El kung fu y sus maestros

 

El 21 de febrero, bajo autorización estricta de mi Sifu, fundamos con Horacio la Asociación Chin Wuan Kung Fu Argentina, la cual, luego de la visita del Sifu Jerry Lee a Buenos Aires en 1985, se torna Sudamericana. ¿Cómo fue su camino posterior de aprendizaje?
En el año 1981, tengo la suerte de convertirme en el primer discípulo formal del maestro Wuang Tsing, con quien aprendo el tai chi chuan estilo Yang, de la rama de Cheng Man Ching. Por muchos años, mantuve una relación muy cari ñosa con este gran maestro. Creo haber sido el único a quien le enseñó las aplicaciones y análisis de lucha del tai chi. Uno de mis compañeros de práctica en ese momento fue el luego famoso maestro Tung Kuo Tsao, cuyo primer alumno, aquí, fue mi hermano Horacio en Hsing Yi, único estilo que Tung decía conocer por ese entonces, ya que aprendía el tai chi con Wang. Con Wang estuve 7 años practicando, durante los cuales también practiqué el shao nien shi pa chiao con el maestro Wu Chi San, en Montevideo, Uruguay, y el yung tsun con el maestro Wu Kuo Lian. Tuve contacto con otros instructores, como Yuet Kan Chow, con quien aprendí palo de grulla Shaolín y pa chi chuen, e instructores de chang chuen, pero fueron esporádicos. En 1985, el Sifu Jerry Lee me inicia en el ving tsun y armas como el kwan do, el chien y formas de mantis wah lum. Con Horacio, compartimos casi todo lo aprendido. El había transitado por el hsing yi con Yu Chi Chan y Tung Kuo Tsao, el kung fu vietnamita con Kao Van Tha, el pai ho con Wang Min Ying.
Ahora se dedica al ving tsun…¿cómo es eso?
Tuve muchísima suerte, cosa que fue una constante en mi persistente búsqueda de maestros. En 1989, llega a mis manos un artículo de la revista InsideKungfu, en la cual el maestro Moy Yat comenta sobre los métodos de enseñanza de su sifu Yip Man. Yo era un enemigo total del ving tsun (se ríe), pero las palabras de Moy Yat, por primera vez, me llaman la atención sobre un tipo de kung fu diferente. Un alumno mío de Shaolín llamado Leandro Crivellari, me presentó esa revista y al comentarle sobre mi buena impresión acerca de esa nota, me manifestó que no le había gustado. Ahora, acaba de volver de entrenar de Nueva York, de entrenar con Moy Yat.
Dos meses después de leer la nota, aparece, en el gimnasio donde yo daba clases, el maestro Leo Imamura de visita, circunstancialmente. Me informa que es discípulo directo del maestro Moy Yat. ¡No lo podía creer! Al día siguiente, le ofrecimos con mis alumnos, una pequeña exhibición. Sifu Imamura quedó sorprendido por el nivel de la escuela. Me invitó a participar de una práctica informal con él, la cual fue al otro día en el Torre Hotel. Quedé tan pasmado al intercambiar manos con el maestro, que le rogué que me aceptase como discípulo, a lo cual accedió, afirmando que se sentía honrado de que una persona tan conocida en el medio marcial sudamericano, se hiciera su alumno. Todo lo que sé actualmente se lo debo a estos maestros. Sifu Imamura me brindó una ayuda inestimable y tengo el honor y la suerte de poder aprender con él.

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