Filosofía zen

Un estado de ánimo optimista es el camino en el mundo del Zen; un estado deprimido es un camino hacia la prisión. Si tu mente es débil y tus pensamientos quedan atados a las apariencias, las complejidades tendrán poder sobre ti con una fuerza cada vez mayor, invadiendo tu naturaleza, confundiendo tu mente y haciéndote perder el control. También hay estados depresivos que son producidos por diversas circunstancias: negligencia, desinterés, deseo de fama y fortuna, lujuria, duda, falta de confianza, timidez, ambición desmedida, celos, envidia, ingratitud y descuido de la vida. Recuérdalo…
En la vida, los pasos no deben darse ni demasiado de prisa ni despacio. Deben darse de una manera ecuánime y tranquila. Cuando vas demasiado deprisa, significa que estás aterrorizado y confuso; cuando vas muy despacio, quiere decir que eres tímido y tienes miedo. El estado deseado es aquel en el que no estás en absoluto preocupado.
El Zen afirma que el éxito es el comienzo del fracaso, porque ambos son las dos caras de la misma moneda, como dos partes de una rueda. Siempre que el éxito alcanza su climax, el fracaso ya ha comenzado, la rueda empieza a girar hacia abajo. Ten presente que la vida se mueve en círculos. Piensa en tu pasado: cuando alguna vez tuviste la sensación de que habías triunfado, inmediatamente las cosas cambiaron y empezaste a decaer. Si tienes éxito es porque puedes fallar: si no pudieses fracasar no habría posibilidad de triunfar. Acepta estos vaivenes irremediables y no habrá motivos para estar deprimido.
¿Sufres por lo que no tienes o no salió de acuerdo a tus deseos? Recuerda que lo cercano, aburre; lo distante es lo que siempre proporciona sueños, esperanzas, posibilidad de placer. Por eso la mente desea lo distante. Siempre es la mujer de otro la más hermosa; la casa de alguien la que nos obsesiona; el automóvil ajeno el que nos fascina. Lo más distante es lo opuesto y lo magnético y, a menos que a través de la comprensión lo trasciendas, la mente se irá moviendo de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, y así sucesivamente. Si la mente te fuerza a ir hacia el opuesto, intenta detenerte en el medio. Observa minuciosamente tu depresión, no la niegues, e identifica el mecanismo de tus pensamientos.
Cuando no comparas, ¿cómo puedes sentirte inferior? Imagina si fueras el único ser sobre la Tierra y no existiera nadie más, ¿serías inferior? ¿Con quién te compararías? ¿En relación a qué? Si estás solo, ¿qué serás, inferior o superior? No eres ninguna de las dos cosas. No puedes ser inferior porque no tienes a nadie por encima; tampoco puedes declararte superior porque no hay nadie por debajo tuyo. No seas ni superior ni inferior, esa es la superioridad del Zen. Nunca compares, y simplemente serás el Único. Buda decía: “No seáis ambicioso, porque permanecerás inferior siempre”. Alcanza tu intrínseca superioridad, la que no tiene que ser probada. Una vez que lo sepas, ya no existirán problemas que te depriman.
Si te condenas a ti mismo, condenarás a todo el mundo. Una persona que se condena a sí misma no puede amar. Sólo cuando no juzgas a los demás estás desbordante de energía, sin nadie dirigiéndote ni controlándote. La vida se convierte en un “dejarse llevar”.

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