Leer para crecer

Un proverbio árabe dice que un libro es un jardín que se lleva en el bolsillo. Es que el lector es un explorador que entra a su voluntad en el universo del autor. Decide cuándo empieza la historia, si avanza lenta o rápidamente, qué rostros tendrán los personajes y cuándo termina la escena.
Frente al cine o al teatro, el libro es un objeto interactivo en que el autor se limita a sugerir una realidad: es el lector quien debe completarla. Una librería es como una mansión con miles de puertas. Cada una es un acceso a un mundo distinto. Al caminar entre las hileras de los libros, se abre ante nosotros un sinfín de posibilidades. Si no se busca nada concreto, puede ser emocionante adquirir una obra totalmente desconocida para nosotros. Dejarse llevar por la intuición y elegir una determinada novela porque su título o la cubierta resultan sugestivos es una buena forma de entrar en un mundo misterioso y gratificante. Eso sí: es importante iniciar el libro en el lugar y el momento adecuados. Lo ideal es sentirse fresco y excitado, dispuesto a participar del juego que propone el autor. Las páginas de un buen libro son el mejor antídoto contra el estrés y el mal humor.

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