanto, no es un objeto que se pueda adquirir. No se trata de un destino final, sino de un paisaje que vemos por las ventanillas del viaje que es la vida. Puede darse la paradoja de que fijemos la vista en una hipotética estación final del trayecto y que ello impida disfrutar del paisaje por el que estamos pasando: los momentos felices que vayamos encontrando. Éste es un error común en nuestra sociedad. CUESTIÓN DE CONTRASTES:
Con la felicidad sucede lo mismo que cuando tenemos ante nosotros una raya blanca pintada sobre un cuadro blanco. No somos capaces de notar la raya. Sólo podemos apreciar algo cuando hay cierto contraste. En el campo de la percepción visual, las sombras son imprescindibles para tener la sensación del volumen de las cosas, para delimitarlas y diferenciarlas. Las sombras de la vida, también.

Mejorando las relaciones de pareja

En la cama, vale todo.
Si el amor se puede volver más intenso cuando pensamos en sexo antes de que suceda, la receta para disfrutar plenamente del encuentro propiamente dicho es la inversa. Se trata de no pensar y dejar que sean los cuerpos, y no la mente, la que lleve adelante el curso de la relación sexual. Si bien nuestros pensamientos nos pueden llevar a imaginar situaciones excitantes, a menudo eso ocurre antes y no durante el sexo. A la hora de estar en la cama, por lo general los pensamientos tienden a ser represivos. Pensamos que algo no está bien, que lo que hacemos es incorrecto, que la otra persona puede juzgarnos por una determinada práctica, etc. El sexo no es racional, sino por completo instintivo. Dejar de lado el pensamiento y permitir que sean las emociones y el cuerpo los que se expresan, es la mejor manera de disfrutar plenamente del coito. Nunca se detenga a pensar si debe realizar alguna posición o si su pareja pensará que está loca por actuar de alguna “-añera; simplemente hágalo. En la cama todo está permitido siempre y cuando ambos estén de acuerdo. Nunca reprima sus más bajos instintos, más bien deje que sean ellos los que gobiernen su sexualidad.

Dependencia en la pareja

Cuando es sólo una la persona dependiente, la relación es igualmente difícil. Si uno de los miembros de la pareja es más independiente deberá cuidar continuamente de no dañar al otro. Con el correr del tiempo, esta situación llevará a la frustración y la rabia. Lo más probable es que la relación sucumba a tanta presión.
EL ERROR DE ABSORBER AL OTRO
Si lo que una persona busca a la hora de formar una pareja es reemplazar a su madre, el sentimiento que prevalece no es el amor, sino la inseguridad. Es el miedo a no poder sobrevivir por su cuenta lo que lleva a un hombre o una mujer a la necesidad constante de reafirmar la unión que existe con su pareja. Existen varios equívocos acerca de lo que debe ser una relación amorosa:
1. La creencia de que la vida en pareja significa hacer todo juntos.
2. La idea de que las amistades, los gustos y los intereses deben ser comunes.
Esto lleva a que cada miembro de la pareja, o uno de ellos, insista en estar presente en cada uno de los momentos del otro. No existe la posibilidad de que cada uno desarrolle una vida por su cuenta: lo que antes era dos personas, pasa a ser un solo ser de dos cabezas.
Una persona dependiente siempre dudará de los sentimientos del otro. De manera que buscará su presencia permanente para estar seguro de que no piensa abandonarlo. Si la otra persona es igualmente dependiente, no existirán mayores problemas. Pero probablemente alguno sea menos dependiente que el otro. Esta pequeña diferencia será suficiente para desencadenar no menos de varios conflictos.
LAS CLAVES PARA NO DEPENDER
Depender del otro nunca lleva a una relación sana. Aunque los dos sean dependientes en un mismo grado, a la larga esta simbiosis exagerada atentará contra el desarrollo personal. Una traición en el futuro puede dejar a uno de los dos en un estado de absoluta soledad, una situación difícil de remontar tras años de mantener una relación simbiótica hasta el hartazgo.

Una pareja sana no debe ser dependiente, sino complementaria. No se trata de imitar, unir y compartir, sino de acompañar. La pareja no debe forjarse sobre la base de los mismos gustos e intereses, sino con espacios personales que aporten elementos propios a la relación. La clave está en dejar de lado la necesidad de estar para no quedar solo y, en cambio, elegir estar con la otra persona mantenienoc el espacio de intimidad e individualidad.
Se trata de aprender a camina-solos por la vida, a pesar del temo-que eso pueda significar. Tiene que ver, también, con tener proyectos propios y reconocerse como una persona separada de otra. Al fin y al cabo, es cuestión de dejar al niño de lado y dtsHrar con la libertad de nuestra vida atíurst Descubrir que podemos vivir sin el otro no quiere decir que lo amemos menos, sino que lo amamos bien.

Que es la dependencia afectiva

Cuando el amor nos ahoga:
El problema de la dependencia afectiva.
Por María de los Santos Vescio.
La psicología sostiene que el enamoramiento es, de algún modo, una repetición del vínculo ideal con nuestra madre. El problema es que las relaciones afectivas no poseen los mismos principios. Y allí comienzan los conflictos.

La mayoría de los animales comparten con el ser humano un estrecho vínculo con su madre. De hecho, de la hembra que da a luz depende la supervivencia de cachorros, pichones y bebés. Sin embargo, en el reino animal =s:e vínculo se rompe tan pronto como e esemplar es capaz de desarrollarse por no depende de la hembra que lo alumbró para vivir su vida adulta. Más bien, no la vuelve a encontrar una vez que abandona el nido.

Muchas veces no logra cortar la dependencia materna. Esta situación, en parte biológica y en parte cultural, genera la tendencia humana a desarrollar entre madre e hijo una trama difícil de romper. Es probable que la causa de este fenómeno sea que, en nuestro caso, el pasaje de la infancia a la adultez es especialmente largo y difícil.
Somos incapaces de sobrevivir sin ayuda externa. Un bebé, por sus propios medios, es incapaz de sobrevivir durante demasiado tiempo. Cuando finalmente pueda hacerlo, ya no será bebé, ni siquiera un pequeño niño. Se habrán creado puentes entre madre (o su figura sustituía) e hijo que son difíciles de derribar. La psicología sostiene que el padre (o quien cumpla esa función en cada uno de nosotros debe ayudar a romper ese vínculo. Sin embargo, eso no siempre ocurre manteniéndose el vínculo simbiótico con la madre.

Al inicio de una nueva pareja y n pleno nacimiento del amor, la sensación de la necesidad del otro se repite. Esa simbiosis que existía entre madre e hijo se reproduce en la idealización que se tiene por el com-pañero. Durante el enamoramiento, la persona cree haber hallado su mitad perfecta, como si dos se convirtieran en uno completo.

Es una etapa en la cual el otro nos completa y no parecen existir diferencias. Como una madre, el otro parece llegar a nuestra vida para curar todas las heridas y satisfacer todas nuestras necesidades.
ROMPER EL HECHIZO
Pocas veces el enamoramiento atraviesa los años. El hechizo suele romperse cuando descubrimos que ese otro tiene vida propia, ideas o gustos que no conocíamos en él, momentos de tristeza, enojo o aislamiento que no corresponden a esa imagen ideal que nos habíamos forjado de él. Despertamos de un sueño a fuerza de descubrir los espacios de una realidad que, hasta entonces, no habíamos notado.

LA RELACIÓN DEPENDIENTE
Las parejas dependientes son muy frecuentes, precisamente porque la situación que les da origen suele repetirse con asiduidad. Son muchas las características que las definen:
• Cada miembro de la pareja cree que no existe sin el otro.
• No poseen una vida íntima e individual, todo lo proyectan o lo disfrutan si están en compañía.
• Presentan sentimientos posesivos y deseos de exclusividad.
• La pareja tiende a aislarse de los demás y encerrarse en sí misma.
• Los dos sienten terror de ser abandonados y pueden controlar la vida del otro.
• Son capaces de dejar todo por permanecer en la pareja.
Son muchos los problemas que acarrea este tipo de parejas. Es procable que durante un tiempo las cosas funcionen a la perfección. Sin embargo, pasado el periodo de enamoramiento, es común que uno de los miembros de la pareja exija un poco de aire. El otro se sentirá traicionado y comenzará el sufrimiento.

El poder de la mente subconsciente

TODO ESTÁ EN LA MENTE:
Siempre que existen síntomas de somatización hay un trastorno psíquico. El problema es que pocas veces el paciente se da cuenta de esa relación. De hecho, en ocasiones ni siquiera hay una verdadera noción del problema psíquico, de manera que resulta muy difícil prevenir la aparición de los trastornos físicos. Esto suele ocurrir, por ejemplo, con las personas que se embarcan en una vida agitada por los negocios y que sólo cuando sufren un infarto descubren que vivían en el caos. El origen psicológico de una enfermedad no resta importancia al problema. De hecho, una enfermedad psicosomática puede ser tan perjudicial para la salud como los trastornos por microorganismos, nutrición o desequilibrios metabólicos.
La medicina occidental tiende a resolver los síntomas sin atender a la causa. Por esa razón, en la mayoría de los casos, las enfermedades psicosomáticas se repiten a lo largo del tiempo: si no se resuelve la causa, la respuesta física reaparece.