El yoga

El Yoga descarta todos esos enfoques fragmentarios de la situación existencial. Todos pertenecen al dominio de la visión del mundo nacida de avidya-khyati. Por tanto, el Yoga, primordialmente, ataca a avidya-khyati y lo niega mediante viveka-khyati. Este enfoque básico e integral es el que conduce al emerger del óctuple camino yóguico de vivir. Es con los ojos de este enfoque integral que miramos nuestro cuerpo y descubrimos que, cuando el cuerpo está en la postura correcta, esto ocasiona una relación existencial con el mundo en el que hallamos nuestro ser. Es ahora, con la clara comprensión de yama y niyama que miramos nuestro cuerpo y sus movimientos, burdos y sutiles. Esta mirada misma nos permite descubrir, después de alguna prueba y error, una postura que tiene significado inmenso. Vemos la necesidad de relajación total de todo esfuerzo (Sutra 47), y de dejar que el cuerpo halle su ángulo natural de reposo.  Vemos que todo esfuerzo es egocéntrico y, por tanto, capaz de daño infinito. Cuando descartamos el esfuerzo y nos relajamos, descubrimos una postura en la que podemos estar con firme comodidad sin que nos moleste el tiempo ni la impaciencia.  En esta postura yóguica (asana) nos hallamos en un estado de la mente en armonía con el estado de reposo que es interminable (Sutra 47). Es como si fuera un “ángulo de reposo” cósmico en el que la inercia (sthiti) y el componente integral de las tres energías de la naturaleza, se tornaran conscientes de sí. La inercia, por decirlo así, es iluminada por la “visión pura”. La inercia cósmica y nuestra inercia corporal coexisten en el mismo largo de onda. El cuerpo está en armonía con el mundo que le rodea en el nivel de la inercia, una armonía que está cargada con la energía de la “visión pura”.

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