El Yoga

Quien efectuó hasta aquí el viaje, en el sentido en el que los Sutras esperan que lo haga, llega a un punto en el que la naturaleza existencial del mundo objetivo se le revela ante los ojos. Es un mundo gobernado por el tiempo y la causalidad, cuyas operaciones sutiles no tienen ahora misterio para el ojo yóguico. Tan pronto como ocurre esto, las energías cósmicas que mantienen al mundo no empiezan a ofrecer nada nuevo o significativo cuando su razón de ser concluyó en lo que al Yogi concierne. Por tanto, empiezan a correr contra su temporalidad unidimensional y a través del Yogi se vuelven creativas. Esto se llama pratiprasava en el Sutra 34. Aquel cuya presencia misma convierte las energías cósmicas temporales en una creatividad siempre fresca en libertad total se dice que se establece en su identidad existencia]. Esta identidad se conoce también como citi-sakti o la Energía Que Ve.
Mientras lo “visto” domina la visión del hombre, la Energía Que Ve permanece dormida e inactiva. Pero en el momento en que el hombre comprende que él es “quien ve” y mira lo “visto”, esto último se convierte en un instrumento de su creatividad siempre renovada.
Es aquí donde termina el Yoga, en la creación de una mente nueva, un hombre nuevo y un mundo nuevo. De esta manera, el Yoga abre infinitas posibilidades de felicidad y beatitud para la humanidad a través del despertar de la Energía Que Ve, que es eternamente libre e infinitivamente creativa de lo que está preñado de Verdad, Bondad y Belleza.

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