Camino a la iluminacion

EL CAMINO DE LA ILUMINACIÓN.
Buda, “el que está despierto”, dedicó cuarenta y cinco
años de su vida a enseñar el camino de la iluminación a hombres y mujeres, nobles y plebeyos, cultos y analfabetos. Sus doctrinas sobre cómo evitar el sufrimiento y la desesperación humanas son universales, y han llegado revitalizadas hasta nuestros días.

Norte de la India, siglo VI de nuestra era. Cuenta la leyenda que en la noche de la concepción de su hijo, la madre del príncipe Gautama soñó con la aparición de un elefante blanco de seis colmillos. Los adivinos de la corte interpretaron que su hijo tendría dos caminos para elegir: reinaría sobre el mundo, o enseñaría a los hombres cómo liberarse de la vida y la muerte. Acostumbrado al poder, el rey prefirió que su hijo se convirtiera en un gran monarca. De manera que lo recluyó en un palacio donde nada del mundo exterior pudiera afectarle. Allí dentro recibió todo aquello que puede causar placer en una vida sensible. Durante veintinueve años Gautama conoció los manjares más exquisitos, poseyó a las mujeres más hermosas y satisfizo todos sus deseos. Un día, el príncipe salió en su carruaje a dar un paseo por los alrededores del castillo. En su recorrido se topó de frente y por primera vez con un anciano. No se había repuesto del asombro cuando encontró a un enfermo. Finalmente, confundido y acongojado, vio pasar el ataúd que trasladaba a un muerto. La revelación de que la vejez, la enfermedad y la muerte son parte de la vida del hombre derrumbó su mundo de placeres. Gautama escapó de la corte hacia un largo peregrinaje en busca de la verdad. Seis años después, bajo la sombra de un árbol junto al río, alcanzó la iluminación. A partir de ese momento, se convirtió en Buda y desde entonces sus verdades esenciales han trascendido a lo largo del tiempo. El budismo es una religión atípica. No tiene dioses, no se basa en la fe, no se basa en aceptar dogmas, ni en creer determinadas doctrinas o principios. Su basamento está en examinar el mundo con detalle y a conciencia. Su punto de vista es el conocimiento y no la creencia, la esperanza o el deseo, y dentro de este conocimiento el análisis juega un rol preponderante. Todo debe ser analizado, incluso los asuntos personales. Encontrar la Verdad implica deshacerse de los prejuicios y creencias, logrando ver las cosas como son y no como se espera o desea que sean o como creemos que deben ser. El auténtico budismo empieza en el hecho y nace de la percepción, de la experiencia directa. De manera que las palabras del Buda sólo muestran el camino. El no es un dios, sino un hombre que, como muchos otros, alcanzó la iluminación. Recorrer el camino que muestra debe ser una búsqueda de cada uno.

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