El hombre y el yoga

El Sutra 17 dice que el mundo objetivo o vastu se vuelve conocido o permanece desconocido, dependiendo de la pasión de la mente por él. Si no hubiera una pasión que impulsara al hombre hacia el mundo objetivo, en ningún tiempo habría conocimiento de nada. El verdadero conocimiento no es ideación sino un sentimiento apasionado por el significado de la vida que vibra dentro de uno para satisfacer el hambre, la sed o el sexo, que un objeto apropiado de vastu ofrece al hombre. Hay una emoción existencial de júbilo de la vida en esta satisfacción. El significado existencial de conjuntividad, de unicidad y de alteridad es iluminado por esta pasión y su natural satisfacción. En ausencia de esto, la vida permanecería estéril y cabalmente carente de significado.
Pero, lamentablemente, el hombre ignora esta pasión existencial y su satisfacción. No se detiene a reflexionar sobre el significado existencial de semejantes acontecimientos simples, inocentes y naturales. Su mente egocéntrica trata sin miramiento tales acontecimientos y desea más, más y más todavía. Se vuelve codiciosa, agresiva, voluptuosa y vulgar. Ignora el hecho de que la sobrevivencia que necesita experiencia y goce del mundo objetivo significa e implica sobrevivencia de todos los seres y no “mi sobrevivencia” a costa de todo lo demás. Y cuando “mi sobrevivencia”, “tu sobrevivencia” y la “sobrevivencia de todos los seres y toda la vida en su totalidad” empiezan a chocar una contra otra, el hombre no enfrenta sino dolor, aflicción y una amenaza siempre creciente para la sobrevivencia de la vida en esta tierra. Por tanto, cuando el límite existencial y bien definido del individuo necesita cruzarse, este cruce convierte la necesidad en codicia, y el hombre es un monstruo.

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