Doctrina del budismo

El budismo no busca explicaciones sobre el origen del universo, ni especula acerca de la vida después de la muerte. No hay en esta doctrina ni principio ni fin. Buda dijo que la condición humana es como la c alguien a quien le han disparado una flecha: dolorosa y urgente. El problema es que, en lugar de buscar u remedio inmediato para nuestra desgracia, pedimos saber cómo es la flecha, qué piensa la persona que la ha disparado. Abordar un problema implica cuestionar cosas a menudo intrascendentes: nos cuestiona mos los orígenes y los finales, pero nos olvidamos del momento preciso, del “ahora”.
Muchos de nosotros sentimos que algo falla en nuestras vidas, sin embargo, no somos capaces de discernir cuál es el problema, o qué deberíamos hacer para solucionarlo. Anhelamos algo, sentimos dolor y pérdida, sufrimos… sin reparar en que todo lo que necesitamos para aliviar esa insatisfacción está ante no sotros. Según el budismo, ese estado de tristeza, esa insatisfacción profunda y permanente, es la primera verdad de la existencia. Todo el dolor que nos causamos y que causamos a los demás proviene de núes tros propios actos, y nace de nuestra confusión. Si hoy no acertamos a ver dónde está el auténtico proble ma, lo único que logramos es perpetuarlo, transmitiendo esta confusión de generación en generación
El hombre siempre ha querido modificar la realidad, intentando abordar los problemas para eliminarlos o negar su existencia, pero la realidad no puede ser modificada, la vida tiene un solo sentido. Esto ha traído aparejado una profunda insatisfacción en el ser humano.
La vida, entonces, se convierte en un sufrimiento. La segunda verdad del budismo es que es ta insatisfacción se origina en nuestro propio interior, y es producto de nuestra ignorancia, del deseo de que la realidad sea algo que no es. Aun así, Buda asegura que pódeme* comprender cuál es el origen de nuestra insatisfacción para ponerle fin, incluso en sus formas más profundas y existenciales. Una vez alcanzado este conocimiento, es momento de abordar la cuarta verdad, el medio para experimentar esa comprensión cabal de la vida. Alcanzar ese nivel de entendimiento se traduce en llegar a la iluminación, al nirvana o, en palabras más exactas, a la libertad de la mente.

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