El ming tang

Ming Tang.
El Ming Tang es una imagen del universo. Todo está convenido en este arquetipo del centro. El Ming Tang era también la residencia del emperador chino. El emperador, como representante del ser humano verdadero, debía ser capaz de realizar una mediación eficiente entre el cielo y la tierra. Con respecto a la función mediadora del ser humano entre el cielo y la tierra declara el lama tibetano Chógyam Trungpa lo siguiente: “Es posible considerar literalmente la idea del cielo, la tierra y el hombre como el cielo arriba, la tierra abajo y los hombres entre ambos, de pie o sentados. Desdichadamente, el hecho de que aquí hablemos de ‘hombre’ y no de ‘ser humano’ puede tener, para algunos lectores, una connotación limitativa. Sin embargo, al decir ‘hombre’ nos referimos en este caso simplemente a la existencia antropomórfica —a la existencia humana— y no al varón a exclusión de la mujer. Tradicionalmente, el cielo es el reino de los dioses, el espacio sagrado, de manera que, simbólicamente, el principio el cielo representa cualquier ideal elevado o experiencia de algo vasto y sagrado. La magnificencia de la visión del cielo es lo que inspira la grandeza y la creatividad humanas. La tierra, por otra parte, simboliza el espíritu práctico y la receptividad. Es el suelo que sostiene y promueve la vida. Quizá la tierra parezca sólida y obstinada, pero se deja penetrar y labrar. La tierra puede ser cultivada. La relación adecuada entre el cielo y la tierra es lo que hace que el principio de la tierra sea maleable. Tal vez alguien piense que el espacio del cielo es muy seco, muy conceptual, pero del cielo provienen también el amor y la ternura. El cielo es la fuente de la lluvia que desciende sobre la tierra, de manera que entre cielo y tierra hay una relación de simpatía. Cuando se establece dicha conexión, la tierra comienza a ablandarse, se vuelve suave, dócil y laborable; y sobre ella puede crecer el verdor y el hombre puede cultivarla.

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