Yoga sutra

El Sutra 35 proporciona otro ejemplo igualmente notable de cómo la meditación sobre algo de interés apasionado, que surge de repente en la mente con respecto a un objeto real, conduce a un estado firme de quietud que florece en Samadhi. Por ejemplo, nos enamoramos de una persona del sexo opuesto. El interés apasionado por ese objeto particular —una persona del sexo opuesto— envuelve a la totalidad de la mente, sin dejar cabida para movimiento fragmentario alguno en forma de vrittis. Ocurrirán muchos acontecimientos tormentosos si la persona —el objeto de pasión intensa— no responde del modo esperado. Aún así, la pasión reina suprema sobre la mente íntegra, obligando a la meditación sobre su naturaleza y su significado para nuestra vida. Esta meditación conduce al descubrimiento de la naturaleza real y existencial de la relación entre un ser humano y el otro. La amistosidad, la compasión y el deleite de la relación humana se desenvuelven, pues, ante la vista, quitando todas las capas oscuras del condicionamiento anterior que nublaban nuestra percepción. No es más esa persona particular la que ahora domina la escena, sino el “interés apasionado” que descubre el misterio que yace bajo las relaciones humanas en conjunto; conduce a un importante descubrimiento de que sin amor todo es tierra yerma en la que jamás crecerá una hoja de hierba. Esto es lo que procura la calma en la que todas las tormentas hallan su final reposo.  El “interés apasionado” florece ahora en una claridad y una pureza de visión que nos establece en la disciplina del Yoga.

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