Yoga relajacion

Cuando ocurre esto, vemos que la mente (citta) no es autoluminosa porque ahora se convirtió en lo “visto”, reflejando el mundo objetivo en su pureza (Sutra 19). Vemos también que la mente puede reflejar a “quien ve” o a lo “visto”, pero no puede averiguar o determinar (avadharana) a ambos a un mismo tiempo (Sutra 20). No es la mente que “ve” sino “quien ve” el que ve a la mente, y, a través de ello, el mundo objetivo. Ve lo absurdo de suponer que una mente se convierte en un observador del contenido de otra mente, y esta otra de otra mente todavía, ad infinitum. Por ejemplo, experimentamos dolor o aflicción. ¿Quién ve este dolor o aflicción? ¿La mente? Si es así, ¿quién quiere librarse de este dolor? ¿Otra mente? Si es así, ¿quién procura hallar una salida? ¿Otra mente, pues? Y sin embargo, ¿otra, y otra más, y así sucesivamente? Ver lo absurdo de esto es ver la naturaleza existencial de la mente como un vínculo neutral entre “quien ve” y lo “visto”. La mente cesa de ser el género correcto de vínculo cuando el hombre, permaneciendo inconsciente de su virilidad existencial, se identifica con los movimientos ideacionales de su mente que son invariablemente impulsados por las impresiones pasadas. Mientras persista esta situación, el hombre permanece ignorante, como un tronco de madera muerta en un rabioso torrente. Pero cuando esta situación llega a su fin, el hombre ve todos los movimientos de su mente como ve los árboles, o los pájaros, o las nubes. Las experiencias de estos objetos vienen y se van como lo hacen las nubes, dejando al cielo despejado e inafectado. La virilidad del hombre se parece a este cielo, dentro de cuya extensión ilimitada, permanece totalmente inafectado por aquéllas, aunque cada una dé una emoción del júbilo de la vida y luego desaparezca sin dejar señal alguna de gustos o disgustos en la sustancia mental. Esto es así porque purusa es existencialmente incambiable (a-parinami, Sutra 18).

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