Hacer yoga

El tercer impedimento es sansaya —una duda, una incapacidad temporaria para distinguir entre la inercia nueva y la vieja. Mientras nos hallamos en este estado de duda, o sea, dubitativos, tendemos a sentirnos confundidos, o sea, confundidos acerca de la rectitud del camino del Yoga por el que optamos. Este confundirse (pramada) es el cuarto impedimento. Pero esto no puede durar mucho porque en el momento en que se toma consciencia de la rectitud absoluta de la no-elección, la propensión a confundirse desaparece de la vista. Así, estamos de nuevo en el sendero del Yoga. Pero esta vuelta al sendero del Yoga genera otro impedimento.  Es la sensación de seguridad de que de aquí en adelante no cometeremos más errores. Este sentimiento de seguridad es un vritti que hace que nos desviemos del sendero induciéndonos a que nos volvamos perezosos (alasya). Este es un género de pesadez de la mente y del cuerpo. Esto conduce a otro impedimento, a saber, avirati o codicia por los objetos de los sentidos. Pero viendo el horror de esta codicia, como un retroceso hacia el pasado, se sale de ella sólo para caer en otra trampa. Ahora no son objetos de los sentidos físicos, sino objetos de la percepción extrasensoria. Alasya (pereza) se parece a un sueño psíquico en el que se tiende a soñar. Así se ven visiones de dioses o gurús, o de algo tan extraño que se tiende a atribuir el fenómeno a una “visitación divina”. Por lo general, se da gran importancia a tales visiones extrañas, como si indicasen algún nivel superior del ser o de la experimentación. En realidad, estas visiones (bhran-ti-darsana) pertenecen a la sustancia de la que están hechos los sueños corrientes. Los sueños son de dos géneros: los que son inducidos fisiológicamente y los que son inducidos psicológicamente. En uno u otro caso son una variedad de vritti denominados anteriormente viparyaya (1-6). Por tanto, el Yoga rechaza estas denominadas “visitaciones divinas” como totalmente ilusorias.

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