El envejecimiento

Envejecer es un error.
Aunque todo el mundo es presa del proceso de envejecimiento, nadie ha probado nunca que sea necesario envejecer.
La vida está compuesta por partículas y fuerzas asombrosamente durables. Nuestro ADN pennanece más o menos igual hace por lo menos seiscientos millones de años. Un cangrejo que se arrastra por el lodo no tiene semejanza visible con un dinosaurio ni con un gorila, pero desde el punto de vista del ADN, éstas son ínfimas variaciones del mismo tema.
Las fuerzas que conspiran contra la supervivencia del ADN son inmensas: el desgaste físico, las mutaciones destructivas del azar, la invasión de microbios competitivos y, sobre todo, la entropía, la tendencia del universo físico a perder impulso como un reloj descuidado. El ADN las ha sobrevivido a todas. En el curso de su vida hay cordilleras que han sido erosionadas hasta quedar convertidas en colinas; sin embargo, el ADN nunca se ha desgastado una milésima de milímetro. Si la inteligencia interior del ADN es ran poderosa, capaz de desafiar al tiempo y los elementos por milenios, parecería que el envejecimiento no es natural en absoluto. Sobre este supuesto trabaja el Ayurveda Maharishi.
Dejando a un lado el hecho de que todo el mundo envejece, vamos a la pregunta que realmente importa: “¿Es obligatorio envejecer?”. Los antiguos sabios, renombrados por su inmensa longevidad, achacaban el envejecimiento a un error del intelecto”. Este error consiste en que nos identificamos solamente con el cuerpo físico. La prolongación de la vida requiere corregir el error del intelecto, e identificarse en cambio con el cuerpo mecánico cuántico. Si llevamos la mente a un plano de funcionamiento que está más allá de la edad, nuestro cuerpo empezará a ser tocado con la misma cualidad. Envejecerá con mayor lentitud, porque así se lo ordena la mente, en el plano más profundo. Al vernos libres del envejecimiento, en realidad lo seremos. Este principio, asombrosamente simple, aún no ha sido reconocido por la corriente principal de la medicina occidental.

Envejecer versus curar
Considerar que el envejecimiento es complejo puede ser una equivocación. La marea, pese a las mil olas que la ■ traen, es un solo fenómeno impulsado ‘ por una sola fuerza. Quizá pueda opi-• narse lo mismo del envejecimiento hu-¡ mano, aunque lo veamos como cientos : de olas: dolores inconexos, nuevas arrugas, líneas profundas en la comisura de los labios, una elevación de la presión > arterial, una menor agudeza de la vista y ; el oído, y otra serie de innumerables inconvenientes menores. El Ayurveda nos dice que no nos deje-! mos engañar por este espectáculo preocupante. Envejecer es una sola cosa: la pérdida de la inteligencia. Y la curación r es la capacidad de la inteligencia de repararse a sí misma. Envejecer es lo opuesto: olvidar gradualmente cómo recomponer lo que ha salido mal. Las células de un recién nacido están frescas, llenas de vigor, sin las marcas del tiempo. El tejido viejo es feo, sus células parecen maltrechas y agotadas. Este drástico cambio parece ser el resultado del desgaste, pero el ADN, que controla todas las funciones de las células, es prácticamente invulnerable al uso, tal como hemos observado.
La ciencia nunca ha probado que el ADN tenga limitaciones en su capacidad de mantener una célula en perfectas condiciones de funcionamiento.

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