Samadhi

Segundo, todos estos siddhis nacen cuando Sanyama se dirige hacia ciertas cosas. Esta dirección tiene lugar espontáneamente y no a través de esfuerzo egocéntrico alguno. Esto resulta claro por el Sutra 6 de la Parte III. El Yogi no hace esto; ocurre. Por tanto, todos estos siddhis son ocurrencias, y no creaciones del esfuerzo.
Tercero, Sanyama es una trinidad, o sea, tres cosas que operan juntas. Estas tres son: dharana, dhyana y samadhi (III-l a 3). Por tanto, un Yogi, que tiene que vivir en este mundo, deberá necesariamente ver, oír y sentir cosas que ocurren todas alrededor de él. Pero las puede atender o no. Si no las atiende, esto da naturalmente por resultado que la energía de su atención se dirija hacia ciertas cosas. Pero antes de que ocurra esto, la mente del Yogi deberá haber experimentado ya tres transformaciones, acompañadas por las correspondientes tres transformaciones del cuerpo y los sentidos (Sutras 9 a 13). Por tanto, cuando su atención es atraída por algo que está alrededor de él es una atención cargada con la energía de este complejo de cuerpo y mente combinado con la transformación triple. Mira las cosas que atraen su atención hacia ellas. Primero, mira con los ojos del dharana o el vacío total de la mente ligada por un espacio de apariencia vacía; segundo, mira con los ojos de una sola experiencia de vacío con la que está totalmente en armonía (dhyana); y tercero, mira con los ojos del Samadhi que emerge de repente, en el que su identidad está despojada de todos los atributos (svarupa-sunyata), y la radiante realidad objetiva se desarrolla y ocupa todo el campo.

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