Yoga pilates

Tal búsqueda se convierte en una cuestión de total divergencia respecto del pasado. Ahora, el hombre enfrenta al dolor (dukka) como la consecuencia inevitable del modo de vivir empujado por el pasado y ciego. Ahora el dolor se convierte en lo “visto” —en el producto final del tiempo y la temporalidad. El dolor, como la agonía misma de la existencia, empieza ahora a operar como el único vínculo entre él, como “quien ve”, y  la totalidad de la existencia como lo “visto”. Este vínculo es el cordón umbilical recién descubierto que le une con la Madre Naturaleza. La Naturaleza le sostiene, pero no sólo en y a través del dolor. Si este dolor, esta agonía de la existencia, ha de terminar, deberá romperse el cordón umbilical que une al hombre con la naturaleza. Es como romper el cordón umbilical que ha de cortarse para librar al niño del cuerpo de la madre. Del mismo modo “quien ve” y lo “visto” deberán separarse en dos fuerzas distintas de la existencia que, de hecho, existen siempre. El contacto (san-yoga) que opera a través de asmita deberá verse como una interacción entre dos energías distintas, “quien ve” y lo “visto”, que nunca podrán ser una misma cosa. Esta percepción conduce a una clara comprensión de que asmita deberá terminar para que exista la percepción pura.

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